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THE ADICTS: CORTO, RÁPIDO Y CON FINAL FELIZ

1 abril, 2014 11:37 am Publicado por  2 Comentarios

Sala Sonora, Erandio

Nos inundan los estereotipos, aunque a veces tengan su punto de verdad. El artista atormentado, el político corrupto, la rubia tonta y así podríamos seguir hasta el infinito enumerando percepciones simplistas por parte de la sociedad. En esta categoría entrarían sin duda los clichés que afectan al punk, caso de su excesiva sencillez o esa rabia congénita que muchos imaginan casi echando espumarajos por la boca. ¿Acaso alguien dijo que los punkis tenían que estar todo el día cabreados? ¿O los góticos deberían estar también sumergidos en la más absoluta desesperación cortándose las venas?

Considerando ambas premisas como patrañas sin el más mínimo rigor, hay que ver la luz y admitir que no todo el punk proviene de las ganas de ciscarse en el personal, algunos únicamente se lo quieren pasar bien sin mayores pretensiones. Un ejemplo evidente serían los británicos The Adicts, que bien desde sus inicios buscaron distanciarse de la falta de imaginación de sus coetáneos con una vestimenta inspirada en la peli ‘La Naranja Mecánica’ de Stanley Kubrick, aunque en cuanto a actitud lo mismo seguían el espíritu combativo del 77 que cantaban desaforadamente sobre el amor con un optimismo sin precedentes en el palo.

Una alegría que también provoca cada visita de los de Suffolk por nuestro país, pues cualquiera que los haya visto sabe que sus conciertos son sinónimo de fiestón por todo lo alto. Unas previsiones que se cumplieron al milímetro, pese a que el grueso de la concurrencia optara por esperar hasta el último momento para abarrotar la sala y así obviar un interesante cartel formado por bandas punkis locales que mereció bastante la pena en líneas generales.

Lástima que a los pobres The Guilty Brigade les vieran cuatro gatos y que encima nadie se atreviera a acercarse un poco más para motivar a los chicos. Parecía como si hubiera una valla imaginaria ante el escenario que amenazara con desintegrar a cualquiera que cometiera la osadía de traspasarla. Su punk trallero bordeando el hardcore a lo GBH resultó entretenido en una primera impresión y fue mejorando progresivamente incorporando elementos más rockeros, asemejándolos a R.I.P. o a Piperrak, caso de “Sin Miedo en Tu Infierno”. Prometedores.

Que B.C. Bombs lleven los últimos meses pateándose la geografía vasca tiene que tener consecuencias a varios niveles, la principal se nota en la solidez que van adquiriendo a las tablas y que hace que sus bolos se pasen en un suspiro. Enlazando cortes según la tradición ramoniana, expulsaron punteos directos al tuétano a lo Backyard Babies en “Ciudad de Dios” y desprendieron ese inefable rollo macarra heredero de MCD o Parabellum en “Let’s Go Bombs”. Consiguieron además lo imposible: que la gente se acercara, un poco más, por lo menos. Y ello unido al incesante goteo de los que iban apuntándose al evento fraguó un recital trepidante finiquitado con esa adaptación del tema homónimo de Ramones que llaman precisamente “B.C. Bombs”. Caminan en la senda correcta.

Un tanto fríos nos dejaron los navarros Stupenda Jones, con su punk garajero en euskera y castellano, aunque tampoco ayudó el hecho de que el sonido excesivamente alto no fuera lo nítido que cabría esperar. Tuvimos no obstante la suerte de contemplar una de esas escenas con punkis bailando que te hacen plantearte acudir a los bolos de etiqueta y con sombrero de copa. Ella: se levanta la falda sin el más mínimo sentido del pudor. Él: acepta el envite y responde tocándose los huevos. Pura elegancia.

Como si fueran una de esas cajas sorpresa de las que salta una cara de payaso, así irrumpieron en escena The Adicts y los pogos descontrolados que no respetaban ni a fotógrafos brotaron tan repentinamente como las serpentinas caían del techo. “Joker In The Pack” fue el primer numerito de un circo cuya máxima atracción estaba en el carismático vocalista Monkey, todo un talento para la interpretación, expresivo hasta al extremo cual mimo callejero y con un repertorio de caras y gestos casi para cada situación.

La palpable prueba de ello apareció cuando un espontáneo se subió al escenario con la aparente intención de cantar con el vocalista, pero ante el estupor generalizado trató de quitarle el sombrero que llevaba e incluso agredirle. Cualquiera en semejante lance habría optado por poner pies en polvorosa y huir de allí todo indignado, pero Monkey puso una graciosa mueca de circunstancias que parecía decir “en fin, este tipo de cosas a veces pasan” y siguió a lo suyo desplegando un paraguas, lanzando cartas al entregado respetable o dejando caer enternecedores peluches por los que se peleaban hasta los aguerridos del pogo.

No miento si afirmo que en pocos conciertos he estado más divertidos que el presente. Disponen de un incesante espectáculo visual que te impide perderte detalle y un repertorio versátil con el que es imposible aburrirse y que abarca el cachondeo de “Tango”, tralla punkarra heredera de The Clash en “Easy Way Out” o la reciente “Give It To Me”, con unos coros chicle en plan brit-pop de los que cuesta despegarse y que en directo provocan por ahí contoneos sugerentes.

Pero uno de sus aspectos más hilarantes y que más choca en un grupo punk son esas canciones para enamorados tipo “I Am Yours”, que Monkey cantaba con cara de felicidad absoluta y extendiendo ambos brazos, casi como si pudiera abrazar a alguna de las guapísimas féminas que iluminaban el recinto. Un chute de optimismo en vena, con unos cuantos cortes así podrías tragarte ‘Titanic’ de principio a fin.

La multitud aulló cual licántropos en el estribillo de “Chinese Takeaway” antes de que el voceras se retirara para cambiarse de vestuario. Pero la espera no se hizo larga porque recurrieron a “Mary Whitehouse”, cantada por el batera y que elevó gargantas hasta la estratosfera. Estaban en racha alegre y con “Angel” a uno no le entraban ganas de bajar del país de las piruletas, para que la estampa fuera perfecta, no dudaron en colgar del micro una pareja de monos acaramelados de peluche. A veces eran tan empalagosos como un dulce de leche.

Para los bises volvieron a lo terrenal con “Who Spilt My Beer?”, donde Monkey nos deleitó con ese espectáculo clásico de borrachos consistente en colocarse un vaso o katxi en la cabeza y que cualquiera con un mínimo de ebriedad siempre quiere intentar. Y el himno “Viva la Revolution” convirtió la sala en un inmenso pogo antes de que terminaran con aires pomposos en “You’ll Never Walk Alone” mientras volaban por ahí balones gigantes de playa y pompitas de jabón. Una manada de pequeños ponys multicolores no habría desentonado en absoluto.

Alucinante ese fabuloso mundo de ensueño al que nos transportaron durante cerca de hora y media. Del mismo modo que uno cuando sale de fiesta no piensa en encontrar el amor de su vida, suponiendo que este exista de veras en algún sitio al margen del cine o la literatura, a veces no se necesita tanto para pasar un buen rato y desconectar de tanta podredumbre de espíritu. No estaría mal que los cuentos de la vida cotidiana fueran como las canciones de The Adicts: cortos, rápidos y con final feliz.

 Texto y foto: Alfredo Villaescusa

Redacción
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Esta entrada fue escrita por Redacción

2 comentarios

  • Juandie dice:

    Gran recital tanto de los ADICTS como de las bandas que los telonearon como gran referencia siempre el punk rock según he podio y a la vez disfrutar leyendo dicha crónica de su actuación vasca.Sinceramente he escuchao a muchas bandas punkys tando de nuestro pais como de fuera y nunca ha estos THE ADICTS aunque me suenan de sobra!!!

  • Juandie dice:

    La foto de MONKEY tiene un parecido a la del PAYASO (jesusa) en su paleta vida cotidiana!!!

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