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SKUNK D.F: LOS QUE ARRIESGAN

19 marzo, 2013 8:13 pm Publicado por  2 Comentarios

Sala Sonora, Erandio

Ya lo decía Loquillo en una de sus canciones: la vida es de los que muerden sin prejuicios la manzana, los que apuestan todo a doble o nada, en definitiva, los que llegado el momento dado son capaces de dar un paso al frente y mantener el rumbo a pesar de las múltiples inclemencias exteriores. Algo que merece el aplauso más absoluto en estos tiempos de incertidumbre donde sigue habiendo héroes, francotiradores que hacen la guerra por su cuenta, sin rendir pleitesía a nadie.

En esta última categoría han entrado sin duda los madrileños Skunk D.F., que en su séptimo álbum de estudio prescinden por primera vez de las discográficas y optan por el método cada vez más empleado de la financiación popular. Una alternativa que les ha salido tan rentable que incluso han podido sufragar de esta manera la grabación de un videoclip.

Otra muestra de valor digna de aquellos que se adentran en la selva sin el machete reglamentario y que no hace sino reafirmar esa confianza en sí mismos que llevan poniendo en práctica desde 1994, allá cuando abrieron brecha junto a bandas como Hamlet al apostar por el entonces innovador nu metal en la estela de Korn o Deftones. Una aportación nunca lo suficientemente valorada y sin la cual probablemente a día de hoy seguiríamos anclados en la noche de los tiempos escuchando viejas glorias de los ochenta.

Por fortuna, en la actualidad todavía se sigue apreciando su propuesta, pues la sala registró una reseñable entrada con abundante proporción de féminas, es lo que tienen los sonidos similares a Sôber. En esos saturados aledaños se movían también Somas Cure, que en un escenario casi en penumbra no lograron distanciarse de las infinitas copias que pululan por ahí del combo de los hermanos Escobedo. Dejaron una tímida impresión con el tema homónimo “Equilibrium”, pero no consiguieron disipar esa sensación de déjà vu.

Al igual que el fenómeno astronómico de Las Perseidas, esa lluvia de meteoritos también conocida como ‘Lágrimas de San Lorenzo’ que suele acontecer durante el mes de agosto, con una fidelidad similar, los madrileños Skunk D.F. volvieron al País Vasco con un nuevo largo al que dieron cancha desde el mismo inicio con “El Final de la Diplomacia”.  El vocalista Germán demostró ser un gran conocedor de la idiosincrasia norteña y no dudó en pedir a la muchedumbre que se acercara antes de repartir ‘muxus’ y abrazos.

No era para menos, pues parecía existir una barrera invisible entre artistas y público. Otros en esa tesitura habrían pasado del asunto y aquí paz y después gloria, pero es en tales trances donde se ven las tablas de unos veteranos que el próximo año cumplirán veinte años en la brecha, ahí es nada.

Continuaron el repaso a la novedad discográfica con “Estrella de la Muerte” y “Dorian”, mientras un ojo en cada lateral del escenario, en alusión a la portada de ‘Perseidas’, escudriñaban a la audiencia., que una vez roto el hielo se entregó entonando las canciones como si les fuera la vida en ello. Ayuda mucho contar con un frontman como Germán, que no duda en tirarse al suelo cual presa de un ataque epiléptico o bromear con el personal cuando la ocasión lo requiere.

El repertorio anduvo muy equilibrado, basculando entre lo más reciente y aquellas piezas clave en su trayectoria, caso de “Musa”, “Memoria fotográfica” o la inevitable “Hímen”. Una velada que se vio asimismo salpicada por guiños a la cultura local, como cuando el voceras dedicó “Mantis” a los amantes de los katxis y el kalimotxo.

Su personal abanico estilístico quedó bien reflejado con el aire industrial de “Supernova”, que podría sonar tranquilamente en una sesión gótica aperturista, o con “Si pudieras verme ahora”, que explora esa vertiente sentimental presente en varios de sus cortes y cuyo colofón moñas se alcanzó en “Belgrado”. Una faceta de la que aseguraron sentirse “muy orgullosos”, así sin complejos.

Echaron la vista atrás hasta los tiempos de su debut con “El Cuarto Oscuro”, otra de las imprescindibles en sus bolos, y Germán no se cortó en darse un garbeo por el público antes de desfallecer en las tablas totalmente extasiado, vaya figura. Está claro que por muchos cambios de formación que hayan padecido, mientras se mantenga ese núcleo duro formado por el cantante y el bajista Pepe Arriols la esencia de lo que en sus inicios fue Skunk D.F. perdurará.

No hay que olvidar tampoco el papel de ‘cantera’ que han desempeñado  a la hora de servir de plataforma hacia grupos con un mayor tirón, caso de Alberto Marín, que abandonó sus filas para unirse a Hamlet. Algo que más que un inconveniente lo han tomado como un motivo de orgullo hasta el punto de asegurar que los mejores guitarristas siempre pasan por Skunk D.F. Toda una fábrica de talento en estado puro.

Volviendo a la descarga en sí tras este pequeño inciso, únicamente faltaban unos bises adecuados para rematar un recital de altura, de gente con el culo pelado en semejantes lides. Aficionados al riesgo, quizás se la jugaron con la sosegada “La Vida es Ahora”, en plan acústica y con los miembros sentados al borde del escenario, pero enseguida enmendaron con “El Crisol” y “Decreto Ley”, dos apuestas arriesgadas aunque para nada fallidas.

Va siendo hora de que se reconozca la aportación a la historia musical de este país de aquella vanguardista escena con Hamlet y Skunk D.F. a la cabeza que se encargaron de la ardua tarea de adoptar a la idiosincrasia peninsular las melodías que pegaban entonces al otro lado del Atlántico. Sin aquellos que arriesgan, el agua continuaría estancada y con evidentes síntomas de podredumbre.

Texto y foto: Alfredo Villaescusa

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