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MAD SIN: UN PUÑADO DE SIN NOMBRES

2 mayo, 2013 7:48 pm Publicado por  2 Comentarios

Sala Sonora, Erandio (Bizkaia)

En el género spaghetti western existe una figura recurrente, ese tipo poco hablador que masca tabaco y no se arruga ante nada. Habitualmente de rasgos mestizos, su pasado es todo un enigma en mayor o menor medida y sus acciones a veces chocan desde el punto de vista moral. Pero hay algo que sobresale por encima de lo demás y eso es su intachable integridad y la fe a sus principios a prueba de bombas. El que se la líe, que se prepare y cambie de planeta.

Al grandullón Koefte Deville lo echaron de la escuela y poco después con unos colegas tan pendencieros como él montó la banda Mad Sin allá por 1987. Para sufragarse los bolos en tugurios malolientes de Berlín, no tuvieron problema alguno en ejercer de músicos callejeros o tocar en centros comerciales para sacar pasta a los guiris. El caso era abrirse camino, daba igual la maleza.

Con semejante voluntad inquebrantable de tirar para adelante, no sorprende que hayan aguantado hasta día de hoy sin haber sucumbido a luchas intestinas entre ellos y hace poco editaran un CD/DVD en directo para conmemorar los 25 años de existencia. No por casualidad tampoco, han tocado junto a figuras del relumbrón de Faith No More o Misfits y han cimentado una fama de directo espectacular apto para amantes de las emociones fuertes.

Quizás por eso un domingo de resaca la sala estaba hasta arriba de tupés, muchas chicas pin ups tatuadas y hasta un niño con chupa de cuero que permaneció con cara atónita buena parte del recital, aunque cuando se desataron los pogos salvajes tuviera que recluirse en una esquina. Toda una sorpresa que el público respaldara un género tan poco conocido por estas latitudes como es el psychobilly y que sin duda no debería dejar indiferente, máxime cuando nos visitan unos de los más grandes del rollo, con permiso de los padres del invento The Meteors.

En una noche tan auténtica no desentonaron los macarras Toni Metralla y los Antibalas, con una chulería congénita similar a la de Loquillo y adaptaciones al castellano del “Rebel Yell” del inmenso Billy Idol o del “I Believe In Miracles” de los siempre añorados Ramones. Tuvieron algún leve percance con el micro, pero suplieron la papeleta con las tremendas ganas que le echaron para despertar a una concurrencia que se iba incrementando por momentos.

A los tipos con principios se les suele distinguir en detalles que escapan a la vulgaridad reinante, por ejemplo, negándose a participar en circos mediáticos y despidiendo si hace falta a los que se venden por unos míseros minutos de gloria. Eso mismo precisamente fue lo que hicieron Mad Sin en aras a preservar su honorabilidad cuando se enteraron de que Matt Voodoo, uno de sus guitarristas, había participado en la versión alemana del programa ‘La Voz’. Así de claro, cesado sin medias tintas.

Viendo cómo se las gastan, era predecible intuir que en los directos se dejarían la piel y un poco más, cosa ya palpable desde el inicio con los trallazos “Point of No Return” y “Out of My Head”, casi atropellándose los unos a los otros en los solos en un desparrame total. Y abajo las tablas, la cosa no era demasiado diferente, pues los pogos descontrolados y hasta peligrosos brotaron por doquier y había que andarse con mil ojos para no llevarse una galleta.

La temperatura se incrementaba por momentos y para cuando se arrancaron con la alucinante “Wreckhouse Stomp” y esos punteos que se te meten hasta el tuétano había en el recinto un fiestón impresionante. Y es que pocos estilos se prestan tanto al desmelene como ese particular psychobilly de los teutones que no renuncia a picoteos en el country, el punk hardcoreta o el metal. ¿Quién dijo resaca?

“Straight To Hell” fue otro disparo certero al cerebro sin tiempo ni para desenfundar. Con un ritmo frenético a tope de revoluciones y el coloso vocalista Koefte dándose garbeos de un lado a otro, aquel que permaneciera impasible o estaba muerto o tenía horchata en las venas, no cabría otra explicación. Y el himno de rebeldía juvenil “Nothing’s Alright” se transformó en una pieza de guateque rockanrolero en el que lo más sensato hubiera sido marcarse unos bailoteos de esos de levantar fémina en volandas, ahí con clase.

Los encontronazos con la policía también tuvieron su peculiar homenaje en “Dead Moon” cuando el cantante sacó una sirena y hasta le pasó el micro en una escena un tanto dantesca. Es de recibo mencionar las espectaculares cualidades de Koefte como frontman, manejando con maestría el tempo en todo momento, ora bajando el tono casi al susurro, ora jadeando cual presa de un repentino clímax. Un veterano capaz de conseguir que la parroquia más reticente coma de su mano.

Nunca han ocultado su admiración por el inefable hombre de negro Johnny Cash y entraron a saco en el rodeo con “Nine Lives”, toda una oda a la supervivencia. Pero dentro de su palo son un grupo de contrastes y no extraña que en breve muten el aire campestre por el sofoco del desierto o por el histrionismo absoluto en “Psychotic Night”, cuyo estribillo podría ser entonado tranquilamente a lomos de un caballo con un poncho a lo Clint Eastwood.

Y si siempre nos han calado los punteos desgarradores del “Brand New Cadillac” de Vince Taylor, la versión de los berlineses para nada desmerece a la mítica de The Clash incluida en el seminal ‘London Calling’, pese a echar de menos ese tono de súplica desesperada que le imprimía Joe Strummer a este clásico de 1958. Y para finiquitar tal momento, el contrabajo no dudó en abrirse camino hasta mitad del respetable y ahí expeler chispas de su instrumento cual toro de fuego en una estampa impagable y que será difícil borrar de la memoria. Brutal.

Y a la vuelta para los bises, el desproporcionado Koefte hizo una especie de señal de la cruz para bendecirnos, quizás por aquello del ambiente dominical, antes de desembocar en un macarra corte de mangas como un señor. Todavía le quedaron ganas de mandar un wall of death de esos que impresionaban por el entusiasmo del personal y arremeter con un “Communication Breakdown”, nada que ver con el de Led Zeppelin, en el que intercalaron el “Whole Lotta Shakin’ Goin’ On” del aporreador de teclas Jerry Lee Lewis. Un inmejorable broche para que enfundaran la pistola este puñado de sin nombres cuya autenticidad da pavor. Hasta el hombre de la armónica estaría orgulloso de ellos.

Texto y foto: Alfredo Villaescusa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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