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Crónicas

Volbeat + Baroness + Danko Jones: Ídolos de hoy, emblemas del mañana

«La banda danesa va camino de ser casi tan emblemática para generaciones jóvenes y futuras como lo son hoy los grandes titanes que curtieron su leyenda a partir de los setenta o los ochenta»

9 octubre 2019

Sala La Riviera, Madrid

Texto: Jason Cenador. Fotos: Jorge Bobadilla

Aunque el estribillo y el título de la canción que abre la nueva joya discográfica en la corona que confecciona la banda danesa para reinar sobre el metal europeo diga lo contrario, son muchos los días que a Volbeat le quedan por vivir bajo el sol de un éxito que cada vez les ilumina con más fuerza. Tanta que, probablemente, esta haya sido la última vez que hayamos podido disfrutar de ellos en una sala madrileña antes de que den el salto definitivo a los pabellones, algo que tal vez podrían haber hecho de cara a un concierto que colgó meses atrás el cartel de no hay billetes.

Volbeat

Danko Jones, en escena durante el concierto de Volbeat. Los medios gráficos no pudieron acceder al recinto durante el show de la banda canadiense. Foto: José Luis Martín

El cartel era de lujo empezando por el entrante, un plato fuerte con sabor a horchata pese a que Danko Jones, por primera vez en muchísimos años, no sacó el vaso de aquella bebida en un concierto en nuestro país. Por mucho que sea la banda de apertura, lo cierto es que al trío canadiense liderado por el carismático vocalista y guitarrista que le confiere su nombre se le queda muy corta media hora de actuación, máxime cuando desde el principio es un torbellino de garra, eficacia y excitación eléctrica.

Desde el arranque con “I Gotta Rock”, aquello fue una fiesta, vivida con la sensación de quien lo está disfrutando a tope en un bar sabiendo que sus puertas están a punto de cerrar. “Fists Up High” precedió a la insustituible “First Date”, todo un misil a la línea de flotación de lo mojigato y políticamente correcto, como tantas otras canciones de este gamberro entrañable cuyo nombre, pronunciado tal y como suena por razones semánticas evidentes, fue coreado hasta la saciedad, sobre todo tras la adrenalínica “Full of Regret”.

“I Had enough” se alzó como el temazo que es, y después de él, Danko nos invitó a gritar el nombre de la principal banda de la noche al tiempo que agradeció la presencia del público para escuchar rock and roll a las seis y media de la tarde, hora a la que, por otra parte, no todo el mundo puede acudir un miércoles. La irresistible “My Little Rock and Roll”, muy cantada a instancias del entregado frontman, dio carpetazo a un concierto que nos dejó con ganas de mucho más.

Baroness

Los siguientes en liza fueron los estadounidenses Baroness, cuyo cóctel de sludge y stoner metal no acabó de ser bien digerido por el grueso de la audiencia. Al igual que sus predecesores, venían con un reciente álbum bajo el brazo, un ‘Gold & Grey’ del que cayeron temas como “Borderlines”, “Tourniquet”, “Front Toward Enemy” o “Throw Me an Anchor”, con un sonido mejorable que lo fue durante buena parte de la velada.  No consiguieron prácticamente en ningún momento anclarnos por completo a su propuesta, tampoco con temas anteriores como la inaugural “Kerosene”, “March to the Sea”, “If I Have to Wake Up” o “Isak”.

No se les puede reprochar falta de dedicación a unos músicos metidos de lleno en su papel y empapados de cada una de las notas que emergían de los altavoces, que sin tiempo para la labia estimularon las cervicales del personal, especialmente de aquellos los que no tienen en la melodía su prioridad en estas tesituras musicales. “Take My Bones Away” fue el pretexto para concluir con fuerza y oficio un concierto correcto y esmerado.

A las nueve de la noche clavadas, ni un minuto más ni un minuto menos, emergieron en escena los daneses Volbeat, con cuyo bajista, Kaspar Boye Larsen departimos antes (entrevista que pronto se podrá leer en nuestros medios) y nos comentó que se habían comido doce horas de autobús desde su anterior parada, en Luxemburgo. Después de una última prueba de sonido en abierto para asegurarse de que todo estaba correcto – unos problemas técnicos dieron al traste con su reciente concierto en Belfast – Michael Poulsen y compañía arremetieron con “Hallelujah Goat”, tema con el que ya empezaban los conciertos hace un lustro, sucedido por la siempre emocionante “Lola Montez”, ideal para poner el entusiasmo a la altura de las nubes. Qué canción, que gancho, qué magnetismo. La sala, entonces sí, se vino abajo. La robusta  “Doc Hollyday” nos mantuvo después en aquel ‘Outlaw Gentlemen & Shady Ladies’ que data de 2013 y que, demostrado quedó, posee una gran vigencia.

Michael Poulsen (Volbeat)

El primer corte del más reciente ‘Rewind, Replay, Rebound’, “Sorry Sack of Bones”, se ratificó como uno de los menos destacados de ese plástico, y la respuesta de los concurrentes fue más bien tibia, no así la que se dio ante la gloriosa “For Evigt”, clásico ya ineludible de la banda pese a datar del álbum inmediatamente anterior, aquel increíble ‘Seal the Deal & Lets Boogie’. Nunca en la ciudad del oso y el madroño tanta gente cantó en danés tan alto y a la vez, salvando las visitas que el FC København haya realizado a estadios locales. Hasta se vieron lágrimas en la primera fila ante una banda capaz de posar las pasiones a flor de piel a base de un sentido de la canción de lo más privilegiado. En el interludio del tema, tras la aparición de la guitarra acústica a manos del siempre segurísimo ex guitarrista de Anthrax Rob Caggiano, detuvieron la maquinaria unos segundos con astucia para que un grito unánime y ensordecedor por parte del público, volcado, pusiera a prueba los cimientos del lugar.

Como aquello era ya un hervidero, que mejor que seguir echándole combustible con la irresistible “Sad Man’s Tongue”, tras el preceptivo guiño a Johnny Cash, y la no menos excitante “Black Rose”, en la que, cómo no, salió Danko Jones, presentado por Pulsen como “Danko Cojones”, para cantar con inherente vehemencia su parte tal y como hacía en la original de estudio. Y volvieron los gritos de “Danko Jones”, y vivimos un momento para el recuerdo.

“When We Were Kids” sí que es una canción de las fuertes del último plástico, y eso que su robustez no reside en el alto voltaje de sus guitarras, más bien comedidas, sino en su enorme expresividad. Por eso, fue celebrada, como también lo fue “Pelvis On Fire”, en el que la receta musical original de Volbeat, con esas alusiones nada veladas al rock and roll de los cincuenta, fue aplicada con acierto y naturalidad. Se demostró en ese momento que el último trabajo de Volbeat ha calado hondo entre sus incondicionales, requisito imprescindible para un crecimiento que parece más imparable que nunca.

Volvió la tralla y la vertiente más metalera de la banda brotó de nuevo de la mano de “Slaytan”, enlazada sin tregua con “Dead but Rising”. Y como si de una montaña rusa se tratase, el show volvió a descender de tempo con la siempre sensacional y emotiva “Fallen”, un medio tiempo de los que ponen los pelos de punta aunque sonara algo más ralentizada de la cuenta y una de las composiciones más conmovedoras del metal de nuestros días.

Kaspar Boye Larsen (Volbeat)

“Todos tenemos que morir un poco cada día”, manifestó un Poulsen a quien últimamente circunda cierto aura de inaccesibilidad pero que fue mostrándose más afable conforme avanzaba el concierto, antes de afrontar “Die to Live”, una oda a exprimir nuestros días hasta la llegada del capítulo final. Acto seguido, “Seal the Deal”, que ha pervivido en un repertorio del que, lógicamente, se han caído muchas del penúltimo trabajo, se reivindicó como una canción cien por cien Volbeat, perfecta para asomarnos a los bises, momento que arribó tras una “Last Day Under the Sun” que ejerció el rol de tema de nuevo cuño con muchas papeletas para tornarse en emblemático más pronto que tarde.

El momento de ausencia de la banda fue colmado por gritos que aclamaban su regreso, el cual se produjo al arropo de una intro electrónica con ciertas connotaciones futuristas que derivó en “The Devil’s Bleeding Crown”, otro cañonazo del ‘Seal the Deal & Let’s Boogie’.  El último embajador de la más reciente placa fue “Leviathan”, luego de la que fue momento de mirar por el retrovisor por última vez para adelantar a toda velocidad a la calma y volvernos locos con “Pool of Booze, Booze, Booza” y la siempre estimulante “Still Counting”, emblema absoluto de una banda que va camino de ser casi tan emblemática para generaciones hoy jóvenes y futuras como lo son hoy los grandes titanes que curtieron su leyenda a partir de los setenta o los ochenta. Cumplieron con creces, y eso que no fue, ni de lejos, el concierto con mejor química entre banda y público que se les ha visto. Eso sí, saludaron al final con afecto y tiraron un sinfín de púas y demás accesorios para cuya consecución, el combate en el público fue feroz. El presente y el futuro de Volbeat están escritos en páginas reservadas para los grandes ídolos. For evigt!

Jason Cenador
Algún día en

Jason Cenador

Periodista y redactor at Mariskalrock
Periodista musical por vocación y Licenciado en Periodismo. Apasionado del rock y el metal en toda su riqueza. Libertario convencido.
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Esta entrada fue escrita por Jason Cenador

2 comentarios

  • someone says:

    El sonido de Baroness fue vergonzoso. Las guitarras apenas se escuchaban.

    Podrán gustar más o menos pero sonaron fatal, se marcaron un concierto entero de bateria y bajo. Incomprensible que no se solucionase.

  • Juandie says:

    Gran concierto de los daneses VOLBEAT después de la recuperación del gran Michael Poulsen a través de esos temazos potentes y rockeros.

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