Madness Live!

Crónica de Sonorama Ribera 2017: Con amor no hay quien se ofenda

21 agosto, 2017 5:45 pm Publicado por 
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Recinto Ferial, Plaza del Trigo y otras localizaciones, Aranda de Duero (Burgos).

En el fondo somos un país de masocas. O dicho en plata, nos gusta que nos den por el culo. Por lo menos en sentido metafórico, porque físico “todavía es digno”, como decía el maestro José Carlos Molina en su mítico directo ‘Imperio de paletos’. Quizás por esos motivos sigamos en pleno 2017 algunos votando al PP y otros acudiendo a secarrales en los que se celebran conciertos en condiciones infrahumanas que no tienen nada que envidiar a las de esos campamentos de refugiados que vemos por televisión. Y así aguantamos, oigan.

Sonorama-Ribera-escenario-principal

Mira que un servidor se ha pateado este verano festivales a lo largo y ancho de la península y el extranjero, pero creo que nunca hemos encontrado un despropósito de tanta magnitud como lo del veterano Sonorama Ribera, una cita con solera a la que se presumía cierta seriedad, pero nada más lejos de la realidad. Fue llegar y palpar de inmediato la Torre de Babel imperante pegándonos tres o cuatro caminatas para enterarnos cómo los acreditados podíamos ejercer el derecho básico de comprar y beber dentro del recinto, luego nos castigaron sin salir del foso porque en teoría debíamos estar acompañados por personal de prensa, que por allí no solían estar, ni se les esperaba, como si se tratara de fantasmas de un castillo que aparecen a una hora determinada y ya no les vuelves a ver.

Con todos los bonos y entradas agotadas, el aforo se les fue por completo de las manos y el Recinto Ferial se antojó un espacio claramente insuficiente para acoger un evento de tales características, y por las mañanas lo de la Plaza del Trigo también habría que mirárselo. Colas desbordantes para cualquier cosa y una sensación de agobio que cristalizó en el tapón que se montó en la jornada del sábado, con chicas llorando y nerviosas y otros intentando saltar la valla para escapar de aquel infierno de muchedumbre. Y el personal de seguridad, desbordado por la situación, no transmitía sensación de tranquilidad, sino más bien de lo contrario, hasta que lograron abrir la salida de emergencia. Una gestión chapucera que hizo que aquello se asemejara a un túnel del terror con grave riesgo para la seguridad de los asistentes. Tal vez habría que recuperar aquel eslogan que se utilizaba para promocionar el País Vasco durante la barbarie terrorista de “Ven y cuéntalo”. Si no te aplastan, claro.

En este asfixiante contexto, con unas 25.000 personas por jornada, no extraña que no existiera preocupación alguna acerca de la suerte que pudieran correr los asistentes a altas horas de la madrugada, sin apenas autobuses oficiales para regresar a Aranda y con cuatro taxis contados para los que vivían o estaban alojados en otros pueblos. La explicación al respecto de Javier Ajenjo, director del Sonorama, fue de agarrarse los machos: “Yo al primer festival al que fui fue al Esparrago Rock y allí el camping estaba a 12 kilómetros del recinto y nadie se quejaba”. Con un par.

Lo que desde luego sí que era un acierto era esa zona VIP sin aglomeraciones de ningún tipo y precios de bebida rebajados, con mención especial al exquisito kalimotxo con Ribera. Y la oferta musical con más de 200 grupos también era de una variedad inaudita, desde post punk, rock urbano, punk, stoner, rock alternativo hasta casposidades innombrables o ese cacareado indie tan en boga que en realidad es puro pop. Todo es imposible abarcar, y en ocasiones tuvimos que descartar alguna propuesta interesante por simple cansancio, pero he aquí lo que nos dieron de sí cinco maratonianas jornadas.

Y de tu cicatriz nacen flores lisérgicas…

En medio del camping había montado un escenario y una barra que solo se pudo utilizar una vez que los camareros hubieron terminado una especie de juramento. Allí, entre los árboles, tuvo lugar el miércoles una curiosa fiesta de bienvenida en la que se veían camisetas de “Go Vegan”, muchos disfraces y esas ganas de cachondeo que preludian una primera noche de juerga. El cantautor Amaro Ferreiro no parecía encontrarse en esa onda con su rollo tranquilito que invitaba al sopor.

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Rufus T. Firefly

Todo lo contrario de los prometedores Rufus T. Firefly, capaces de levantar al personal, ya sea en un escenario considerable o en el pequeño garito Le Club, como hicieron dos días más tarde. Dado que el bolo intimista del viernes tuvo un carácter más especial, nos centraremos en esa soberbia actuación en la que a su vocalista y guitarra Víctor Cabezuelo hasta se le humedecieron sus ojos de dibujo animado por la emoción. Si no lloró, poco le faltaría.

Con un calor sofocante y un ambiente exquisito de gente respetable con camisetas de Pink Floyd, los madrileños demostraron que donde de verdad brillan con intensidad es en los espacios reducidos. Un cosquilleo va abriéndose paso en el estómago a medida que “Tsukamori” va subiendo en intensidad mientras la batería de Julia atrona con una precisión contenida que podría desmadrarse en cualquier momento. Ese es precisamente uno de sus grandes poderes, podrían destruirte, reventar tus tímpanos en alguno de sus marasmos eléctricos, pero prefieren hacerte levitar en “El Halcón Milenario” o “Cisne Negro” con los movimientos a lo Thom Yorke de su cantante. Y si por ejemplo estorba la guitarra, no hay problema en confiársela a las chicas de las primeras filas, tal era la camaradería que se respiraba. Artistas y público eran lo mismo.

Si en el camping el entusiasmo se diluía entre la multitud, era impagable escuchar a pocos metros las voces en grito de los enfervorizados fans, el propio Víctor dijo que nunca había visto algo así y que iban a recordar ese concierto toda la vida. Y no era postureo, porque nada hay de eso en esos directos que son puro amor, una celebración de buenos sentimientos que alcanzan su cenit en “Nebulosa Jade”, tan emocionante como una primera cita con una persona interesante de verdad, una oda al frikismo y a las conexiones casi místicas.

Muchos no tardaron en entonar la consigna “¡Escenario principal!”, pero pensando de manera egoísta, uno desearía que jamás tocaran para las masas, sino para unos pocos escogidos. Que las guitarras sigan llorando y que el nombre de John Bonham siga significando algo en los corazones cultivados. Flores lisérgicas. De saltar lágrimas.

Volviendo de nuevo a la fiesta de bienvenida, no nos cautivó demasiado el costumbrismo postindie de Luis Brea y el Miedo, nos pareció mucho más respetable el puro pop de inspiración ochentera a lo Radio Futura o Nacha Pop de Varry Brava, que a pesar de que no tengan nada que ver con el rock o el metal, es un auténtico grupazo con himnos como “Playa” o “Calor” que podrían haberse compuesto sin problemas en la época de Europe o Bon Jovi. Tal vez se hagan tan empalagosos como alguna balada de los grupos antes mencionados, pero se antoja una delicia escuchar esos sintetizadores a tope, algún solo de guitarra de vez en cuando y un cantante con mallas que clava los tonos con una pasmosidad envidiable. Si eres de los que piensan que en la década de los cardados y las hombreras no se hacía nada malo en ningún género, ya estás tardando en pegarles una escucha. Sin complejos.

Chupa de cuero y vestido rosa

Por las complicaciones derivadas del transporte rural no conseguimos llegar a tiempo para catar a Morgan, que abarrotarían a buen seguro la emblemática Plaza del Trigo, cita inexcusable para cualquier visitante al Sonorama. A pocos metros, el power-trío aperturista Antes exhibió esa variedad de la que hacen gala en estudio al moverse en un territorio indefinido entre el rock alternativo y el indie, con mayor presencia del primero, aunque sin renunciar a las melodías pulidas.

Loquillo-Sonorama-Ribera-2017

Loquillo

La primera sorpresa del cartel era el infumable Mikel Erentxun, así que salimos pitando de allí hacia el escenario del camping, donde por lo menos teníamos el agradable rock americano de regusto folk de Dani Molino, que en su último disco ‘Trails’ rememora un viaje que hizo por EE UU. Y al contrario de lo que imaginábamos, aquello se convirtió en un decente entremés con ecos a Springsteen y Tom Petty. En un principio apenas había 30 personas, pero poco a poco se fue animando la cosa con peña que estaba de paso y otros con tempraneras ganas de fiesta como aquel grupo de chicas bronceadas que pegaron saltos como locas y hasta montaron una especie de coreografía levantando la pata y luego moviéndose a un lado. Grandes.

El stoner rock con pasajes instrumentales de Shiva no tenía “nada que ver con el rollo poppy”, como aseguraron estos muchachos de Ciudad Real, pero su destreza a las tablas fue suficiente para que muchos permanecieran enganchados, en especial a su apabullante batería femenina, aunque no menos enérgico fue el ímpetu de su bajista que saltó a la arena a desparramar con el público. Las chavalas tostadas por el sol ahí se quedaron y se convirtieron en “fans preferidas” del conjunto. Con lo que animaron el cotarro no era para menos.

Los que hayan visto en los últimos tiempos a Nacho Vegas ya saben que poco sobrevive en la actualidad de su aura maldita de antaño. Pero su transformación en bardo populista no es tampoco una tragedia ni mucho menos, puesto que sigue acompañado por parte de la banda de León Benavente, el versátil guitarrista Joseba Irazoki o ese coro antifascista que engrandece y añade proporciones épicas a sus estribillos, caso de la incendiaria “Polvorado” o el folk bucólico de “Ciudad Vampira”.

Sorprendió empezando con la adaptación de Townes Van Zandt “Que te vaya bien, Miss Carrusel” y no tardó en evocar la Asturias revolucionaria de 1934 con “Aida de la Fuente”, en recuerdo a aquella militante que al ser apresada y preguntada por su nombre respondió gritando puño en alto: “¡Comunista Libertaria!”. “Vinu, Cantares y Amor” sigue la misma senda combativa, pero el cantautor no olvidó sus esencias en “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, no en vano en ese mismo festival hizo sus primeros pinitos en solitario. Da igual si ahora es más podemita que decadente, su condición de figura clave en el panorama patrio no la ha perdido ni por asomo.

Shinova-Sonorama-Ribera-2017

Shinova

La delicada Anni B Sweet podría ostentar el título de la Lana del Rey patria por sus melancólicos tonos vocales y esa belleza arrebatadora de las auténticas hembras con clase. Pocas veces un atuendo definió más a una persona como ese vaporoso vestido rosa y una chupa de cuero que daba a entender que lo suyo no se quedaba en la simple ñoñería. Rodeada de una banda con poso rockero, fundió almas con su voz angelical en “Getting Older”, se acercó a Patti Smith en “Dare To Love” y reivindicó sus raíces hippies con una inconmensurable “White Rabbit” de Jefferson Airplane. Le gritaban “¡Te quiero!” desde las primeras filas y la verdad es que uno podría pasarse horas escuchándola.

No hubo por donde coger el Concierto 20 Años de Sonorama, si exceptuamos la interpretación del “Ser Brigada” de León Benavente o ese “Toro” de El Columpio Asesino, a cargo de Deu de WAS, que se ha convertido en todo un hit en el mundo indie a pesar de su apología de las drogas y el sexo casual. Menos mal que andaba por ahí Loquillo para apelar a la actitud y a los sentimientos primarios del rock n’ roll con un repertorio que fue más bien una reivindicación desde el mismo inicio con “Salud y Rock N’ Roll”, “Línea Clara” o ese “El Hombre de Negro” en el que recordó a Johnny Cash. Sigue desafiando a musicólogas y demás con “La Mataré”, donde lanzó capotes imaginarios, antes de desenfundar para las últimas estocadas en “Ritmo del Garaje”, “Feo, Fuerte y Formal” o “Cadillac Solitario”, es decir, todas esas piezas que hacen elevarse las gargantas al unísono. Nunca defrauda, como bien dice, milita en “la razón del pensamiento ilustrado”. Los que le odien, a cascarla.

Por alejarse del rollo de la web, pasaremos del synth pop disfrazado de indie de Dorian, pese a que tuvieran que suspender gran parte de su actuación por problemas técnicos, o de las canciones para enamorados de Amaral, aunque en este caso bien valdría mencionar la desbordante voz de su vocalista en directo que se podría escuchar en varios metros a la redonda. Pop del que no sobra.

Y ya por puro cansancio tuvimos que desechar a los enérgicos Dinero, que a eso de las cuatro de la madrugada a buen seguro legarían un recital de esos de despertar al más pintado, pero nos esperaba ese emocionante juego de sillas en el que se había transformado un acto tan rutinario como pillar un taxi. Una aventura extrema.

El sueño de Ziggy Stardust

En una Plaza del Trigo en la que no cabía un alfiler para las 12 del mediodía, los sevillanos The Milkway Express se confirmaron como toda una rara avis dentro del cartel sonorámico con su blues rock con destellos sureños y armónica a tope que realzaba su poso algodonero. Vimos por las inmediaciones hasta a una chica con camiseta de Aerosmith, algo digno de perros verdes entre tanta barba y camisas que podrían valer de mantel de cocina.

Sexy-Zebras-Sonorama-Ribera-2017

Sexy Zebras

De chiripa nos encontramos con Shinova en formato acústico en Le Club, cuyo bolo recogido superó con creces al de su mastodóntico despliegue en el escenario principal a última hora del sábado. Al igual que con Rufus T Firefly, hubo una multitud volcada como en pocos recitales hemos visto, con los músicos a ras de suelo y hasta con el director del evento Javier Ajenjo revoloteando por ahí. Quién les iba a decir cuando comenzaron emulando a Sôber que llegarían a convertirse en verdaderas estrellas en el entorno indie al abarrotar la Plaza del Trigo el año pasado y que la organización comparara su show con el de Vetusta Morla o Supersubmarina.

Temas como “Niña Kamikaze” o “Doce Meses (El año del maravilloso desastre)” quizás desborden en ocasiones el tarro del almíbar, pero la competencia absoluta de su vocalista Gabriel de la Rosa en las distancias cortas ya les debería ganar cierto respeto, aunque a veces parezca que uno está escuchando a El Último de la Fila. No aptos para los trues.

Antes de que abrieran el Recinto Ferial, en el camping calentaba el sarao Fernando Maés, un cantautor tranqui con notable gusto para las letras tipo Sabina o Quique González, del que versionó “Vidas Cruzadas” junto al vocalista de Maldito Reloj. Mucho más interés y movimiento tenían Sokolov con su aire decadente y malsano en plan El Columpio Asesino. Alternaban voz masculina y femenina, al igual que los navarros, y cierta perturbación se intuía en esos textos siniestros que lo mismo bebían de Corcobado que de Carlos Ann. Hipnóticos.

Íbamos corriendo al escenario principal para ver a las punkis Las Odio, pero en su lugar nos encontramos con los “putos” Sexy Zebras, que se marcaron uno de los mejores bolos del festival mientras la peña todavía estaba entrando. Políticamente incorrectos en cortes como “Sexo y Marihuana” o “Machote”, cuyo estribillo dice “mira cómo tengo el rabo” escandalizarían a más de un popero por su avasallador ímpetu en escena y por esos riffs rotundos que demuestran que lo suyo nada tiene que ver con el indie convencional. Su último trabajo ‘La Polla’ lleva escasos meses en el mercado, pero el rollo noctívago a lo Johnny Thunders de “Quiero follar contigo” se coreó como un himno y hasta había carteles que proponían eso mismo a su vocalista Gabi. Inmensos. Ojalá hubiera más grupos como ellos, con actitud y sin pelos en la lengua. Especie protegida ya.

Capsula-Sonorama-Ribera-2017

Capsula

Otros que nos sorprendieron por su brío en escena fueron los chavales de The Royal Flash, que hicieron valer su experiencia contrastada de más de 100 conciertos por la península y montaron un espectacular fiestón en el escenario de la carpa. No inventaban nada nuevo, pero ni falta que hacía con ramalazos a lo Wolfmother o a los Pearl Jam más cañeros, al tiempo que evocaban un punto añejo contemporáneo vía The Strypes. Muy prometedores.

Gusto por las épocas pretéritas también parecían propugnar Flamingo Tours, con una vocalista con un chorro de voz similar al de Imelda May, máscara mexicana y una ristra de consejos tan peculiares como “Nunca salgas con mecánicos porque llevarás las bragas sucias”. El indie rock de Mostaza Gálvez tuvo cierto enganche en un inicio, aunque acabamos por desertar, y tampoco nos detendremos en la estrellita Leiva por estar fuera de onda del medio.

Lo que sí que merecería destacarse con todos los honores es el homenaje que tributaron Cápsula al extraterrestre Bowie, en concreto a su álbum más celebrado ‘Ziggy Stardust’. Un sueño que se inició, como no podría ser de otra manera, con “Five Years”, el que no sienta un hormigueo al escuchar “Pushing thru the market square…” que se lo haga mirar, tal vez sufra gafapastismo galopante.

Acompañado del coloso Gonzalo Portugal (Last Fair Deal) a la guitarra, Martín y compañía no tardaron en tocar la fibra sensible con “Moonage Daydream” y el inquieto frontman para el segundo o tercer corte ya andaba metido entre el público con la guitarra entre los dientes, cual explorador que se adentrara en medio de la maleza. “A mí me habían dicho que si el indie tal o cual, pero aquí hay rock n’ roll, señores” arengaba a los fieles y nos explicaba a modo de catedrático de la electricidad que “antes del punk, antes de los Sex Pistols y Eskorbuto, estaba “Hang On To Yourself””, mientras no escatimaba en movimientos de lagarto a lo Iggy Pop. Algún sector del respetable no estaba muy familiarizado con la materia y al sonar el comienzo de “Rebel, Rebel” no faltaron los que cantaron “huevos con aceite”, pero no fue impedimento alguno para que Martín surfeara entre la multitud antes de que los aclamaran con la inevitable consigna del Sonorama “¡Escenario principal!”. Y eso allí era casi palabra de Dios. Enormes.

Mucha curiosidad nos deparaba ese triple recuerdo a la Generación X noventera encarnado por Yoghourt Daze, Superskunk y Sobrinus, una sesión para nostálgicos treintañeros que duró hasta casi las cuatro de la madrugada y en la que intercalaron himnos fundamentales de la época como “Spoonman” de Soundgarden o “Loser” de Beck. Un interesante viaje en el tiempo para acordarse de las cassettes, los walkman o Wynona Rider.

Y ya cerramos la tercera jornada de conciertos con Novedades Carminha, que siguen estirando su accesible trabajo ‘Campeones del Mundo’ con piezas destinadas a sublevar a las masas como “Que Dios reparta fuerte” o “De vuelta de todo”. Ya les vimos hace escasos meses en Bilbao en el festival urbano Hirian, así que sabemos de sobra de lo que son capaces al aire libre y con un poco de alcohol de por medio. Fiestón absoluto.

Un encuentro pequeño

Bajo un sol de esos de justicia no desentonaría calzarse sombrero, mascar tabaco y escuchar las grandilocuentes notas evocadoras de Morricone de Pájaro, veterano músico sevillano que ha rasgado guitarras para Pata Negra o Kiko Veneno y que lleva ya un tiempo enfrascado en una soberbia trayectoria en solitario que desata la admiración absoluta por cada ciudad que pasa.

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Berri Txarrak

No es ninguna exageración, pues sus piezas instrumentales tipo “Apocalipsis” son para saltar lágrimas mientras se recorren los mástiles de arriba abajo y de fondo una trompeta suena como si fuera un destacamento del Séptimo de Caballería. “Sagrario y sacramento” mantiene el ritmo de ZZ Top antes de explotar en un solo bluesero y “Bajo el sol de media noche” otorga una dimensión desconocida a un rutinario encuentro en un ascensor.

El eterno dilema del amor no correspondido sobresale en “Perchè” y para reivindicar la tierra castellana recurrieron a una enérgica revisión del “A Galopar” de Paco Ibáñez de ecos desérticos y tambores marciales de caminar hacia la guerra. Su recital se hizo tan corto que el propio Andrés Herrera ‘Pájaro’ admitió que “aquello no había sido el amor, sino un encuentro pequeño”. Un polvo intenso, vaya.

Otro bardo de garito como Ángel Stanich oficiaba en formato acústico en una plaza arbolada a tope de fieles y pese al carácter especial con el que se revistió al evento tras la famosa intro de la serie ‘Twin Peaks’, su bolo fue más bien un campo de pruebas en el que testar nuevo material, más cercano al indie que anteriores lanzamientos. Por fortuna, condescendió en un inicio con piezas de su ya rentabilizado ‘Camino Ácido’ como “La Noche del Coyote” o “Mezcalito” y tras afirmar que “No se ha pagado lo suficiente” estaba claro que era hora de llamar a “Metralleta Joe”, donde el personal desenfundó pistolas de agua que dispararon ráfagas al aire. Alto. No se muevan.

Al igual que en jornadas precedentes, nos acercamos al camping a ver qué se cocía y allí estaban The Wyest con su pop rock amable en la línea de U2, o de Glasvegas si nos ponemos más indies. Pero no había tiempo que perder, pues a una hora tempranera descargaban SCR en el Recinto Ferial, otra de esas anomalías del cartel por su rock contundente de regusto stoner. Y lo cierto es que este trío que inunda con su apabullante sonido tampoco consiguió congregar a multitudes, dado que coincidían en el escenario principal con Viva Suecia, uno de los grupos indies con más tirón actualmente, en la capital, de hecho, llevan colgando el cartel de entradas agotadas varias veces seguidas.

Pero nosotros preferimos quedarnos con los tipos con agallas, el sudor y la actitud genuina que no obedece a modas ni mierdas, esa que reflejan en trallazos para levantarte del sitio como “Chica Loca” o en el eterno slide de “Sota” o “La Vieja”. El aire a lo Wolfmother de “Puedes” se antojó un más que digno entremés eléctrico. El placer de ir contracorriente.

Ilegales-Sonorama-Ribera-2017

Ilegales

El histrionismo de Aurora & The Betrayers nos saturó un poco, aunque reconocemos la valía de su gesticulante vocalista con la clase de las hembras de antaño. Derrocharon tanta energía sobre las tablas que no tardaron en repetir el mantra de “¡Escenario principal!”, a la vez que la cantante advertía como si fuera Tierno Galván: “Poneos de lo que queráis, pero con cuidado”. Ya podría la organización preocuparse tanto por la seguridad de los asistentes.

Pensábamos desdeñar al mítico Santiago Auserón acompañado de los mallorquines Sexy Sadie, pero aquello sonaba rockero y hubiera sido un pecado perderse himnos fundamentales de la historia del rock patrio como “Annabel Lee” o “Han caído los dos”. Reconocemos que de Radio Futura siempre nos tiró más su debut glam punk que su posterior conversión en culturetas o adalides del rock latino, por lo que nos sobraron por completo “Escuela de calor” y la ponzoñosa “Veneno en la piel”, aunque agradecimos que el ahora conocido como Juan Perro recuperara “La estatua del jardín botánico”. Una leyenda sin discusión, guste o no.

Y Berri Txarrak son tan grandes que te pueden dar un concierto diferente cada noche, pero siempre manteniendo un nivel mínimo de calidad. A mí en esta ocasión me faltó la tralla punkarra de “Folklore” o “Gure Dekadentziaren Onenean”, pero eso no quiere decir que no disfrutáramos de “Bigarren Itzala”, que presentaron como un canto contra la indiferencia, o de las habituales “Oreka”, en la que intercalaron según la costumbre el “Kids” de MGMT, o “Denak Ez Du Balio”. Como hemos dicho, en este festi las guitarras potentes son todo un valor al alza.

Con un tema llamado “Hipster” en su último disco, la mera presencia de Ilegales en el Sonorama constituía una provocación en toda regla y así fue desde el inicio cuando retumbarían en los oídos de muchos farsantes indies las palabras “Si no hay odio, no hay rock n’ roll” que pronuncia en la abrasiva “Chicos pálidos para la máquina”. No cabía duda de que Jorge y compañía querían quitar la tontería a guitarrazo limpio acordándose de un futuro incierto en “Europa ha muerto”, expulsando auténticos mantras vitales en “Saber vivir” y censurando a las malditas cotorras concertiles en “Hacer mucho ruido”.

Drogas-Sonorama-Ribera-2017

El Drogas

Las feministas tampoco se libraron de este peculiar ajuste de cuentas y antes de “Eres una puta”, el carismático vocalista no dudó en exclamar: “Con amor no hay quien se ofenda”. Y si a algún soplapollas contemporáneo le siguen sin satisfacer las explicaciones, he aquí la carta de reclamaciones con “Todo lo que digáis que somos”. Pura actitud punk a años luz de la de tanto popero que va de indie. Esta es la verdadera música alternativa. Bestias Bestias.

Dado el embotellamiento provocado por unas deficientes medidas de seguridad, apenas pudimos catar en condiciones a El Drogas, que no perdió el tiempo con piedras angulares del calibre de “La silla eléctrica” o “Barrio conflictivo”, cuya estrofa de “La tortura en los interrogatorios” todavía se podría cantar en un país donde los cuerpos policiales pueden reventar un ojo a una manifestante e irse de rositas. “En punto muerto” relajó ánimos antes de volver a recuperar ímpetu con “Sofokao”, “Todos Mirando” o ese “Frío” de Alarma, coreado por una amplia representación de maduritos. Un repertorio impepinable para no perderse ni un instante, lástima las incomodidades derivadas de la excesiva multitud.

La tarta de cumpleaños del Sonorama fueron Los Planetas, como era de esperar, así que ni aguantamos a su único tema bueno “Pesadilla en el parque de atracciones” y decidimos hacer mutis por el foro y acudir al espectacular bolo de Kitai, que se metieron de inmediato a la peña en el bolsillo por los ojos al salir ataviados con pasamontañas y más cantidad de niebla que en un concierto de The Sisters of Mercy. Mucho se habla hoy en día de que está todo inventado y no existe nada original, craso error, basta pegar una escucha a este particular grupo heredero del post hardcore o el rock alternativo de Biffy Clyro, la grandilocuencia de Muse o los tonos proféticos de Héroes del Silencio, de hecho, su escuchimizado vocalista hablaba de forma pomposa como Bunbury. Fue quizás el único concierto en el que vimos pogos en condiciones, con peña haciendo un círculo y dando vueltas como poseídos, no era para menos con trallazos como “Sientes el golpe”. Y como numerito final, aparecieron en escena como Dios los trajo al mundo, con calcetines cubriendo sus miembros, igual que si fueran los Red Hot Chili Peppers, aunque eso no era nada comparado con colocar una batería encima del personal portada por los propios fieles. De otra dimensión. Para ingresar en su culto de inmediato.

Un perroflauta moderado

A modo de despedida, todavía tuvimos ganas de acercarnos el domingo por Aranda de Duero y así toparnos con El Imperio del Perro, que petaron la Plaza del Trigo con su rock enérgico con destellos indie y no dudaron en intercalar el “I Follow Rivers” de Likke Li, todo un llenapistas en los garitos gafapastiles. Molaron, aunque a uno a veces le daba la sensación de que aquello era más un acontecimiento social que un recital al uso. Cosas del postureo.

Kitai-Sonorama-Ribera-2017

Kitai

Y ya terminamos el periplo en el Escenario Charco con los argentinos Todos Tus Muertos y su curiosa mezcla de rock, punk y reggae cargado de crítica social y mala baba hacia los militares. Y lo cierto es que cuando se ponían en plan rastafari cansaban un rato, teniendo en cuenta que era la hora de la comida, pero el rollo cambiaba cuando pisaban el acelerador, caso del célebre ska punk “Gente que no”. Nunca nos llamaron en exceso esos mestizajes perroflautiles a lo Mano Negra, aunque ya merecían una mención solo por el fiestón que montaron por allí.

Antonio Arco, ex cantante y compositor de El Puchero del Hortelano, es algo más refinado y uno no se lo imaginaría tirado en una plaza con un cartón de kalimotxo. Cierta madurez se intuye en su disco en solitario ‘Uno’ con “Vivo” o “Equilibrio”, su mejor pieza con poso rockero a lo Poncho K o los inevitables Extremoduro, referencia indispensable en su género. Quizás le pierda el excesivo buenrollismo palpable en “Un día perfecto”, con chicas descalzas y parejas abrazadas, puagh, pero no cabe duda de que en las distancias cortas se desenvuelve con soltura e incluso sus composiciones son bastante soportables para una tarde de domingo soleado. La peña quedó tan satisfecha que entonó el consabido mantra “¡Escenario principal!”, a lo que el aludido respondió “Esperemos que algún día”. La sencillez de un perroflauta moderado.

Al igual que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, como decía el mandatario norteamericano y orador Franklin D. Roosevelt, la música a veces también implica sacrificios extraordinarios, como aguantar patatales y deficiencias organizativas considerables. Todo es susceptible de mejora, y no hay que olvidar las palabras de Jorge Martínez al respecto: “Con amor no hay quien se ofenda”. Tenemos la piel muy fina.

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

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