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Crónicas

H.E.A.T: Saqueo a los ochenta

«Podrán pasar años y años y todavía no se extinguirá esa constante reverencia a la década de los cardados, las hombreras y los nuevos románticos. Esa época que fue un efímero imperio de extravagancia sigue muy presente tanto en el cine, con horripilantes revisiones que echan por traste el primigenio encanto original, como en la música, con esos teclados synth pop que casi habría que patentar. Hay determinados géneros en los que la influencia es tan apabullante que no se entenderían de otra manera»

7 noviembre 2017

Sala Santana 27, Bilbao

Texto: Alfredo Villaescusa. Fotos (Madrid): Cristina Mosquera

Eso sucede en el terreno del hard rock melódico con las vacas sagradas de Europe o Bon Jovi todavía marcando el paso a miles de bandas, una cifra que se antoja desorbitante si nos fijamos únicamente en los países escandinavos, pese a que allí ya existía una notable tradición con insignes nombres del calibre de Treat, TNT o Glory. Pero fusilar algo tampoco tiene por qué ser malo si no lo escondes y eres un tipo agradecido que lo reconoce sin tapujos. Ante todo, sinceridad.

Los suecos H.E.A.T. pertenecen a este último grupo, nunca han ocultado el influjo de las dos luminarias antes mencionadas, de hecho, su tercer álbum ‘Address The Nation’ está imbuido totalmente por el espíritu del ‘Slippery When Wet’ o del ‘New Jersey’ hasta el punto de que piezas como “Living On The Run” o “Breaking The Silence” son un guiño, quizás descarado, a los himnos “Livin’ On A Prayer” y “Lay Your Hands On Me”. Una carta de presentación más que suficiente para enganchar a los fans de estas míticas bandas.

Con estos mimbres deberían llenar pabellones, y aunque tal vez no lleguen a tanto, su concurso es recurrente en los festivales veraniegos. Los días entre semana suelen ser bastante complicados en términos de asistencia, por lo que tampoco sorprendió que en esta primera fecha de los escandinavos el ambiente fuera tan desolador. Por si fuera poco, como nos relató el propio vocalista Erik Grönwall posteriormente, a punto estuvieron de suspender la cita por enfermedad.

Por esa manía de programar grupos en horario infantil para los que trabajamos por la tarde, nos perdimos a los teloneros Black Diamond y Degreed, pero llegamos justo cuando el personal contenía el aliento antes de la aparición de H.E.A.T, que despejaron de un plumazo sus intenciones mientras sonaba por altavoces el “Danger On The Track” de Europe, sí, el disco ‘The Final Countdown’ poseía otros temazos al margen de la radiada homónima cuya reproducción ya nos produce hasta náuseas. Siguieron el juramento de fidelidad ochentera con la sintonía de “The Heat Is On” de Glenn Frey, perteneciente a la BSO de ‘Superdetective en Hollywood’, y ya por fin irrumpieron en escena con “Bastard of Society”, un trallazo hardrockero ideal para despertar a la concurrencia.

La sombra alargada de Europe se palpó asimismo en “Late Night Lady”, con esos coros y esos solos que casi podrían imaginarse interpretados por Joey Tempest, John Norum y compañía. El convaleciente Erik se mostró muy activo desde el principio, con una voz sin mácula y una entrega a años luz de cualquier persona de bajón. Y para que no digan que nos fijamos solo en las chicas, un diez a las pintacas a lo Richie Sambora del guitarrista con su sombrero de cowboy y sus botas camperas. Ya está bien de cutres en pantuflas sin ningún tipo de glamour.

Uno pensaba en ese momento en esos fans true del hard rock melódico que no aguantan los movimientos de Erik en directo y la verdad es que no nos pareció ni por un asomo justificable tanta indignación al respecto en redes sociales. El tipo le echa la chulería necesaria para subirse a las tablas, algo que tenía más mérito si cabe estando jodido, y no apreciamos que decayera el nivel en ningún instante, un profesional como la copa de un pino.

Y dentro de lo inexplicable entraría asimismo la polémica montada respecto a su reciente ‘Into The Unknown’, que algunos consideran demasiado blando para un género tan aguerrido como el hard rock melódico, manda huevos. “Redefined” constituía otro saqueo sin paliativos a los ochenta, podría formar parte de la BSO de ‘Rocky’, ‘Top Gun’ o cualquier serie de la época, mientras que la ambiciosa homónima que da título al disco conquista en las distancias cortas por su grandilocuente estribillo.

Su éxito “1000 Miles” contó con la colaboración a las voces de un chaval del respetable que se sabía la letra de memoria tan bien que cosechó una tremenda ovación. Daba la casualidad de que hace unos años Erik debió haberle sacado también a escena y únicamente lo recordó al tener al muchacho de cerca, se partió la caja como un condenado cuando se dio cuenta de la fortuita reincidencia.

El voceras bromeó con su enfermedad al confesar que cuando estaba pocho le decían que cantaba “como Little Richards”, así que no dudaron en marcarse un muy competente fragmento del “Lucille” del padre del rock n’ roll. Y en ese ambiente de farra, pues a Erik le apetecía refrescarse el gaznate, así que ahí fue hasta la barra y pidió en perfecto castellano “Una cerveza, por favor”. Que te saquen un chupito en un garito es todo un acontecimiento, por lo que al sueco le hicieron los ojos chiribitas cuando los responsables le ofrecieron además un vaso pequeño de Jäger. “Te quiero, amigo”, siguió practicando la lengua de Cervantes. Decididamente, nos lo llevaríamos de fiesta.

Y sumergidos en pleno macarreo, pegó cual guante que enlazaran con el “Whole Lotta Rosie” de AC/DC. Hemos de reconocer que nunca nos gustaron esas mierdas de alargar temas y demás, pero esto estuvo realmente divertido. Ni siquiera se hizo pesado el breve solo de batería de Crash, que lo aderezaron del “Flash” de Queen y que terminó con un sentido “Muchas gracias, cabrones”. Ahí reivindicando las expresiones fundamentales de nuestro idioma.

El cantante agradeció que la peña se mostrara tan comprensiva con ese peculiar estado de salud que no le impide beber y se sentó al piano para la balada “We Rule” antes de subir un poco la intensidad con la synth popera “Time On Your Side” que a algunos les parece una bazofia y otros la comparan con Duran Duran. Que te comparen con el soberbio pop de los ochenta nunca será un insulto.

La recta final resultó sublime con esa “In And Out Of Trouble” que evoca la época gloriosa de Bon Jovi y la inevitable “Living On The Run” en la que Erik se bajó a desparramar con el personal y permaneció allí casi toda la canción botando y cediendo el micro a los espontáneos con los que se iba encontrando. Acortaron un tanto el repertorio y nos quedamos con las ganas de escuchar “Emergency”, pero teniendo en cuenta las circunstancias, tampoco era cuestión de quejarse después de hora y pico dando el callo.

Puede que su saqueo a los ochenta se torne en ocasiones escandaloso, pero de lo que no cabe duda es de que son capaces de cumplir incluso si se levantan con el pie izquierdo. Una pena que el inicio de la gira peninsular les pillara de una manera tan accidentada, de lo contrario, hablaríamos de un bolo apoteósico.

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