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Crónicas

Airbourne + Supersuckers: Un breve teatrillo

«Lastraron cualquier intento de pillar carrerilla a lo largo del show. Cuando tocaban apelando a las entrañas, sin artificio ni tonterías de dar palmas, molaban. Claro que sí»

22 octubre 2019

Sala Santana 27, Bilbao

Texto: Alfredo Villaescusa. Fotos: Iñigo Malvido

No hace falta tanto para epatar al personal. Bastan unas composiciones sencillas, estribillos pegadizos para canturrear, y poco más. Dejemos las masturbaciones de mástil y otras demostraciones onanistas para los forofos y centrémonos en intentar que la gente se meta en un espectáculo hasta el punto de olvidar sus problemas cotidianos durante una o dos horas. Ese debería ser el propósito de cualquier artista que busque llegar a las masas sin que estas se duerman por el camino. La historia de la música está tan atestada de brasas como un garito de madrugada.

Apelar a las entrañas ha sido uno de los principales mandamientos de los australianos Airbourne desde el comienzo de su trayectoria. Sus canciones directas en la estela de AC/DC, Rose Tattoo y otros paladines del raca-raca como Status Quo dan buena fe de ello. Tonadillas para agitar la cabellera mientras se toma una cerveza con los colegas, sin mayores pretensiones. Las disquisiciones filosóficas sobre lo políticamente correcto, que hoy en día vienen a ser algo así como el sexo de los ángeles, están totalmente fuera de lugar. Para eso ya tenemos otros ámbitos.

Estaba clarísimo que el inicio de la gira peninsular de Joel O’Keeffe y compañía levantaría pasiones, al igual que su anterior visita a tierras vascas. Si no se agotaron entradas, no faltaría mucho, pues el recinto se encontraba hasta los topes, casi hasta la puerta de entrada. Adentrarse entre la muchedumbre requería la pericia de un explorador y escrúpulos mínimos al contacto humano. Conseguir un necesario espacio vital libre de cotorras y otros infraseres se convirtió en una tarea digna de Hércules.

Por motivos laborales y por esa tediosa costumbre de empezar los recitales casi a la hora de la merienda nos perdimos con gran pesar a Supersuckers, pero al haberles visto hace no demasiado sobre los escenarios podemos asegurar que darían un bolo potente en consonancia con lo que nos tienen acostumbrados.

Después de que Eddie Spaghetti pateara el culo al cáncer de garganta unos añitos atrás, su recuperación es todo un hecho, tanto a las tablas como a nivel compositivo, con discazos del calibre de ‘Suck It’ que certifican que todavía tienen cuerda para rato.

Con una ampulosa intro reminiscente de la BSO de ‘Terminator 2’, Airbourne saltó a la arena con actitud a raudales, luces rojas y un paupérrimo sonido que en un principio no asustaba a nadie. “Raise The Flag” se ejecutó de esta guisa y por eso se capó por completo la capacidad destructora de semejante cañonazo. Por si fuera poco, ya en la primera canción sufríamos ese odioso ritual de palmas colectivas. ¿Esto es una broma o qué?

“Too Much, Too Young, Too Fast” fue otro temazo a volumen ridículo en el que el líder Joel recordó su última visita al País Vasco, dijo en concreto que parecía que había sido “la noche pasada”. Por lo menos las condiciones sónicas mejoraron algo con “Burnout The Nitro”, pero todavía aquello se tornaba insuficiente en términos de electricidad. Un hecho que tampoco debió importar en demasía a los fieles, que enseguida se metieron en el ambiente festivo de los australianos. De carisma desde luego andan sobrados, de eso no cabe duda.

Hubo por supuesto los números de teatrillo habitual del voceras como darse golpes en la cabeza con una lata de cerveza, hacer sonar sirenas como si se esperara un ataque nuclear y hasta servirse cubatas con la parsimonia del que se encuentra en el bar de al lado de casa. Lo último nos pareció bastante prescindible, una simple manera de perder el tiempo como otras que nos colaron a lo largo del show. Ni siquiera Joel se encaramó a las torres de bafles como antaño, seguro que muchos todavía recuerdan su sesión de escalada en pleno Kobetasonik.

“Breakin’ Outta Hell” es un auténtico trallazo en las distancias cortas, pero si se alarga hasta la extenuación, con solo en plan Angus y toda la pesca, pues pierde la mayoría de su efectividad. Y lo mismo podríamos aplicar a “It’s All For Rock N’ Roll”, estirada más allá del límite de la decencia para poder servir unos tragos de whisky cola. A un servidor lo de la interacción con el respetable le parece muy bien, pero sin pasarse, porque cuando se recurre a la misma treta una y otra vez aquello se asemeja más a una tomadura de pelo que a un espectáculo serio.

La novedad “Boneshaker” no desentona en absoluto en el repertorio, que fue intachable, hay que decirlo. Lo que se necesitaba era un mayor dinamismo, algo que mataban por completo al incrementar los minutos de cada tema. Que si palmas por aquí y allá, que si levanten los cacharros para un brindis colectivo, que si dame ahora unas luces, ¿acaso solo los punks se dieron cuenta en su día de que eso de marear la perdiz era un puto peñazo?

“Live It Up” levantó la fiesta tímidamente antes de que volvieran a requerir alzar los vasos, con una vez es más que suficiente, pero bueno. Y si de por sí no anduvieron demasiado tiempo a las tablas, encima se comieron un tema de los habituales que suelen interpretar en esta gira, se conoce que estarían cansados.

Menos mal que tuvieron la consideración de regresar para los bises y además agasajar nuestros oídos con la garrulada máxima de tocar con la guitarra el “oe, oe, oe”, que es un poco como cuando unos guiris te ponen flamenco o el himno de España. Cara de circunstancias total. Dejando de lado tal detalle, “Ready To Rock” y “Runnin’ Wild” sí que sonaron con agallas, a pesar de que la última la alargaran cual chicle, con paso del pato incluido, aparte de algún “puta madre” que Joel debió de aprender de juerga con peninsulares.

Un breve teatrillo, en definitiva, de unas raquíticas 12 canciones, extendidas muchas sin pudor ni justificación ninguna que lastraron cualquier intento de pillar carrerilla a lo largo del show. Cuando tocaban apelando a las entrañas, sin artificio ni tonterías de dar palmas, molaban. Claro que sí.

La llegada de Airbourne a la península fue el motivo por el que nos anticipamos en el nuevo número de La Heavy, el 417, con Alter Bridge en portada, y Juan Destroyer pudo volver a charlar con el siempre directo Joel O’Keeffe. Además de la entrevista con la banda, en las páginas de este número todavía te espera en el kiosco el amplísimo reportaje con Myles Kennedy y Mark Tremonti, entrevistas con Helloween, Lacuna Coil, Jinjer y muchísimos más. Que no te lo cuenten.  Corre a por ella o hazte con la revista en nuestra tienda online.

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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

1 comentario

  • Juandie dice:

    Gran concierto en una de las salas mas míticas de Bilbao por parte de estas dos pedazos de bandas cada cual a su estilo y es que si los australianos AIRBOURNE son geniales en estudio en directo son una puta apisonadora y esa noche lo volvieron a demostrar. Mañana toca Málaga y la volverán a liar con la caña rockera que les caracterizan y el mejor aroma a AC/DC.

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