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THE MAINE: AMERICAN CANDY

8 abril, 2015 3:36 pm Publicado por  1 Comentario

intmaine

Universal
8/10

The Maine presenta su nuevo álbum ‘American Candy’, el quinto de su discografía, dos años después de su último trabajo de estudio ‘Forever Halloween’. Está ordenado en 10 canciones que superan ligeramente los 30 minutos de  duración. Vuelven esas melodías relativamente rápidas, llevaderas y suaves pero que se rompen con potencia vocal e instrumental, llenas de carácter y altura. Desde su formación en 2007 habían ido por el camino del rock alternativo cada vez más, menos en ‘Forever Halloween’ donde bajaron la intensidad. Por suerte, han vuelto a retomar aquel camino en esta última entrada en el estudio.

Sonido mucho más potente y estribillos claramente diferenciados en cuanto a potencia, aunque con tonos a veces de piano o pequeños acordes, para acompañar una voz que tiene todo el peso en las canciones pero que plantan cara en los estribillos, guiando a la voz a la perfección.

El primer tema “Miles Away” ya es conocida, pues hace poco salió como single en un video-lyric en donde los miembros del grupo John O’Callaghan (vocalista),  Kennedy Brock (guitarra rítmica y coros),  Jared Monaco (guitarra), Garrett Nickelsen (bajo) y Patrick Kirch (batería) salen comiendo chicle (en honor a la portada de la que más adelante se hablará) y sus intentos haciendo pompas con él. Pequeños acordes en vibrato te van enganchando a la canción que enseguida releva John con la voz y se acelera para llegar al estribillo muy rítmico donde la repetición de voz y música es crucial para engancharte. Musicalidad sencilla pero muy pegadiza y relativamente característica de ellos al igual que la letra: siempre quieren escapar a algún lugar lo suficientemente mágico o especial para olvidar y sentirse libres (puede recordar a su antigua canción “Windows Down”).

“Same Suit Different Tie” es la segunda. Una canción sin complejos y que muestra aprecio por las cosas “vintage”: mientras les guste a ellos llevarán lo que les de la gana. Tiene un ritmo muy alegre y decidido desde el principio con acordes que se repiten exactamente igual hasta el estribillo y que te van enganchando inconscientemente. Su potencia aumenta al final y la voz intenta subir mucho más al igual que los instrumentos intentan eclipsarse unos a otros para sonar más.

La tercera es un homenaje a su pelo (no se sabe si en relación con su anterior look en 2013 en la que John llevaba el pelo largo, que por cierto, no le favorecía nada de nada y podría ser una respuesta a posibles pasadas críticas, pero solo podría). “My Hair” habla sobre la independencia capilar y sus variadas formas. Cantan de forma tranquila y despreocupada, con un tono sereno pero no demasiado alto, al estilo country a veces, y con un sonido fluido y llevadero.

“English Girls” es la más conocida de todas ya que fue su primer single y videoclip (donde también salían ellos en una fiesta casera en la que cantaban su propia canción como si fuera un karaoke). Es muy enérgica, donde prima la voz en las estrofas pero la aportación puntual y repetitiva de los instrumentos da mucho color a la canción y la hace muy atractiva. El ritmo puede recordar a su primeriza “Everything Ask For” de 2008: tono desenfadado, algo canalla, letra irónica y que se pega a la memoria con pegamento. Un ejemplo de qué era (y parece que vuelve a ser), The Maine.

“24 Floors” es la más sentimental, por no decir depresiva. No debe ser nada fácil cantar las palabras que cuentan la lucha consigo mismo sobre si tirarse desde un edificio. Consigue darle mucha fuerza en el estribillo como si se descargara toda esa emoción en el punto más alto de la canción. Es un ejemplo de cómo una canción que en un principio es lenta y parece que no da más, estalla y aguanta hasta el final con mucha más fuerza de lo que se esperaba. Capacidad de enganchar y sorprender a la vez.

La sexta es “Diet Soda Society”. Es la más crítica a la vez que divertida debido a la forma en la que lo dicen y las palabras que escogen para hacerlo. Es bastante enérgica y la guitarra tiene muchísimo protagonismo en el estribillo, que es bastante denso y potente, a pesar de lo que los acordes acústicos de guitarra y repetitivos del bajo pudieran aparentar al principio.

“Am I Pretty?” es la séptima y una de las mejores del trabajo de los de Tempe. Optimista en cuanto a ritmo desde el principio, melódica, positiva y claramente, marca de la casa. Los instrumentos ya dejan ver desde el principio su gran facilidad para entrelazarse, complementarse y potenciarse además de resaltar aún más a O’Callaghan. Aquí John muestra su definitorio registro vocal: tonos altos, afinados, con susurros, voz melódica y altibajos. En tono vocal puede recordar a “Inside Of You” que tanta potencia vocal tiene, pero mezclado con instrumentos que le imprime aún más fuerza. Nada de complejos: si son feos ya les querrá alguien de verdad por lo que son.

“(Un)Lost” habla sobre perderse, ir encontrándose momentáneamente y el dilema interno que conlleva. Puede recordar a “Saving Grace” en cuanto al ritmo: ágil pero rápido y algo depresivo al comienzo. Éste se eleva en el estribillo donde la voz protesta más y sacan todo lo de dentro para, una vez finalizado, bajar la tonalidad otra vez pero, esta vez, in crescendo en cuanto a fuerza instrumental.

La que bautiza al disco, la novena “American Candy”, es la más agresiva. Empieza con golpes marcados de batería y una voz muy aguda. Las cuerdas quedan en un segundo plano hasta que lleva el estribillo de golpe, donde se quedan con gran parte del protagonismo y los coros surgen dando eco a las palabras y prolongando la potencia vocal como pasaba en “Don’t Give Up On Us”. Al final John hace uno de sus agudos más potentes y largos y donde se desahoga junto con la guitarra. Es la canción más intensa y potente del disco y una de las más remarcables.

“Another Day On Mars” pone punto y final al disco. No podía ser de otra forma que agradeciéndoselo a aquellos amigos que les quieren tal y como son y que están ahí siempre. Empieza con el final de un show, parecido al sonido de un cabaret para, de repente, empezar otro únicamente con el piano y la voz. El piano lleva la base esta vez y poco a poco los coros y voces espontáneas se van añadiendo y los instrumentos van cada vez por un camino diferente a la voz para parar en seco y volver a darla el protagonismo. Estos altibajos se intercalan: juerga y silencio que da un contrapunto muy original y le aporta espontaneidad y naturalidad que acaba con la voz y los coros cantando desigualmente a capela.

La portada de este disco sigue con la última tendencia de la banda de mostrar torsos o rostros de alguna forma: 2011 con “Pioneer” (uno de los mejores, por no decir el mejor de su discografía), con una cara de un hombre “travestido”; en 2013 con “Forever Halloween”, donde aparece John a duras penas reconocido, disfrazado de esqueleto y ahora en 2015 con el mentón de una chica con el pelo muy corto o recogido ya que no se ve, haciendo una pompa enorme de chicle rosa ante un fondo azul. Enmarcándolo como si fuera el formato de una foto de una Polaroid, o parecido, delimitando en blanco la escena y con el nombre del grupo arriba y el nombre del álbum abajo en negro.

Con este “American Candy” The Maine vuelve a los orígenes dejando atrás su lado más indie para centrarse en sonidos más contundentes y fuertes de guitarra tendiendo a ese rock-indie que les caracterizaba. Es un alivio volver a escuchar esa voz e instrumentos desahogados en los estribillos y sonidos más marcados pero igualmente muy llevaderos, ligeros y pegadizos. Una muy esperanzadora vuelta a los orígenes que le llevaron al éxito.

Yoli.J.W

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