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MAREA: EN MI HAMBRE MANDO YO

4 octubre, 2011 2:29 pm Publicado por  Deja tus comentarios

Dro

(8/10)

Tenían los bandoleros a sus seguidores famélicos y así está pasando, que andan devorando el disco con un apetito voraz. Daba igual lo que pusieran en la mesa, no iban a quedar ni las migajas, pero que conste que suculento plato nos presentan los navarros, cuyo aperitivo fue “Bienvenido al secadero”, familiar bocado más allá de ese inicio tan similar al “Breadfan” de Budgie (sí, de Budgie, no de Metallica).

A decir verdad los ingredientes del puchero, cocinado a fuego lento, son más o menos lo mismos de siempre, aunque con variaciones en la receta especialmente apreciables en el aroma setentero de algunos momentos del disco, en el laborioso batir de las guitarras, que se complementan como nunca, o en algunos efectos y detalles en la pulida producción más allá de la mezcla de Mike Fraser (AC/DC, Metallica, Aerosmith…). Si acaso llama la atención entre tanta sal y acritud el dulce estribillo de “El día que lluevan pianos”, la guinda en este pastel de carne cruda y bajas pasiones, y de hecho, como dándose cuenta en el último momento de que se han pasado con el azúcar, Kutxi lo despacha dejándose un par de cuerdas vocales en los fogones.

Resulta curioso observar cómo una banda que nació a la sombra de Extremoduro, hoy en día –tendencia en aumento disco a disco- está mucho más influenciada por AC/DC, dato apreciable en el riff principal de “Sobran bueyes” (de intenso final, por cierto), en “Canaleros” de cabo a rabo, o por supuesto en “Pedimento”, despedida y cierre del álbum con mucho nervio, guitarra para enmarcar. ¡Menudo postre!

Al borde de la disonancia, los coros de Arantza Mendoza ofrecen sensaciones muy interesantes en “Ángeles del suelo”, mientras que donde más se aprecia el Hammond de Fredi Peláez es en el apesadumbrado “Plomo en los bolsillos” y, paradójicamente, en el citado “Pedimento”. Entre medias, Kolibrí no suelta el slide en todo un “Las últimas habitaciones” que, como no podía ser de otra manera, adquiere tintes americanos.

En cuanto a las letras, el propio Kutxi tiene la sensación de volver a ser él mismo, con sus desamores y sinsabores, sentencias como “Yo te querré deshecho, te querré en la roca viva, te querré en todos los versos que no quieran tus pupilas” de “Ojalá me quieras libre” son buena prueba de ello.

Guisando así, no pasarán hambre.

Juan  Destroyer (Twitter: @juandestroyermr)

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Esta entrada fue escrita por Redacción

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