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EL PUNK, UNA RESPUESTA JUVENIL A LA CRISIS

3 junio, 2011 10:08 am Publicado por  Deja tus comentarios

“SOMOS LAS FLORES DEL BASURERO”

POR: SERGIO ISLAS PACHECO

En una de las pintarrajeadas paredes del metro Pantitlán se puede leer una sencilla frase que resume el sentir de miles de jóvenes en la Ciudad de México: “Somos las Flores del Basurero”. Contundente y claro, dicho mensaje es también un reflejo del enojo que se percibe en aquellos que llevan años anhelando los cambios prometidos en cada sexenio y que se han cansado de esperar. En un país que tiende a ser mayoritariamente joven según cifras del INEGI, el desempleo y la falta de atención para este sector tienden a convertirse en graves problemas para los organismos gubernamentales, sobre todo en la medida en que éstas pueden ser rebasadas por la sobrepoblación y verse impedidas para satisfacer sus necesidades básicas.

Así, la creación con recursos públicos de entidades como el Instituto Mexicano de la Juventud buscan cubrir los huecos existentes en la vinculación con los más vulnerables, cuya situación no es fácil de analizar en virtud de que los datos disponibles al respecto, además de ser escasos, no están actualizados. El sentir generalizado de la mayoría de investigadores sociales en temas de juventud es que la distancia entre la producción cultural de estos tiempos y la realidad que a diario tienen que afrontar los muchachos del ámbito urbano es hoy tan grande, que finalmente ha terminado por abrir un emergente. Ésa grieta es también un campo fértil para que corrientes como el punk vengan a convertirse en un aglutinador de  rebeldía, desencantos y frustraciones juveniles, utilizándose de paso como una herramienta para expresar su rechazo a la crisis, encarando de paso el mundo de los adultos.

EL PUNK COMO IDENTIDAD

Caracterizado por la sencillez de la música y sus letras claramente disidentes, el punk rock surge como la respuesta de un puñado de jóvenes que afirman que el rock profesionalizado, con todo y sus grandes estrellas está muerto. De hecho, la candidez con la que los primeros grupos justificaban su falta de talento con el hecho de tocar “música anticomercial”, así como la manifestación de  concretos rasgos de subcultura urbana exhibidos por sus seguidores, consiguieron que este estilo fuese denominado punk por quienes pretendían descalificarlo, ya que la acepción literal de la palabra significa “basura”.

De esta manera, el punk ha venido a representar uno de los capítulos más impactantes en la historia personal de muchos jóvenes mexicanos, ya que la filosofía de este género acuñado en Inglaterra ha sido capaz de darle visibilidad e identidad a una ingente cantidad de adolescentes marcados por las recurrentes crisis económicas, el desempleo, las drogas y en algunos casos hasta la cárcel. Su estética ha permeado tanto en este país, que hoy se ha hecho frecuente encontrar en el ámbito urbano a chicos deambulando con los pelos hirsutos y las ropas rotas.

“Oficialmente -afirma el “Morris”, vocalista del grupo Los Desviados-, se podría decir que los primeros punks en México aparecieron en sitios aburguesados como la Zona Rosa; con el dinero suficiente para comprar discos importados de todas las bandas que empezaban a sonar en los Estados Unidos. De hecho, los primeros grupos que surgieron en este país como el Size o Dangerous Rythmhn, estaban formados por gente que no parecía tener necesidades económicas, que podían darse el lujo por entonces de encontrar lugares para tocar y que probablemente muy poco tenían que ver con el verdadero espíritu de la calle y el barrio”, haciéndose presentes por otra parte y con mucha dificultad otro tipo de grupos como el Rebeld Punk, originarios de la colonia San Felipe de Jesús, que eran desdeñados por su origen humilde y el salvaje estilo musical que practicaban.

En la opinión de varios de los músicos punks entrevistados no cabe la esperanza de que las cosas mejoren, de que se abran lugares para tocar y hasta de que puedan aspirar a cobrar no ya un sueldo, sino acaso cubrir sus gastos de transportación. El diagnóstico sobre ellos parece unánime: nulidad musical, consignas políticas inaceptables y mamarrachadas estéticas. No les extraña que las cosas no hayan cambiado demasiado en México desde que el movimiento arrancara en los primeros ochentas, ya que el desinterés de los medios por la música de la calle sigue siendo evidente, fomentando en muchos de los casos a grupos que realizan un punk carente de mensaje y dirigido más bien a la clase media.

Acostumbrados a permanecer ignoradas, muchas bandas dieron rienda suelta a su música, dejando a través de sus demos un testimonio irremplazable de los aspectos más sórdidos de una época “en la que siguen reprimiendo a los chavos en todos los aspectos de su vida diaria, en los conciertos, en sus trabajos, en la escuela, y que los medios de comunicación decidieron silenciar sistemáticamente”, como afirma un boletín emitido por el colectivo anarcopunk Amor y Rabia. Aferrarse sigue siendo la única opción. Esto lo ejemplifica el sociólogo Héctor Castillo Berthier cuando afirma que “hay de juventud a juventud. (Porque) no es lo mismo vivir la juventud en el Colegio Madrid o Lasalle e irse de vacaciones a Puerto Vallarta o Cancún, que nacer en Ciudad Azteca y saber de antemano “que está cabrón””. Héctor Castillo es miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, posteriormente subdelegado en Alvaro Obregón y especialista en temas juveniles.

“HASTA NOS ECHABAN A LOS PERROS”

Existen casos como el Colectivo Caótico, oriundos de Ciudad Neza, que daban sus primeros ensayos con guitarras rotas, incluso improvisando botes de basura como batería. Iti, extinto baterista del grupo y miembro fundador de la mítica banda de los “Mierdas Punks” afincada en Neza, recordaba cierta tarde de borrachera que por entonces y para el grueso de la gente “todos los punks éramos peor que monstruos, íbamos a las fiestas del barrio y todos se echaban para atrás como con asco, sonaba una rola y nos poníamos a bailar bien locotes, nos empujábamos, brincábamos sin orden, había chavos que hasta se revolcaban en el suelo y todos pensaban que nos estábamos peleando, hasta nos echaban a los perros”. En aquél momento era algo habitual recoger ropa de la basura, “no había necesidad de rompernos los pantalones, ya estaban rotos cuando los encontrábamos y se seguían rompiendo de tanto sentarnos en las banquetas”.

“La revista Alarma! normalmente señalaba de manera unánime como “punks” a los chavos que eran detenidos en redadas, aún cuando la mayoría sólo eran rockeros que igual y ni siquiera sabían de que iba la cosa, cualquier muchacho que era detenido con facha rocker era indistintamente catalogado de punk, como si el ser punk fuera lo peor”, afirma el Charal, actual padre de familia que cuenta con 36 años y que vivió la época punk ochentena en todo su esplendor. En la entrevista presume de sus múltiples detenciones en distintas delegaciones, “nomás por pararme los pelos”. Tras finalizar una “tocada” de punk, las razzias se hacían presentes “por cualquier motivo, y a veces por ninguno, todos íbamos pa´rriba, nos cuidábamos más de los polis que de los rateros y hasta nos extrañaba cuando no nos jalaban, que desafortunadamente era de las pocas veces”.

La criminalización contra el género forma quizá el tópico más frecuente en los mensajes que los grupos punks procuran manifestar, por ello canciones como “Es delito ser joven, es delito ser punk” (Rebeld Punk), “No mas Represión” (Masacre 68), entre otras, constituyen himnos clásicos. Hay por influencias otras canciones importadas a México de grupos ibéricos por cuyas análogas referencias se hicieron entrañables, como “Mucha Policía, Poca Diversión” (Eskorbuto) o “Brigada Criminal” (RIP). Esta última canta en una de sus estrofas: “Toque de queda, masacre en la ciudad, punkis armados buscan una víctima más, son aguerridos, sólo quieren matar la sucia gente de la puta humanidad”.

ELLOS TIENEN LOS MEDIOS, NOSOTROS LA CALLE

Paradójicamente, comenzaron a abrirse algunos canales de expresión ganados a fuerza de empeño y dedicación por incansables que soportaron de todo en aras de un espacio en los medios. Así por ejemplo Juantxo Sillero conducía el programa “Con los pelos de PUNKta”, la revista Banda Rockera dirigida por Vladimir Hernández reseñaba conciertos y demos, al tiempo que entrevistaba a todos los personajes de la época en su programa de radio “Desde la Redacción” en lo que entonces era Stéreo Joven –hoy Reactor 105.7-, e incluso Héctor Castillo hacía lo propio en su espacio “Sólo Para Bandas”. Posteriormente y ya en época reciente Warpig, baterista de bandas como Atoxxxico mantenía firme “Las dos horas D´Brayan” en la extinta Radioactivo y también en Reactor, ya con otro corte mas alternativo.

El “Pájaro”, vocalista del grupo Antisociales, considera al respecto que corren malos tiempos para el punk mexicano, porque “para nuestra mala suerte hoy que presuntamente hay más libertad de expresión y que el rock se ha hecho tan común, no existe ningún medio ni en las revistas o en radio que de verdad se atrevan a difundir la música que hacemos todos los de abajo, los que no tenemos el apoyo de nadie y seguimos trabajando por el puro gusto a esto. Ya ni cuando nos correteaba la patrulla, por lo menos ahí teníamos el espacio de la Banda Rockera que nos daba chance de quejarnos públicamente, o en su caso darnos la oportunidad de organizarnos entre nosotros”.

El paso de los fanzines constituyó el otro bastión por el que se puede obtener información sobre el movimiento y que representan el sentir más honesto de los auténticos punks que no ha sabido reflejar ninguno de los libros publicados hasta el momento. “Zyntoma” dirigido por José Colín Alducín; “Karamelo” de la “Zapa”, pionera del movimiento feminista anarcopunk en México e integrante de los grupos “Virginidad Sacudida” y “Secta Suicida Siglo XX”; “Amor y Rabia” y “Motín” fueron de los más constantes y cuyos ejemplares originales en muchos casos están perdidos, representando hoy verdaderas joyas cotizadísimas por sociólogos, antropólogos e investigadores sociales precisamente por el manejo informativo tan de calle del que nutrían sus páginas, llenas de sentimientos emanados por aquellos que permanecían sin voz. Posteriormente el catálogo de fanzines crecería conforme los colectivos punks como el DEPSO (Dogma Personal Sin Orden), Colectivo Acción Libertaria, CCRFP (Colectivo Cambio Radical Fuerza Positiva) o JAR (Juventud Antiautoritaria Revolucionaria) iban creciendo y sumando miembros.

Por fin, en 1988 aparece el primer disco de punk mexicano grabado en un estudio profesional, que aunque con supremas carencias técnicas ofrece las mejores canciones de los grupos Rebeld Punk, Síndrome del Punk, Desorden Público y Descontrol, que junto con Masacre 68 que no fue incluído, formaban lo más representativo de la escena nacional en ése año. Esto constituye un importante precedente para que con la llegada de los primeros grupos extranjeros como La Polla Récords, Eskorbuto, GBH y Total Chaos, los punks comiencen a disgregarse en dos grandes grupos: los que aún seguían creyendo en las proclamas “destroy” del punk primigenio inglés adaptándolos a su forma de vida y los otros, aquellos que hacían un llamado a la cordura practicando el anarquismo, inspirados en textos de Mijail Bakunin y Ricardo Flores Magón, constituyéndose en una entidad bien delimitada.

Acaso para burlarse de todos sus detractores, hasta hace poco todavía se celebraba el “Día del Punk”, con toda la liturgia que implicaba una festividad que paradójicamente se ha institucionalizado. “Si las mamás, la bandera y hasta los carteros tienen su día… ¿Por qué los punks no podrían tener el suyo?” afirma con sorna Arturo Beristáin, baterista y líder del grupo Rebeld Punk, actualmente afincado en los Estados Unidos que fue la persona que vislumbró el último domingo de cada año como el ideal para conmemorar a los punks y que no ha fallado en realizarlo desde su primera edición a principios de los noventa, recorriendo con dicho festival diferentes plazas capitalinas, entre las cuales se encuentran la Arena López Mateos en Tlalnepantla, El Deportivo Mina en la colonia Guerrero y el Auditorio Municipal de los Reyes, La Paz.

Beristáin además ha sido un gran impulsor de diversos proyectos de divulgación de la música a través de ambiciosas ideas como “El Punk no Muere ¡No!” y “Radikal´s Radio” por citar sólo algunos, en el cual han tenido cabida grupos de gran calidad que en otras circunstancias jamás hubiesen podido grabar un disco de manera profesional. Prácticamente no existe un barrio o colonia en la Ciudad de México que no albergue algún grupo de punk marginal en sus calles, por lo que hacer el recuento de cuántos grupos existen en la Ciudad de México es imposible, sin embargo, para dar una dimensión cuantitativa, únicamente el sello independiente “Discos y Cintas Denver” cuenta entre su catálogo con más de trescientas referencias de grupos punks.

“SI EL PUNK ES FEO, ENTONCES SOMOS RE-PUNKS”

El “Pistol”, vocalista del grupo Bacteria proporciona su diagnóstico: “el punk fue y es todavía la banda sonora de lo que está pasando en las calles, de toda ésa hermandad que hoy ya no se ve tanto por las diferencias ideológicas, pero que en un momento nos identificó a todos. Están bien ésas diferencias, porque eso quiere decir que lo que hacemos no implica únicamente a la música sino un mensaje de libertad que hay detrás y que la gente capta, que es capaz de transformar su vida e influenciarla hasta para convertirlos en vegetarianos, feministas, formadores educativos en zonas marginadas y muchas cosas más. Hay compas que gracias a la influencia del punk o tomándolo como bandera están ayudando con su trabajo voluntario a comunidades indígenas en Guerrero y Oaxaca, otros hicieron cocinas populares o enseñan a chavos de la calle oficios como serigrafía cerca del  Castillo de Chapultepec y todos se asumen orgullosamente como punks”.

Los punks tienen aún mucho que decir, pues a pesar del poco o nulo apoyo que se les brinda, siguen en su empeño de derrochar alegría, energía y capacidad de autogestión a raudales, usando a la música para criticar su realidad con una extrema lucidez que se acompaña también con la pura y simple diversión. Hacen ver que si se fue adolescente y se pasó de largo por este género que mete ideas a martillazos, “es obvio que te perdiste de algo” como dice Sandra González, una muchacha que se admite como militante del movimiento anarcopunk.

El grupo Orines de Puerco, radicados en Toluca afirmaban una vez con gracia que si el punk era algo feo, entonces ellos debían de ser re-punks. Sin pretenderlo, Jesús Jiménez, histórica figura del underground mexicano para el metal y el punk definió exactamente ésa esencia al darle nombre a su sello discográfico independiente fundado en 1990, para dar cabida a grupos de punk extremos llamado simplemente PPR; cuyas siglas significan literalmente “Puro Pinche Ruido (Pero Con Mensaje)”.

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Esta entrada fue escrita por Redacción

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