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Crónicas

Playa Cuberris + Medusa Box: Libres de control

«Las puertas de esta sala, a la que se trasladó el concierto por problemas técnicos de la Icon Stage, se abrieron a las 21 en punto, puesto que a las 21:30 teníamos una cita con los catalanes Medusa Box y con los triunfadores natos de la noche: Playa Cuberris»

10 noviembre 2017

Sala Moby Dick, Madrid.

Texto y fotos: Anna Moher

Los cántabros hacían un alto en la gira peninsular del ‘Entrar a matar’ para regresar a Madrid, tras dos Sold Out consecutivos en la ciudad.

Con un público algo tímido que no sabía con qué se iba a encontrar, se subieron cinco chicos jóvenes al escenario. “Eclecticismo” es la palabra que mejor podría definir a Medusa Box. A las tres de la madrugada habían salido de Gerona para llegar a la capital a presentar su disco ‘NothingBehindAllOfTheseMasks’, recién sacado del estudio. Temas como “Electricity”, “Bloody Dance”, “Seduce Me WithRubles”, “Sexual Tension”, “Skin Necklace” o “AMMP” (primer single del disco), fueron testigos de la valentía de estos chicos que apuestan por un rollo indie rock alternativo que nos mostraron enlazando unos temas con otros, sin apenas descanso y haciendo de estos prácticamente una única pieza musical.

Difícil seguirles el ritmo, tanto musicalmente hablando como en puesta en escena: Enric Mont bajó con el micrófono y la guitarra en mano para situarse al mismo nivel que los asistentes y cantar desde ahí; Nil Bribian (un torbellino de emoción y energía a la batería) se puso en pie en numerosas ocasiones y se paseó por el escenario todo lo que pudo, incluso trasladando algún platillo y ofreciéndole un beso en la frente al vocalista en uno de los temas. El diálogo entre Bribian y Jordi Bosch (al bajo), por un lado, y el de Emili Bosch (que rompió la correa de la guitarra con tanto movimiento) y Adrià Bravo a los teclados por otro también caracterizó buena parte del espectáculo. Una reverencia conjunta marcada con un Adrià en volandas ejemplificó el descontrol del final de su concierto.

Este descontrol se transfirió por completo al concierto de Playa Cuberris. Con algo de retraso (a las 22:30 no habían comenzado todavía), un chico del público subió para hacer tiempo hasta que los ahora cinco integrantes se subieron ante unas primeras filas eufóricas. Peto Girón le pasa así el testigo de una de las guitarras a Alex Vallejo, que se estrenó hace poco con ellos, lo que le permitió más libertad de movimiento. Casi le toca también pasarle el testigo de las voces a los asistentes, quienes -nunca mejor dicho- entraron a matar y consiguieron rescatar a la banda desde el punto de partida del show con “Furia nuclear”.

El título de “Viernes verdes”, una vez más, volvía a encajar con el contexto de la noche: era viernes y el destape de los allí presentes y sus ganas de fiesta eran visibles. Se podría decir que literalmente si incluimos que un chico alzó a hombros a una chica y esta no dudó en levantarse la camiseta y mostrar los pechos.Entre la encrucijada de marcharnos o quedarnos a pasarlo bien que nos presenta el tema, decir que siempre decidiremos regresar a verles en directo, al igual que los fans y amigos incondicionales del grupo que conformaban las líneas de delante.

“Blues de nevera” y “María Isabel” volvieron a convertirse en los imprescindibles de la noche en tanto que el primero recita la frase que da nombre al disco y que la segunda es una de las más bailables que aparecen en el trabajo de los cántabros.

Las sorpresas anunciadas al principio del concierto hicieron su aparición estelar con “Vida en marte”, “Cerrando los bares” (que contó a los vientos conGala y Jota de la banda FhinBrau), “Arder” y “Alta tensión”, cuatro canciones inéditas que pertenecerán a su próximo álbum de estudio y con las que nos sorprendieron gratamente.

El público convirtió a Dani en “Rey de la ciudad” (o de la batería) cuando empezaron a corear su nombre hasta hacerle levantarse y ofrecernos una reverencia con su habitual sonrisa de complicidad en la cara. En el sprint final (en el que tocaron mis temas favoritos) nos pusieron a bailar con “Locos de atar”, “Hijos del pecado” y “Luces de neón”. Si el ambiente desde el primer tema había sido una locura, con estos últimos conseguimos ser totalmente “libres de tu control”. Era curioso escuchar precisamente esa palabra, “control”, cuando miraras donde mirases (y hasta donde abarcaba mi vista) eso era lo único de lo que se carecía. Lo que sí hubo fue arena sólida constituida por la música, olas incesantes recreadas por cinco músicos con muchas ganas y unos bañistas incansables que lograron hacerse con la Moby Dick en la playa de los Cuberris.

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