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Entrevistas |Juanma Pastor, Pablo Pérez, Julio Fuertes y Ben Wirjosemito (Johnny B. Zero)

«Un músico tocando partiéndose los riñones y mojándose en las letras siempre resulta más nutritivo para cualquiera»

Por: Alfredo Villaescusa


Uno de los cuartetos de rock más polifacéticos de la escena actualmente, Johnny B. Zero, continúa de celebración después de ser galardonado hace tan solo unos días en los Premios Carles Santos de la Música Valenciana gracias a su último trabajo, ‘Metonymy of Sound’, (del que puedes leer nuestra crítica haciendo click aquí). El dulce momento que la banda atraviesa es el motivo por el que Alfredo Villaescusa contacta con el cantante y guitarrista Juanma Pastor, el saxofonista Pablo Pérez, el teclista Julio Fuertes y el batería Ben Wirjosemito, que responden a sus cuestiones colectivamente.

¿Por qué elegisteis el título de ‘Metonymy of Sound’?

“La metonimia como recurso artístico tiene mucho que ver con ‘la parte por el todo’, y en este sentido hacíamos alusión al sonido, que es algo que nos obsesiona. Como somos músicos, la parte que nos interesa del espectro sonoro del mundo es cómo se coloca una voz al cantar, cómo se pulsa una guitarra, cómo se deja caer la baqueta sobre una caja. Debemos ser artesanos del sonido. Es una dimensión de la música fundamental que hoy en día nunca se pone en primer plano porque parece que importa más decir las cuatro consignas y los cuatro hashtags de moda, y que da igual cómo toques o cómo compongas. Nosotros entendemos esto de cara a ciertos sectores de la industria, pero siempre hemos sido de la opinión de que la gente no es tonta y que al final un músico tocando partiéndose los riñones y mojándose en las letras siempre resulta más nutritivo para cualquiera, aunque a veces pueda provocar cierta indigestión. Eso es el arte”.

Este es vuestro cuarto disco. ¿Ha existido algún tipo de progresión a lo largo de vuestra trayectoria? ¿Qué diferencias destacaríais entre ‘Metonymy of Sound’ y ‘Suicide Watermelon Stories’?

“Siempre hemos mantenido la misma política a la hora de grabar. Desde el primer disco hemos sido fieles a las tomas de los músicos, no hemos sobrecorregido, no editamos las tomas buscando una perfección plastificada, sino intentando ser imaginativos y creativos. Lo que define el sonido de este disco son un par de cosas: primera, el número de pistas es muy, muy escaso, y esto realza la ejecución de los músicos y llama aún más la atención sobre el sonido de la banda. Por otro lado, es el disco con el que se estrena nuestro batería Ben Wirjosemito, un batería americano con una pegada muy rock y con una técnica muy desarrollada”.

Escuchando el último álbum da la impresión de que vuestro abanico de influencias debe ser inmenso, ¿es así? ¿Qué nombres destacaríais?

“Seguramente la lista es infinita porque nos gusta mucho dejar que se filtren influencias un poco impertinentes para una banda de rock. Pero bueno, no hay muchas sorpresas: The Beatles son fundamentales, Jimi Hendrix, Stevie Wonder, Prince, Amy Winehouse, Rory Gallagher, Billie Holiday, Eric Clapton, James Brown, Led Zeppelin, Stevie Ray Vaughan…”.

En particular, me vuela la cabeza ese saxofón que habéis metido en “Characters”. ¿Cómo surgió? A mí me recuerda un poco a King Crimson…

“Pablo es igual de solvente con el saxofón que con el EWI, que es un sintetizador. Normalmente tenemos que tomar la decisión de cuál de los dos va a utilizar. El tema, en lo rítmico, está lleno de guiños al Prince de “My name Is Prince” o “Housequake”, que son temas de una fisicalidad tremenda, y el sonido de un instrumento “analógico” le sentaba muy bien. El nervio que tiene Pablo atacando las notas y pegándose con el saxo le sienta muy bien a la canción, porque teníamos claro que ese groove diabólico tenía que evocar algo a medio camino entre estar enfadado y estar cachondo. En este sentido sí que se encuentra con King Crimson por la rítmica marcada y por el uso desacomplejado de saxos con un lenguaje alterado e imaginativo que se puede reconocer como ‘jazzístico’”.

“Love Is Alive” la noto, sin embargo, más cercana al indie o a Arctic Monkeys, ¿estáis de acuerdo?

“Para nosotros es un honor que se nos haya comparado constantemente con bandas enormes de rock internacional como Arctic Monkeys o The Black Keys. Una de nuestras convicciones desde que existe la banda es que se puede hacer rock desde Valencia con vocación internacional y que deberíamos tener bandas que podamos poner al lado de los máximos exponentes del rock, vengan de donde vengan. “Love Is Alive” tiene mucho más que ver con el soul y con Lennon en nuestra cabeza, incluso el puente tiene mucho para nosotros de sonido de Hollywood clásico (un poco de “hipertrofia romántica”), pero nuestro tipo de configuración y nuestro sonido moderno seguramente permiten ese tipo de comparaciones”.

¿Y qué me decís de “Biscuits”? ¿Estabais haciendo galletas en ese momento?

““Biscuits” es un tema en el que nos apeteció jugar, con una ejecución complicada, muy dependiente del groove, y en cierto modo es una aproximación de Johnny B. Zero al funk. Contamos con la colaboración de Natxo Tamarit, uno de los mejores bajistas de España, así que más que hacer galletas parece que las estamos repartiendo a dos manos”.

Y en “Family” quizás os aproximáis más a los ritmos latinos o caribeños, ¿cómo os dio por ahí?

“Siempre nos ha hecho mucha gracia utilizar ritmos mainstream y ver a dónde los podemos llevar. El dembow es un ritmo que implica casi inconscientemente que hay que ponerse a bailar, y con esa premisa siempre estaremos de acuerdo. Hay algo en la melodía del bajo, la bajada cromática, que es otro referente cultural problemático y que recuerda a un tema de los Backstreet Boys. Nos gusta coger este tipo de cosas y retorcerlas a ver qué sale”.

En “True Fact” tenemos la colaboración de Aurora García y Natxo Tamarit, ¿qué relación os une con ellos?

“Aurora canta como toca Natxo: haciéndose daño, desde los riñones, para entregar al público algo singular y verdadero. En ese sentido somos fans suyos de una manera devota. Creo que cuando compartes este tipo de visión artística acabas entrando tarde o temprano en el radar de tus hermanos y hermanas. Es como una secta, pero más divertido”.

Es evidente que por la versatilidad de vuestro estilo costaría encasillaros en una escena musical concreta, ¿crees que esto os puede perjudicar o beneficiar?

“A corto plazo siempre es perjudicial porque no tienes una capillita, no tienes el acceso rápido a las escaleras mecánicas de las escenas, ningún promotor sabe exactamente dónde colocarte… A medio plazo es muy interesante, porque la gente te escucha en la radio y sabe que eres tú sin que digan tu nombre y porque te permite desarrollar una obra que no sea olvidable, intrascendente y caduca”.

¿Sois de los que en directo echáis toda la carne en el asador? ¿Cómo son vuestros conciertos? ¿Podéis recordar alguna anécdota graciosa al respecto?

“Hasta que llegó la pandemia casi te diríamos que hacíamos más directos que ensayos. El directo es uno de nuestros lugares favoritos de la Tierra (aunque nos flipa grabar en estudio), y cada concierto es un mundo. Dependiendo del tipo de público y de ambiente hay que saber leer si puedes hacer un concierto más libre, con más hueco para la improvisación, más duro o más íntimo… En ese sentido intentamos funcionar como una banda clásica y no llevar envuelto en plástico un espectáculo acartonado. Las anécdotas durante conciertos son difíciles de recordar porque son como un torbellino, y las anécdotas de antes y después lo mejor es no ponerlas por escrito, por lo que pueda pasar… Pero tenemos muchas ganas de volver a ver a muchos amigos y mandamos mucho amor para la gente de Galicia, de Euskadi, de Zaragoza, Barcelona o Madrid. ¡Habrá más!”.

¿Qué significa para vosotros haber recibido el premio al mejor disco de rock de la Comunidad Valenciana?

“Significa, entre otras cosas, que se legitima un poco más hacer este tipo de rock internacional y desacomplejado que busca enfrentarse a bandas más allá de las que marca la tradición pop-rock española. No es poca cosa”.

Por último, ¿de dónde sale el nombre de Johnny B. Zero?

“En la época de Chuck Berry, el mensaje era ‘Johnny, sé bueno’. El mensaje ahora vendría a ser ‘Johnny, cállate y no seas nada’. Hay que ser igualito que los demás y hacer las cosas de manera que nadie se asuste. Pero si todos hiciéramos eso, en fin, sería una mierda”.

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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

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