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Crónicas

The Waterboys: Un friki de los Stones

«La verdad es que Mike Scott se conserva en un estado de forma genial»

24 noviembre 2019

Sala Santana 27, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

La admiración desmedida no debería notarse en exceso. Perdón por la vulgaridad, pero es un poco como una erección, mejor que pase desapercibida para que no haya malentendidos de ningún tipo. Por lo tanto, siempre será conveniente el velado homenaje, únicamente captado por los melómanos de pro, antes que el fusilamiento de cabo a rabo sin cortapisa ni vergüenza alguna. Lo último es de cutres redomados, mientras que lo primero podría convertirse en una demostración de clase sin parangón, eso que los críticos llamamos influencias bien entendidas.

Lo que le sucede a Mike Scott de The Waterboys con The Rolling Stones estaría un poco entre ambas orillas, por lo menos lo que vimos en su última actuación en la bilbaína sala Santana 27. Un recital rockero a más no poder que no guardaba relación con aquel bolo más relajado que contemplamos hace un par de añitos en el Mundaka Festival. Ya entonces nos sorprendieron las sobradas tablas que se gastaban estos tipos en directo, con una bandaza considerable y un repertorio que tampoco se regodeaba en el folk rock, como uno podría barruntar a poco que conozca al grupo.

Antes de meternos en harina, valga un breve inciso sobre las malas pulgas del líder Mike Scott, que parecía sufrir cierta paranoia insana respecto a los flashes. Ya se nos había avisado con anterioridad a los foteros que nada de eso, y como solemos ser gente de orden, cumplimos las normas a rajatabla, por lo menos los compañeros que un servidor conoce y que tenía a escasos metros. Pero el tipo seguía empeñado, igual que un esquizofrénico que oye voces, en que había por ahí alguien utilizando flash, y no se cortó en interrumpir un tema para amenazar a los fotógrafos de un modo bastante desagradable. Ni qué decir tiene que nos echaron a todos antes del tiempo estipulado. Luego hablando con la peña descubrimos que lo que a este chalao le molestaba no eran los flashes, sino las diminutas luces de autoayuda que salían de algunas cámaras. Los aparatos electrónicos es lo que tienen, a veces despiden algún intervalo luminoso, y eso no es motivo ni de lejos para montar semejante pollo. Esperamos encarecidamente que sus subalternos utilicen utensilios que no emitan ningún tipo de luz, no sea que el pobre hombre se deslumbre.

Al margen de este desagradable incidente, The Waterboys ofrecieron un recital atípico a lo que podría esperarse desde el mismo inicio, pues comenzaron en plan pausado y no tardaron en colar “Fisherman’s Blues”, uno de sus grandes himnos. El poso eléctrico de influencia stoniana no se demoraría demasiado con la homónima “Where the Action Is”, pieza que da comienzo a su más reciente obra, antes de volvieran a sorprender con “The Whole of the Moon”, otro de sus inevitables éxitos. Pero bueno, ¿qué iban a tocar al final entonces?

El rollo bohemio de “A Girl Called Johnny” puso al líder al piano, alejado en una esquina del resto de la banda. La verdad es que Mike Scott se conserva en un estado de forma genial, con una voz impecable y un talento compositivo que no da visos de agotarse. Y además sabemos de primera mano que este tío no se arruga ante nada, ni para echar la bronca a los fotógrafos, ni para cascarse el bolo que le salga de sus partes pudendas. Al que no le guste, al fondo tenía la puerta, esa se antojaba la consigna imperante.

Pero lo cierto es que aquello fue muy entretenido, tanto por los temas como por las excentricidades de Scott, hasta volvió a parar un corte en seco por algún problema que había con su guitarra. Para la sala abarrotada de fans las salidas de tono no parecían un problema serio y alguno hasta lo disculpaba diciendo “¡Es que es buenísimo!”. Eso de los genios de carácter intratable no es ni mucho menos nuevo en la historia de la música, en especial entre los guitarristas, véase Yngwie Malmsteen o Richie Blackmore, que ni siquiera en décadas han logrado superar viejas rencillas con excompañeros.

La cosa siguió aumentando la graduación rockera con “If the Answer Is Yes”, que tira para atrás a los Stones del ‘Voodoo Lounge’ y que en las distancias cortas se antoja realmente espectacular gracias a las dos coristas que se dejaban la garganta. Y “Still a Freak” estuvo dedicada a Keith Richards y compañía, basta de sutilezas, pero era otro corte enérgico a más no poder, así que no se debería reprochar nada.“Medicine Bow” no disminuyó las revoluciones y algo más sí que juguetearon en “Nashville, Tennessee”, que sirvió además para presentar a la banda. La acústica “This Is the Sea” sí que cortó un poco el rollo, aunque no tardaron en volver a saquear a Sus Satánicas Majestades en “Rosalind (You Married the Wrong Guy)”, macarra a tope y con su activo teclista al borde del delirio, tremendo. Electricidad para regalar.

Ya lo hemos dicho en otras ocasiones, pero los solos de batería se nos siguen antojando un coñazo de proporciones bíblicas, pese a que esta vez era por una buena causa, para recordar al gran Ginger Baker de Cream, uno de los grandes baterías de la historia. Y si los guiños stonianos eran algo recurrente, la soberbia “We Will Not Be Lovers” se asemejó a un tema de la trayectoria ochentera en solitario de Jagger, tipo “Just Another Night”, con pique bailongo incluido entre las coristas y el violinista.

Los decibelios habían despertado a las fieras, por lo que los bises se pidieron casi a pleno pulmón, pero no salieron de la misma, se hicieron de rogar un rato antes de regresar. “How Long Will I Love You” no era tampoco para hacer molinos con la cabellera, aunque cumplía su función de entretener con su aire a lo Manic Street Preachers moñas sin caer en el baboseo. Y el cierre no se habría entendido sin uno de los himnos stonianos definitivos, un “Jumpin’ Jack Flash” frenético en el que volvieron a brillar las coristas y el teclas, tanto por sus descomunales habilidades como por sus incesantes movimientos. Vaya fenómenos.

En definitiva, un concierto de un friki de los Stones que superó por completo nuestras expectativas y logró que no nos aburriéramos ni por un momento. Quizás los puristas de The Waterboys reaccionen furibundamente como cuando a Bob Dylan se le ocurrió la brillante idea de electrificarse, pero ya hemos constatado que eso a Mike Scott se la pela a dos manos. Enterremos al folk y demos la bienvenida al rock. Es lo que hay.

Alfredo Villaescusa

Alfredo Villaescusa

Eclecticismo en vena. No hay nadie que no dispare el viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos.
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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

1 comentario

  • Juandie says:

    Buen concierto por parte de THE WATERBOYS en una de las mejores salas rockeras de la lluviosa ciudad de Bilbao que con esos buenos temas que ostentan siguen ofreciendo un directo muy digno a pesar de la veteranía de sus músicos.

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