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Crónicas

Tequila: …Y el tiempo no les cambió

«en un bolo de más de dos horas no parece razonable ponerse a enumerar pegas que dependen más bien de las afinidades de cada cual, únicamente cabría concluir que en lo que respecta a actitud el tiempo apenas les había cambiado. Como si se tratara de una especie de mandamiento del rock, esta gira de despedida es de obligada asistencia para cualquier fiel del grupo. Por siempre Tequila»

Sala Santana 27, Bilbao

Texto: Alfredo Villaescusa. Fotos: Marina Rouan

Incomprendidos tiene que haber en todas partes. Frente a los cerriles apóstoles del pensamiento único está bien que existan discrepantes capaces de dar un juicio crítico al margen de las modas o ideologías del momento. Una osadía que se torna pecado mortal en una época en la que solo se defiende la libertad de expresión para los que piensan igual que uno, a los demás, ni agua. Y si se ponen muy pesados ahí tenemos la justicia para ajustar cuentas, para que ni siquiera las bromas o el humor negro se vayan de rositas.

A los hispano-argentinos Tequila en realidad nunca les tiró demasiado el rollo de la provocación, aunque eso de tocar rock n’ roll en un país atrasado que todavía se despegaba de la pesadilla franquista era un acto subversivo sin precedentes. Y que luego les ninguneara el sector más chic de la Movida madrileña por representar algo tan caduco como la UCD, pues también debió ayudar a la hora de sentirse un poco contracorriente. No hablemos ya de apelar a Chuck Berry o a las esencias stonianas mientras lo que imperaba a nivel de rock patrio poseía un matiz más sinfónico o urbano, véase Topo o Asfalto.

Pero ya se sabe que la verdadera historia la escriben los supervivientes, tipos tan colosales como Alejo Stivel, con una reconocida trayectoria como productor tras la separación de Tequila, o esa suerte de Leonardo Da Vinci contemporáneo llamado Ariel Rot, que recientemente ha demostrado en el programa ‘Un país para escucharlo’ que lo de hacer entrevistas no se le da nada mal. Dos motores de combustión fundamentales para que el vehículo funcione a pleno rendimiento.

Como una nueva despedida podría entenderse este último tramo de conciertos que inauguraron en Bilbao y cerrarán por todo lo alto el 20 de marzo en el WiZink Center de Madrid, pese a que es probable que la cosa se estire en los consabidos festivales veraniegos. Y su bautismo en la capital vizcaína marcó muy prometedores parámetros, con un abultado respetable en torno a las 1.000 personas y un repertorio vigoroso con novedades respecto al de su primera reunión allá por 2008. Para no perdérselo.

Por estar entrevistando a Ariel y Alejo no pudimos catar mucho de los teloneros, Atraco, pero por lo poco que vimos, nos dio la impresión de que de actitud  andaban sobrados y además el personal no dudaba en sumergirse en su contagioso rock n’ roll básico con ecos a lo Burning o a los mismos protagonistas de la velada. Para entretener, ni tan mal. Ni gota de aburrimiento.

Un servidor siempre ha sido muy fan de los cuatro álbumes de estudio de Tequila y por eso mismo acudo a bolos suyos casi por inercia, incluso sabiendo que ralentizan algunos temas y que otros tampoco se parecen demasiado a lo que puede escucharse en disco. Síntomas inequívocos de melomanía crónica que justifican paseítos para contemplar a auténticas leyendas del rock patrio. Con esto se inició todo en la piel del toro.

Y nada mejor que, a modo de pistoletazo de salida, apelar a esa estampa tan pintoresca que evoca “Rock & Roll en la plaza del pueblo”, uno casi hasta puede imaginarse a los lugareños de cualquier lugar recóndito flipando con los melenudos reunidos en torno a un escenario, viejos resabios de la España post desarrollista.

Siguen conservando descaro juvenil en “Mira esa chica”, donde además nos regalan poses míticas con Alejo y Ariel cantando en el mismo micro en plan Jagger y Richards, antes de meter más leña en la caldera con ese “Matrícula de honor” que debería poner en pie a toda persona de bien. Tal vez les quedara algo lenta en comparación con el trallazo de estudio, pero resultaron impagables los solos de Ariel, una de las grandes estrellas de la velada.

A Alejo, por otra parte, se le notó muy activo, con frecuentes acrobacias y una voz impecable por la que parece no haber pasado el tiempo. Se atrevió incluso a intercalar un fragmento del “Blue Suede Shoes” popularizado por Elvis en “Mister Jones” y hasta bromeó con el público por los abucheos suscitados por su intención de tocar “canciones de amor”. Hubo que transigir, eso sí, con el medio reggae de “El barco”, aunque les quedara tan bien que la elección se tornara acertada.

Un regalo para los fans fue “Dónde está mi brújula”, de su último álbum de estudio, de 1981, y que era la primera vez que tocaban en directo, según anunció el vocalista. Volvieron a la modernidad con “Yo quería ser normal”, su primera pieza nueva tras más de tres décadas a colación de la BSO de la película ‘Superlópez’, y regresaron a su época gloriosa con el desenfadado funk bailongo de “Quiero besarte”. La escalera situada en una esquina de las tablas valió de improvisada pista de baile.

Otra sorpresa estuvo en “Rock and Roll”, homónima que daba nombre a su segundo trabajo y que sirvió a Alejo para reivindicar el rock. “¿Alguien se imagina cantando reggaetón, reggaetón?”, en alusión al pegadizo estribillo de la canción. “Las cosas que pasan hoy” debería figurar sin problemas entre sus piedras angulares y algo de refilón les toca también Moris y su mítico “Sábado a la noche”, que Ariel cantó e interpretó como un señor, no en vano él se encargaba de la guitarra solista en aquel ‘Fiebre de vivir’ de 1978.

Los riffs rotundos y stonianos de “Ring Ring” colocaron una pica en Flandes, al igual que “Y yo que sé”, que en su día versionaron de manera muy peculiar Extremoduro y Platero y Tú para el homenaje ‘Mucho Tequila’. La nostalgia se apoderó de Alejo al recordar al maduro respetable que, en 1982, en España se celebró un mundial cuya mascota se llamaba “Naranjito”, algo que por edad a un servidor le suena muy lejanamente. Una introducción perfecta para desatar el lado sensible antes de la nuevaolera “Es solo un día más”, otra joya.

El carismático cantante todavía se atrevió a más con “Yo era un animal”, crónica de una vida de excesos procedente de su trayectoria en solitario, y también hubo recuerdo a Los Rodríguez con la comercial “Mucho mejor”, la verbenilla facilona de la velada. Anda que no tiene mejores temas la banda de Calamaro y compañía como “Canal 69”, “A los ojos”, “Mi enfermedad” y hasta “Sin documentos”, si me apuran. Cuestión de gustos.

Volviendo al repertorio de Tequila, hubiéramos preferido “Número uno” antes que la inocente baladita “Hoy quisiera estar a tu lado”, y del mismo modo también nos habríamos decantado por “Esta chica no es para mí” en vez de una deslucida “Nena”. “Que el tiempo no te cambie” la utilizó el PSOE para una campaña electoral de Zapatero, pero semejante oda al bipartidismo no le resta ni un ápice de su atractivo en las distancias cortas. Quizás “Dime que me quieres” la conozca hasta el vecino del quinto, aunque eso no quita para que deba considerarse todo un temón de power pop. Eso lo sabe de sobra el estadounidense Kurt Baker, que hasta la rescata en su álbum en directo ‘Muy Mola Live!’.

Y no se podrían olvidar de “Me vuelvo loco”, con su legendario grito del inicio y que convirtió la sala en un guateque con tanto señor bailando. En los bises no anduvieron finos con las ínfulas sinfónicas de “Ya soy mayor” o recuperando de nuevo el estribillo de “Rock and Roll en la plaza del pueblo”, menos mal que no tardaron en pisar el acelerador con “Necesito un trago”, algo que en realidad le hace falta a la mayoría y no lo sabe. El regreso a la verbena era inevitable con el ska “Salta”, así que asumimos el hecho con naturalidad mientras pensábamos que se habían cascado el cuarto disco casi enterito, a excepción de nuestras preferidas, claro. Cagüen.

Pero en un bolo de más de dos horas no parece razonable ponerse a enumerar pegas que dependen más bien de las afinidades de cada cual, únicamente cabría concluir que en lo que respecta a actitud el tiempo apenas les había cambiado. Como si se tratara de una especie de mandamiento del rock, esta gira de despedida es de obligada asistencia para cualquier fiel del grupo. Por siempre Tequila.

 

Alfredo Villaescusa

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Eclecticismo en vena. No hay nadie que no dispare el viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos.
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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

1 comentario

  • Juandie says:

    Otro gran concierto de los históricos TEQUILA por la rockera Bilbao como colofón a su gira de despedida. Se les echará de menos para nuestro Rock.

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