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Crónicas

Royal Republic + Blackout Problems: Estrellitas de oropel

«Si en The Hives todavía resuena su vertiente punk, ni rastro de eso hay en Royal Republic, alguna cosa a lo Mando Diao ya es para darse un canto en los dientes. Demasiada pose y poca actitud.»

9 noviembre 2019

Kafe Antzokia, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Royal Republic

Ya lo hemos dicho en otras ocasiones, pero nunca nos cansaremos de recordarlo. Por un lado está la música con agallas y luego todo lo demás. Pocos vestigios de autenticidad quedan en una sociedad sumisa por completo al postureo y a esa tiranía de las redes sociales en la que la aceptación o el rechazo parece una cuestión de vida o muerte que puede sumir a cualquiera en la más absoluta miseria. Pero todavía tenemos la esperanza de dinamitar el sistema desde dentro, según nos enseñaron aquellos visionarios punks del 77. Demoler hasta las cenizas y que eso sirva de cimientos para una nueva base. La terapia de la destrucción.

Tales pensamientos apocalípticos nos rondaban al salir del bolo de los suecos Royal Republic, combo que venden como una mezcla entre The Hives y Mando Diao y en realidad tampoco tiene mucho que ver con ninguno de los dos. Bueno, quizás con los últimos sí que guarden alguna relación, por lo menos a la hora de dar la nota. Rememoramos aún con cierto malestar en el estómago aquel numerito que montaron en un Mundaka Festival en el que acabaron todos sin camiseta en el escenario como una panda de guiris borrachos. Para olvidar.

Aquella noche no presenciamos ningún detalle tan grimoso, aunque hubo palmas a tutiplén y por supuesto no faltó esa mítica garrulada del “oe, oe, oe” que nos consolida como país subdesarrollado a ojos extranjeros. Venga, pasemos a lo positivo. La sala por lo menos andaba a reventar de jóvenes que desde luego animaron el cotarro, seguramente con la ilusión de los que van a sus primeros conciertos. El entusiasmo justificado quizás sea de las cosas más maravillosas del mundo.

Blackout Problems

No conocíamos demasiado de los teloneros, Blackout Problems, aunque tal vez hubiera sido mejor no haber sabido nunca nada de ellos. La advertencia del personal de seguridad de que permaneciéramos tomando fotos el menor tiempo posible nos daba a entender que igual emplearían pirotecnia o algún efecto similar. Nada más lejos de la realidad, pues necesitaban las escaleras libres para acercarse a la peña y toda una retahíla considerable de trucos para convalidar el título de estrellita del rock, como hacerse un corro en medio de la muchedumbre, subir al segundo piso y demás hazañas que ya hemos visto hasta hartarnos.

Y la música no se salvaba tampoco de la quema, con ese manido emo pop/rock de estribillos comerciales, el consabido toque dubstep o electrónico para parecer modernos y una actitud más falsa que la sonrisa de Albert Rivera. Puro oropel para agradar a las masas. Nos sobraban años y discos para apreciar algo así.

Lejos de que los lectores piensen que la ira corre indefectiblemente por mis venas, confieso que varios temas de Royal Republic me resultan muy agradables, pese a opinar que la comparación con The Hives no se sostiene bajo ningún aspecto. Cierto es que comparten esa obsesión por obligar a su respetable a participar en los bolos, pero un cara a cara entre el histriónico vocalista Adam Grahn y el inquieto Pelle Almqvist se saldaría en una clara victoria a favor de este último por su espectacular dominio del castellano, algo que posibilita que se meta a los fieles en el bolsillo en cuestión de segundos. Su actuación en el Mad Cool del 2019 fue un ejemplo de ello.

Adam Grahn (Royal Republic)

Tras una intro pomposa, pegaron fuerte con la enérgica “Fireman & Dancer” antes de desatar el bailoteo indiscriminado en el recinto con “Can’t Fight The Disco”, un saqueo a paladas de los ochenta. Mantienen el tipo con una pieza hard rockera como “Under Cover” y se acercan a sus requetecomparados paisanos The Hives con el frenético rock garajero de “Getting Along”. Para captar el interés, ni tan mal.

La cosa se empezó a torcer cuando nos deleitaron con varias tretas para perder el tiempo, por ejemplo, uno de esos solos de batería gratuito total que probablemente no interesaría a nadie. Tampoco hacía falta montar toda una ceremonia en torno al hecho de lanzar la guitarra al aire para que la pillara un pipa en el otro extremo. Muy bonito, pero lo que queríamos era música.

En “Underwear” afilan tímidamente sus garras, aunque por lo menos ya vale para que se baile y agite la melena. Y “Like A Lover” por su pegadizo estribillo hasta podría pasar por un tema del ‘Adrenalize’ de Def Leppard. Un viaje a la época de los cardados que certificaron al sacar un teclado vintage de los de colgar al hombro para interpretar las primeras notas del trilladísimo “Jump” de Van Halen. Y luego tocaba el inicio de “The Final Countdown” de Europe, otra que nadie conoce. Para los veteranos este tramo fue como si nos echaran ácido por los oídos.

Recuperaron la cordura con la animada “Stop Movin’”, que fue recibida con palmas a tope y un griterío impresionante. Las coreografías de los suecos ayudaban al despiporre, como cuando se colocaron los tres mástiles en fila, igual que un dibujo animado, o cuando su vocalista confesó que estaba enamorado de “su voz”. Y si “Boomerang” no mueve al personal por su ritmo excesivamente bailable, pues apaga y vámonos. Su repertorio no escaseaba de este tipo de momentos para fundir la pista.

Jonas Almén (Royal Republic)

“Walk!”, con su aire a Beastie Boys, vale asimismo para seguir espoleando el fiestón antes de que vuelvan a abrir el tarro de la nostalgia ochentera con “Tommy-Gun” y el voceras, Adam, se pirara por el segundo piso y acabara punteando en las alturas cual Angus Young. Pero había todavía más show. Pidieron una chica para “sujetar la guitarra” y la agraciada resultó una muchacha de buen ver que se llevó una púa y un beso del cantante en los morros de regalo, pese a que ella ofreciera de primeras la mejilla. Menudo peligro tenía este tío.

Se despidieron con “Anna-Leigh”, expolio sin contemplaciones a INXS, basta escuchar “Need You Tonight”, “Suicide Blonde” o cualquier otro de sus grandes éxitos. Con los ánimos exacerbados en la sala no iban a tardar demasiado en regresar y así lo hicieron con el tedioso “oe, oe, oe” a guitarra. Por fortuna, lo arreglaron con la frenética “When I See You Dance With Another”, y luego sorprendieron preguntando al respetable si preferían “el nuevo o el viejo heavy metal”. Una cuestión que redujeron a la disyuntiva Iron Maiden o Metallica. Ganaron los fans de los de negro, así que por ahí sonó un “Battery” muy logrado. Quizás lo mejor del concierto.

La despedida final de “Baby” no nos sacó de la impresión de que en el terreno de rebuscar en los ochenta sus compatriotas H.E.A.T. les podrían dar sopas con honda, con mayor naturalidad además. Y si en The Hives todavía a día de hoy resuena su vertiente punk en singles tan rotundos como “Good Samaritan”, ni rastro de eso hay en Royal Republic, alguna cosa a lo Mando Diao ya es para darse un canto en los dientes. Unas estrellitas de oropel con demasiada pose y poca actitud.

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1 comentario

  • Juandie says:

    A su manera estas dos bandas con músicos veteranos dieron dignos recitales en una de las salas mas históricas de Bilbao aunque su propuesta por mi parte no sea de mi agrado.

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