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Crónicas

Mr Goliath + Playa Nevada: ying yang de emociones

«Técnicamente lo tienen todo, y esa chispa vale oro»

15 noviembre 2019

Sala Honky Tonk, Madrid

Texto y fotos: Rubén del Amo Gálvez

Era una noche especialmente fría la del pasado 15 de Noviembre. Nos recibía la mítica sala Honky Tonk en una calle Covarrubias inusualmente lúgubre.

Mr Goliath

Vamos a pasarlo bien, que es lo que se ha dicho”. Toda una declaración de intenciones de Pablo, guitarra y voz de Mr Goliath, para abrir una noche con más ganas de rock and roll que público. Suena el riff rompedor de la primera rola: “Romperme en dos”, un rock and roll que ilumina a un baterista bestial, con un dominio evidente del groove. La canción, templada en su intermedio, explota en un sinfín de repeticiones de su estribillo homónimo. Un tema que juega muy inteligentemente con las tensiones y las texturas, convierte los primeros minutos de show en una impactante carta de presentación. Aquí se va a quemar madera. Como si no hubiese pasado nada, todos los presentes acudimos a la llamada a primera línea de playa. El “Feel Good Hit of the Summer” de los Queens of the Stone Age comenzaba a sonar, proclamando eso de “Nicotine, valium, vicadin, marijuana, ecstasy and alcohol… cocaine!”. Una adaptación de este temazo basada en un compromiso entre bajo y batería que otorga a la guitarra la posibilidad de jugar a sus anchas. Algún detalle coral hubiese sido la guinda del pastel para esta señora versión.

En un escenario tan sumamente ancho y poco profundo, parecía perderse la vista entre los músicos, pese a que la conexión era palpable. Con “Vuelvo a sentir” la psicodelia entra en escena, los flanger en la guitarra, una clásica reverb setentera y el ritmo frenético y percutido recuerdan que la música te puede dar mucho, hasta regresos al pasado: estos muchachos han mamado del puro estilo Hendrix, puros Yardbirds. Una de las cosas que más me agradaron del show fue la fina elección del orden de los temas. El cuarto corte fue instrumental. Una introducción con sonido limpio tipo Fender y una cuidada hall reverb, seguida de una débil dinámica inicial que, saliendo de los parámetros, me recordaba a los pocos pasajes sosegados que se puede encontrar uno en la discografía de los System of a Down.

Mr Goliath

La banda comienza a preparar un blues rock con solos de guitarra templados, bien ejecutados con dos dinámicas diferenciadas: la tranquilidad del inicio frente a la subsecuente explosión. Este grupo es un ying yang de emociones. Miden la canción y la ponen donde quieren. Así es “Mi adicción”, una voz clara que se rompe en las necesidades de rabia dilapidando el destino de “un esclavo informal de esta vida en declive”. El cuerpo del concierto dio cabida al rock de los setenta, clásico y teórico, extraído de un libro. Se sucedieron un par de versiones que acogieron en este templo del rock al icono de esta banda: Jimi Hendrix, como no podía ser de otra manera. No olvidemos que éste es un estilo difícil de defender por la alta competencia, pero con esta fórmula es cuestión de tiempo que aparezca en el radar de más y más gente. Unos cimientos rítmicos que acompañan al milímetro a una guitarra muy rebelde.

La última canción fue algo bárbaro: cuatro misiles hacia los parches seguidos de la guitarra y bajo. En un riff rebelde, la guitarra comienza a chillar como si Matt Bellamy en sus tiempos destructivos estuviese a los mandos, pero claro… Esto es blues rock, y al blues nos debemos. “No tengo miedo” implora la canción que invita a desatar a la bestia. “Besar el suelo y levantar” – implora-, con un groove rítmico propio de los RATM, Mr Goliath daban entrada a un brutal solo final. El epílogo de la canción dejó constatado que el habilidoso baterista de estos titanes es una fiera a las maderas. Técnicamente lo tienen todo, y esa chispa vale oro. Como puntos de mejora, cabría resaltar la interacción con el público, la definición de la voz así como el arreglo de coros.

Playa Nevada

Los encargados de cerrar la velada fueron Playa Nevada. Una valiente y arriesgada propuesta que aúna samplers disco, una voz altamente reverberada y líneas de bajo que recuerdan al funk y guitarras melódicas y juguetonas. La complicidad con el público fue en aumento, y esta banda, a golpe de métrica y con arpegios limpios, nos evadió a ambientes sureños con temas de corte surf donde el jefe es el bajo y malcría a una guitarra pícara, afilada y juguetona.

Te quiero. Adiós. Quiero que me olvides. Adiós.” Una guitarra empastada con la voz como si ambas fuesen pareja definen una canción rica en registros. Playa nevada trata muy bien las tesituras de sus instrumentos y eso se traduce en riqueza en las texturas. Son capaces de afinar beat lentos y bajos prominentes, cortes que doblan el ritmo y apuntan a algo a caballo entre el surf y un rock más escolástico. Dos temas en uno: dos estados de ánimo. Muy diferentes a sus compañeros de tablas, Playa Nevada reactivaron al pueblo allí presente y dejaron en nosotros un agradable zumbido en los tímpanos. Decibelios de calidad.

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1 comentario

  • Juandie says:

    Dignas actuaciones en esta buena pero pequeña sala madrileña por parte de estas dos cojonudas bandas el cual se hizo bastante corto dicho concierto.

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