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Crónicas

Godspeed You! Black Emperor + Light Conductor: Desafío al sistema

«La democratización suma del hecho artístico. Una comuna igualitaria en la que todos los miembros gozaban de la misma condición. El desafío al sistema establecido se había consumado. Sin reglas ni límites»

Kafe Antzokia, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Godspeed You! Black Emperor

Allá por nuestra juventud teníamos un colega que le daba bastante a los porros, por cuyo corazón latían ideas anarquistas. Por aquel entonces eso nos parecía de un exotismo sin precedentes, casi como ver un perro verde, y más en una tierra donde lo normal a la hora de votar es elegir entre uno o dos partidos. Así que en momentos de borrachera o de puro subidón, simplemente para agasajar al admirador de Bakunin, solíamos gritar como locos “¡Anarquismo al poder!”, a lo que el susodicho no tardaba en corregirnos diciendo “No, no, contra el poder”. Y así pasábamos el tiempo entre trago y trago.

De esta anécdota precisamente nos acordamos al tener la constancia de que los canadienses Godspeed You! Black Emperor eran un colectivo con inclinaciones anarquistas, algo por lo que en Estado Unidos te pueden hasta confundir con un terrorista, como les pasó a sus mismos miembros en una estación de servicio de Ardmore, Oklahoma, con una empleada dando aviso a la policía local antes de que el FBI tomara cartas en el asunto. Ahí anduvieron tres horas antes de que les soltaran, no sin dar unas cuantas vueltas a los documentos antigubernamentales que poseían, así como algunas extrañas fotos de pozos petrolíferos. Ya ni siquiera es posible cultivar determinadas aficiones.

Light Conductor

Hay grupos cuyo solo nombre es sinónimo de exquisitez, buen hacer y un prestigio descomunal. Con estas luminarias del post rock sucede un poco eso, pues el recinto estaba a reventar, aunque a muchos seguramente les tiraría más la reputación del evento que el concierto en sí. En ámbitos de marcado tufo elitista ya se sabe que lo importante es aparentar, fingir que a uno le interesa todo, aunque en realidad se trate de una brasa descomunal. Igual que esos tipos que al leer un libro se sujetan el mentón. Que se note a la legua que somos interesantes.

Tal vez porque el vulgo no lo merecía, o por cualquier otra oscura razón, pocos se enterarían de que antes tendríamos el concurso de Light Conductor, proyecto ambiental de Jace Lasek y Stephen Ramsey, que le daban a los sintetizadores analógicos con una alegría solo apta para verdaderos forofos. Aquella suerte de prolongada intro se nos hizo más larga que un día sin pan, menos mal que luego cambiaron diametralmente de rollo al colgarse guitarras e invitar a un vocalista para acercarse al shoegaze, algo que en las distancias cortas posee mayor pase que la electrónica minimalista. Para estar “fumao” debería ser genial.

Y si te van los ácidos y demás sustancias psicotrópicas, Godspeed You! Black Emperor son una opción infalible para alcanzar elevados estados de conciencia. La pantalla gigante proyectando la palabra “Hope” (Esperanza) se combinaba a la perfección con todos esos cachivaches que habían convertido el escenario en una especie de local de ensayo. ¿Quién dijo que era preceptivo oficiar en lugares impolutos como si los hubiera ordenado Marie Kondo? ¡Viva el caos! ¡Abajo los fascistas del orden!

“Hope Drone” sirvió de descenso a los infiernos de luz roja tenue que presidirían la velada y que no cambiarían en ningún momento. Tampoco la peculiar disposición de los canadienses, que se colocaron sentados en círculo como si estuvieran en una reunión de activistas. Una estampa fuera de lo común que completaron con dos baterías y un bajista situado en una atípica posición central. Desde pequeñitos siempre nos enseñaron que en clase había que mirar al centro, independientemente de lo que hubiera allí, pero cuando el foco de atención se desplaza, sobreviene esa angustia existencial que habita más allá de la zona de confort.

Godspeed You! Black Emperor

Redobles de batería como galopar de caballos o sugerentes intervalos eléctricos que a menudo desembocaban en un in crescendo guitarrístico valieron para que la concurrencia se metiera de lleno en su rollo, pero sin expresarlo tampoco demasiado. Porque estos tipos eran antiestrellas totales, iban tan de incógnito que cualquiera con desparpajo hubiera podido subirse a las tablas y tocar sin dar explicación ninguna. Lo opuesto al divismo.

Enigmáticas imágenes de bolas con números o de explosiones sazonaban el recital y daban la sensación de que se trataba de un espectáculo medido al milímetro. No en vano lo que veíamos por la pantalla procedía de proyectores analógicos de esos de carretes enormes como los que se utilizaban antaño. Una labor de la que se encargaba con esmero otro tipo desde el piso superior.

Resabios de épocas pasadas.

Pese a que contemplar aquello fuera todo un espectáculo, algunos no dudaban en sentarse en las escaleras para apreciar mejor los matices, y tal vez echar una pequeña cabezadita. Porque había que estar hecho de una pasta diferente para aguantar esa sucesión de temas que se antojaban inacabables y que en ocasiones remitían a The Velvet Underground por su uso del violín. Esto era una pura delicatesen del post rock, pero había que pillarlo con ganas. Y si justo ese día no te apetecían lentejas, no había nada que hacer.

Estampas de revueltas y antidisturbios precedieron a la culminación del acto antisistema, con los instrumentos ahí tirados fundidos en un sonoro acople mientras se iban despidiendo con idéntica pompa a la que entraron, es decir, ninguna. La democratización suma del hecho artístico. Una comuna igualitaria en la que todos los miembros gozaban de la misma condición.

Sonaron aplausos y hasta algún irrintzi vasco, prueba evidente de que el personal había quedado satisfecho. Sin quitarles mérito, lo cierto es que tal vez disfrutamos más con su proyecto paralelo, Thee Silver Mt. Zion Memorial Orchestra, pero eso ya sería cuestión de gustos. El desafío al sistema establecido se había consumado. Sin reglas ni límites.

Alfredo Villaescusa

Alfredo Villaescusa

Eclecticismo en vena. No hay nadie que no dispare el viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos.
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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

2 comentarios

  • Juandie says:

    No estuvieron mal estas dos bandas de estilos diferentes en esta histórica sala bilbaína que a su manera lograron que la peña saliese satisfecha de su buen recital.

  • Godspeed Fuck you! Black says:

    Que solo comentes Hope drone que no es ni canción …solo es intro… y que ni nombres que después de la intro sonó la escalofriante Moya o que cerró con la espectacular BBF3 es incomprensible. Supongo que serías del club de los elitistas..

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