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Crónicas

Ennio Morricone: Éxtasis cinéfilo

«Un banquete supremo para gourmets de la música de verdad, al margen de estilos o etiquetas»

BEC, Barakaldo (Bizkaia)

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Cualquiera que haya salido al extranjero en sus años mozos probablemente haya experimentado la situación siguiente: Tus anfitriones te quieren agradar, pero como tienen una visión tan estereotipada de tu país no se les ocurre otra cosa que poner algo de flamenco o, peor todavía, ese himno único en el mundo que no posee letra y que, en mi caso, en vez de elevarme el orgullo patrio lo que me produce es verdadera vergüenza ajena. Pones cara de tierra trágame y rezas para que no se encuentre por las inmediaciones ningún extremista y la líe parda. Es lo que sucede cuando se secuestran símbolos que deberían ser de concordia.

Habida cuenta de que en esta ingrata piel de toro determinadas melodías no consiguen en absoluto unir al personal, quizás deberíamos olvidarnos de ellas y recurrir a otras que susciten mayor aclamación popular. Por ejemplo, el tema central de la película ‘El bueno, el feo y el malo’ de Ennio Morricone, una mítica BSO que ya han empleado como introducción a sus conciertos grupos como Ramones, o más recientemente Metallica, cuyos recitales no se entienden sin  “The Ecstasy of Gold” sonando a todo volumen. Pero no han sido los únicos, entre muchos otros, también The Mars Volta se han rendido al encanto del maestro italiano, por no hablar del “Knights of Cydonia” de Muse, pieza morriconiana al cien por cien.

Como aficionado al rock en sentido aperturista y a los spaghetti-western de Sergio Leone en particular, era obligado acudir a la despedida de los escenarios del genio Morricone, responsable de la música de más de quinientos filmes y quizás uno de los compositores vivos más importantes de todos los tiempos. Daba igual que tal vez nos saliéramos un poco de tiesto, al protagonista de la noche nunca le asustó mezclar estilos a priori antagónicos, así que a nosotros tampoco nos iba a imponer lo más mínimo un concierto con instrumentación clásica.

El despliegue que se había montado para la ocasión era para verlo. Más de doscientas personas encima de un escenario entre un colosal coro situado en la parte trasera y una mastodóntica orquesta capaz de emitir cualquier sonido imaginable. Una suerte de guardia pretoriana de violinistas y violonchelistas rodeaba al maestro como si le protegieran de alguna especie de mal, mientras los restantes miembros ejecutaban su labor encomendada como si pertenecieran a un ejército en el que no cabían los individualismos sino la preservación del bien común. La música en sí misma.

Con un leve retraso respecto a la hora acordada, la leyenda Ennio Morricone irrumpió desde una especie de cubículo situado en un lateral, saludó con una reverencia al respetable, tomó posición en su asiento reservado en el centro del meollo y desenfundó la batuta para acometer un bloque dedicado a ‘Los Intocables de Eliot Ness’, banda sonora que le valió la nominación al Óscar en 1987. Un plato fuerte de entrada para los entusiastas del séptimo arte.

A estos últimos parecía por completo dirigido el espectáculo, con piezas fácilmente reconocibles para los tipos con cierta cultura general y otras cosas más oscurillas, de esas que cuando las mencionas te quedas con la peña. Ahí englobaríamos la laureada “The Dreams Go On” de ‘La tienda roja’, y puede que también ‘Novecento’, una de esas exquisiteces de Bernardo Bertolucci de las que dan ganas de fumarse un puro a su salud. Y a la de la musa Eva Green, por supuesto.

Morricone no fue ajeno al universo Almodóvar, fruto de aquella colaboración interpretó el tema homónimo de ‘¡Átame!’ antes de subir a un nivel superior con “Ostinato ricercare per un’ immagine”, una composición sosegada para tomarse unas pastitas. Lástima que los asientos del recinto siguieran siendo esas sillas playeras infumables del bolo de Bob Dylan unidas por una cuerda que impedía un elemental espacio vital. Y que a nadie se le ocurriera salir para ir al baño, pues no te dejaban entrar hasta el comienzo de la siguiente pieza. Como en la ópera. Un evento de alto copete.

La aparición de la soprano Susanna Rigacci en “Nostromo” y luego en el bloque dedicado a Sergio Leone fue el colofón absoluto de la velada, el motivo por el que estábamos ahí rodeados de gente bien de los que te miran el tamaño de la nómina. La parroquia aplaudió entusiasmada en cuanto reconoció el hipnótico silbido de “Man With a Harmonica”. Y aleluya, por fin escuchamos una guitarra que producía un efecto sobrecogedor a medida que se iban incorporando más elementos. Para cuadrarse. “The Fortress” fue otro de los instantes que justificaban la visita, antes del orgasmo, el clímax total con el tema central de ‘El bueno, el feo y el malo’, con la percusión desmelenándose y el coro de voces recias para ir a montar a caballo en pleno in crescendo. Enorme. Una obra maestra coronada por “The Ecstasy of Gold” con la soprano lanzando agudos imposibles que lo mismo podrían ser balas. Poncho y mascar tabaco, complementos indispensables.

Después de escuchar aquella maravilla épica, uno ya se podía volver a casa con la conciencia tranquila, pero lo cierto es que el segundo tramo, tras el intervalo de 35 minutos de rigor, no se tornó para nada espeso, suponiendo que te guste un poco el cine, claro. Siguieron en clave spaghetti-western contemporáneo rescatando “Last Stage Coach To Red Rock” de ‘Los odiosos ocho’ de Tarantino, un trabajo que le valió al italiano una estatuilla hace escasos años.

El apartado denominado “cine social” contó con la colaboración de la portuguesa Dulce Pontes y se inauguró con la pieza homónima de ‘La luz prodigiosa’ antes de marchar hacia el frente en “La batalla de Argel”, de la peli ítalo-argentina del mismo nombre de 1966. Y evocaron el suspense con una melodía como de clavicordio y leves trazos de una guitarra allá en lontananza en “Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha”. Hubo otro broche de altura en “Aboliçao” del filme ‘Queimada’, con el coro muy animado en plan Vangelis, y hasta nos pareció escuchar por ahí un irrintzi, el grito de guerra vasco.

El fragmento final estuvo dedicado a la obra maestra ‘La Misión’ y su inolvidable “Gabriel’s Oboe”, reconocida al instante por la afición, aunque donde más brillaron la orquesta y el coro fue en “On Earth as it is in Heaven”, una despedida con voces eclesiásticas, trompetas y demás vientos desatados, casi como si les persiguieran. El maestro se incorporó, saludó como el Papa en la plaza de San Pedro y desapareció de nuevo hacia su cubículo, sin pronunciar palabra alguna.

Pero hasta los divos más absolutos no pueden obviar la sagrada tradición de los bises, menos todavía ante unos fieles tan entregados, por lo que regresaron todos para “Cinema Paradiso”, otra banda sonora inolvidable y de visión obligada para cualquier millennial desnortado. Y no entendimos muy bien por qué un tipo que tiene piezas para regalar tuvo que repetir “The Ecstasy Of Gold”, volvió a ser algo supremo, y “La luz prodigiosa”, de nuevo con Dulce Pontes prestando las cuerdas vocales. Nos quedamos con las ganas de oír en directo la aguerrida y desértica “Por un puñado de dólares” con un coro de machos alfa dándose golpes en el pecho después de beber whisky como cosacos y mascar tabaco. Una pena.

No cabe duda de que habíamos presenciado un espectáculo de esos que tal vez solo se ven una vez en la vida, Morricone con 90 palos no estará ya para muchos trotes. Un éxtasis cinéfilo más para amantes del séptimo arte que de los bodrios infumables de sobremesa. Un banquete supremo para gourmets de la música de verdad, al margen de estilos o etiquetas. Seguro que el propio Ennio jamás imaginó que influiría tanto en el rock durante décadas. Unos lingotazos a su salud, maestro.

 

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7 comentarios

  • Juandie says:

    No dudo que este histórico compositor como director de orquesta diera un buen concierto a su manera en el mejor recinto de Barakaldo pero la verdad que ha contribuido con su talento a algunas de las mejores Bandas sonoras de películas y como intro en los conciertos de METALLICA.

  • Fran says:

    Y a quien coño Le importa este tío…. Mariskalrock estas ya perdiendo la cabeza ya no sabes que poner tío que será lo próximo el nuevo lanzamiento de Pablo alboran.. Y sobre lo primero si te refieres al himno español… Pues si te da asco España… Pues en España vives y te da de comer… Hay lo dejo porque se puede decir más… Pero bueno tío… Espero que yo con 65 años que tengo no llegue a esta situación

  • Juandei says:

    Que te da verguemza el himno de tu pais, ajam, muy bien, ya sabemos lo imbecil que eres, pero eso que tiene que ver con Morricone

  • Tryum says:

    Y no dejáis de ser, unos jodidos fachas…, como cantaban Hamlet (Fran & Juandei). Y en el caso de Fran, se ve que la incultura te ha hecho mella, entre los comentarios patrios y, vamos, comparar a Pablo Alborán con el maestro Ennio Morricone… En fin, como decía otro maestro: dios mío, dame paciencia, pero ya!

  • Víctor Verdejo says:

    La música en general y Ennio Morricone en particular son la música sin fronteras, sin patrias.
    Eché en falta para mí la mejor banda sonora de la historia. Cualquier tema de la gran película de Leone ” Érase una vez en América”.
    Buena crónica. Un saludo

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