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Crónicas

El Drogas: Hablar poco y tocar mucho

«No abundan los grupos que ofrecen a los fieles un recital de tres horas como mandan los cánones, así que deberíamos ensalzarlos y conservarlos como si se tratara de una especie protegida»

4 enero 2020

Kafe Antzokia, Bilbao.

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Dicen que existen lugares en el planeta en los que puedes experimentar las cuatro estaciones del año en un solo día. Esto es, un amanecer con el sol pegando fuerte al que le sorprende un viento repentino que desemboca en lluvias torrenciales. Y luego, a modo de ironía del destino, una vez que todo está empapado, vuelta al calor para desesperación absoluta del que sufre semejante periplo climático. Las largas travesías en ocasiones no producen fervientes partidarios.

Un viaje similar al descrito en el párrafo anterior, con primavera, verano, otoño e invierno integrados en un concierto, es lo que ofrece en esta gira de El Drogas. Casi podría afirmarse que se trata de lo esperable después de editar un disco quíntuple, muestra de una apabullante fortaleza compositiva y en el que encontramos desde el incisivo rock urbano por el que se hizo famoso hasta piezas acústicas u otras cercanas al cabaret fantasmagórico de Tom Waits o Nick Cave. Un paso más en la senda de lo que entenderíamos por cantautor, una palabra que todavía sigue suscitando miedos atávicos en los que se imaginan a un tipo con chaqueta de pana y una guitarrita cantando canción protesta.

Con las entradas agotadas con una antelación considerable, era evidente que el Kafe Antzokia presentaría ambientazo de bolo desde temprano, pese a que en ciertos momentos no se notara tanta afluencia, por ejemplo, en los tramos más decadentes del repertorio del ex Barricada. Habría que estar provisto de amplias miras para disfrutar la versátil propuesta de la velada, una sesión de las largas con más de 40 temas que se cascaron entre pecho y espalda. El equivalente musical a una opípara cena navideña.

Desde luego, El Drogas se puede permitir osadías que en otros serían inasumibles, como comenzar un recital de la manera más reposada posible con “Tienes dos manos” y “Al salir la luz”, dos piezas acústicas con el carismático voceras sentado al piano y Flako armado al contrabajo. Una curiosa estampa que no es la que uno esperaría en un bolo de rock n’ roll, aunque también les hemos visto oficiando relajadamente mientras entraba la peña a la sala, como en aquella gira llamada ‘Te cantamos las 40’.

Añaden malditismo en “La mala suerte”, con su inefable atmósfera a lo Tom Waits, y profundizan en esa senda noctívaga en “Con ridículo sombrero”. A los fans de toda la vida les pillaría también con el pie cambiado el blues tradicional de “Nácar blanco y granate”, pero el que fuera voz de Barricada es perro viejo, y antes de que algunos comiencen a protestar o a poner cara de póker cambia de rollo de forma radical con “Intoxicación”, todo un trallazo para levantar al personal.

Muy guapo estuvo el tramo dedicado al álbum ‘Europa (Timbre Oxidado)’, con cortes a degüello cercanos al punk tipo “Pena de muerte” o “Besos de asco”, algún coro hasta gutural y solos de guitarra macarras en la onda de Backyard Babies o Turbonegro, premisas básicas para incendiar cualquier garito.  Pero el repaso no fue completo, pararon a la mitad con “Se termina ya”, aunque siguieron enseñando los dientes con “Peineta y mantilla”, que suena tan actual como si hubiera sido escrita ayer mismo, y un “Come elefantes”.

El Drogas tocando el piano

Con un repertorio tan ambicioso que pretendía cubrir al máximo posible el quíntuple último esfuerzo, era muy importante dosificar el material. Para ello, nada mejor que intercalar clásicos de Barricada del calibre de “No hay tregua” o “En la silla eléctrica”, dos himnos imbatibles a la hora de elevar las gargantas y que funcionaban de idéntica manera a un puré bien triturado para no ver las verduras. Sanísimo.

El recuerdo a Txarrena llegó con “Así”, puro hard rock macarra que siempre epató en las distancias cortas, al igual que “Frío” de Alarma, que a estas alturas ya se ha convertido en todo un clásico de su trayectoria en solitario. Que respecto a gustos no hay nada escrito lo evidenció “Solo es febrero”, con un tipo que huía espantado diciendo “Esta no me gusta” mientras nosotros pensábamos que tal vez sea de nuestros temas preferidos de ‘Solo quiero brujas en esta noche sin compañía’. Decadencia a tope.

De sibaritas resultó asimismo ‘La mujer del aguacero’ antes de que Enrique confesara que quizás habría que “hablar poco y tocar mucho”, el mejor lema posible para afrontar un directo. Las acústicas “Por caminos imposibles” y “Reír tu boca” supusieron remansos de paz antes de que rebuscaran de nuevo entre la nocturnidad y el humo de los bares en “Gota a gota”. A veces uno no sabía si estaba viendo a El Drogas o a Tom Waits, pero guay, por lo menos molaba lo que se escuchaba. Variedad a punta pala.

No descuidaron la segunda parte de ‘Europa (Timbre Oxidado)’ al regresar a la tralla en “Con pinturas de guerra” o “Mientras arde tu país (Europa callada)”, que falta hacía después de tanto agarrao. Tocaba de nuevo enfervorizar los ánimos con “Oveja Negra”, ideal para levantar gargantas hasta la estratosfera. “En punto muerto” cortó el subidón de repente, a pesar de que no fuera una mala elección, pero ya no teníamos el cuerpo para más medios tiempos. Eso se solucionó rápido echando la vista hacia atrás, en concreto hacia los Barri de “La hora del carnaval” y “Todos mirando”. Entonces la mayoría pudo gritar esa coletilla que suelta el cantante cada dos por tres: “¡A gusto!”.

Que su antigua banda se haya muy incrustada en la memoria lo certificó el parón antes de los bises cuando el personal de manera espontánea se puso a cantar “Esta noche no es para andar por esas calles…”, y luego, como si formara parte de un guión previsto, arreciaron los gritos a favor de los condenados de Alsasua. Algo que agradó a El Drogas cuando regresó para unos generosos bises que no se limitaron a los dos o tres temas de rigor. Aquí no valían las limosnas, sino los actos desinteresados de amor.

Porque solo así podría entenderse esa espectacular traca final con “Animal Caliente”, “Aprieta el gatillo” de Cicatriz, que ya tocaron junto a La Polla en el BEC, y un apabullante “Barrio conflictivo” con acelerada incluida para montar pogo. La mayoría de artistas andarían reventados después de más dos horas, pero ahí continuó el bueno de Enrique sacando más himnos de la chistera de la envergadura de “Bahía de Pasaia”, “Víctima” o ese “En blanco y negro” imposible de obviar de ninguna manera. Un karaoke colectivo en el que se coreó a pulmón también piezas añejas como “Empujo pa’ki” y otras más recientes como “Azulejo frío”, que se acogió con idéntico entusiasmo a cualquier piedra angular de los Barri.

Volvemos a insistir en que no abundan los grupos que ofrecen a los fieles un recital de tres horas como mandan los cánones, así que deberíamos ensalzarlos y conservarlos como si se tratara de una especie protegida, no sea que comiencen a proliferar los sinvergüenzas que al de 60 minutos no pueden ya ni con los huevos. El secreto es muy sencillo, ya lo dijo El Drogas, hablar poco y tocar mucho. Más a gusto, imposible.

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2 comentarios

  • Juandie says:

    Otro gran concierto de Enrique Villarreal "EL DROGAS" y su pedazo de banda en una de las salas mas míticas de Bilbao a través de esos temas tanto de BARRICADA como presentando su álbum en solitario y seguro que 3 horas en escena se antojo algo corto.

  • joandie says:

    Aguantar 3 horas a este personajillo tiene que ser una tortura... lo mejor que podría hacer es retirarse y dejar de hacer el ridículo.

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