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Crónicas

Eddie Vedder: un héroe en versión acústica

«Consagración del ídolo del grunge que se ha convertido en icono del rock actual»

25 junio 2019

Palau Sant Jordi, Barcelona

Texto: Álvaro González. Fotos (Madrid): Alfonso Dávila

Existe un reducido elenco de artistas, con leves distinciones para cada melómano sobre la faz de la tierra, que a través de sus conciertos son capaces de permear en todos y cada uno de los corazones de sus seguidores. Un selecto repertorio de músicos que se han ganado el título de leyendas entre el imaginario colectivo a base de reinventarse a lo largo de los años sin que la pureza de su trabajo se vea afectada por el irremediable transcurso del tiempo. Si alguno de los presentes no considera a Eddie Vedder digno merecedor de tal consideración, seguro que haber presenciado el concierto que ofreció el martes en la Ciudad Condal le habría hecho cambiar de opinión.

Como viene siendo costumbre desde que colaborara en ‘Ukulele Songs’, Glen Hansard fue el encargado de abrir una jornada en la que el aforo no fue el esperado ante una cita de este calibre. Las gradas no llegarían a verse llenas en toda la noche y las localidades de parte del público se vieron alteradas a consecuencia del acercamiento del escenario. Pese a todo, el irlandés cumplió con creces lo que se esperaba de él haciendo acto de presencia con una puntualidad religiosa y no dejando indiferentes tanto a propios como a extraños con un set de algo menos de 40 minutos que, pese a su brevedad, resultó de lo más disfrutable. Demostrando una versatilidad envidiable turnándose continuamente entre guitarra y teclado, Glen logró hacer brotar los primeros vítores de la velada rasgueando la guitarra de forma tan rabiosa como pasional. La ecuación la completaba el guitarrista Javier Mas, que aportó su técnica a un concierto en el que Hasard logró la simbiosis perfecta entre la felicidad y la melancolía, casi como ese sabor de boca que deja el momento de despedirse de alguien tras un reencuentro después de demasiado tiempo.

Minutos antes de que Eddie Vedder aparezca ante sus fans, resulta prácticamente imposible no fantasear imaginando el listado de temas que el de Chicago había preparado. Es de agradecer que ninguno de los shows ofrecidos sea igual al anterior, manteniendo ese nerviosismo por la incertidumbre de no saber qué va a escuchar uno a continuación (práctica cada vez menos frecuentada en detrimento de setlists que se repiten una y otra vez en cada parada de los últimos tours de otros gigantes del rock). Si a esto le sumamos el mensaje que se proyectó en la pantalla que encabezaba las tablas rogando a los asistentes no hacer uso de sus móviles durante la actuación del icono del grunge (evidenciando así la práctica tan propia de principiantes en la materia de los conciertos de grabar el espectáculo prácticamente en su totalidad), no queda más que ver, oír y callar.

En cualquier caso, toda elucubración se disipa en cuanto el maestro comienza a tocar los acordes de “Far Behind” antes de animarse con el primer tema de Pearl Jam que oiríamos: “Eldery Woman Behind the Counter in a Small Town”. Cabe destacar el importante porcentaje de público cuarentón que celebró con entusiasmo y nostalgia a partes iguales los cortes obra de la emblemática banda de los noventa. Pero si bien resultaba de imperiosa necesidad hacer un repaso de sus temas insignia, la naturaleza de esta gira “en solitario” de Vedder excede los límites que marcaron el último concierto de Pearl Jam en España, celebrado el año pasado en el Mad Cool Festival.

Y digo “en solitario” porque, realmente, Eddie no se encuentra solo bajo los focos en prácticamente la mitad de las canciones interpretadas, ya fuera escudado por Glen Hasard o por el Red Limo String Quartet, cuarteto de cuerda sueco que bordó la introducción al show de Vedder tocando “Alive” y que nos haría disfrutar con más medleys de vez en cuando entre canción y canción. El concierto continuó con las excelsas versiones de “You’ve Got to Hide Your Love Away” y “Keep Me in Your Heart”, originales de The Beatles y Warren Zevon respectivamente.

Deslumbrados por el cariño que cada músico brindaba a su instrumento y que se traducía en unas interpretaciones de una factura conmovedora, el siguiente gran momento que nos regaló Eddie llegó cuando tocó “Wishlist”, aunque la hermosura de este corte contrastó sobremanera una vez finalizado con el comentario jocoso que el estadounidense dedicó a uno de los seguidores que se encontraba en primera fila y que se dejó llevar por la euforia, recalcando que la estrella que se menciona en la canción “no hace referencia a tu polla”.

Una vez tocada una “Sleeping by Myself” que Eddie introdujo hablando de lo mucho que su hija le echaba de menos durante este tour, llegó el momento de recordar la figura de Christopher Mcandless, un joven que abandonó todas sus comodidades para realizar un viaje de introspección a lo largo de toda la costa oeste estadounidense y cuya historia es narrada en la película “Hacia rutas salvajes”, cuya banda sonora corre a cuenta de Vedder. Y qué mejor homenaje a Alexander Supertramp, nombre que adoptó durante su viaje para evitar poder ser reconocido en alguna de sus paradas, que disparando tres himnos que nos constriñeron el corazón como fueron “No Ceiling”, “Guaranteed” y “Rise”. Este hombre sería capaz de conmovernos tocando cualquier género.

Glen Hansard volvía a hacer acto de presencia para dejar patente la solidez que el combo demuestra en directo (como demostraron bordando “Black”) antes de que “Porch” precediera a otro momento clave del concierto: Eddie Vedder denunciaba públicamente la situación que cientos de niños mexicanos están sufriendo actualmente en la frontera con Estados Unidos al mismo tiempo que alentaba al respetable a que alce su voz y se haga notar en una época en la que los líderes políticos no representan las atrocidades que se viven en la terrenal realidad en la que nosotros nos encontramos. Para acompañar este alegato ofreció una sentida cover de “Isn’t It a Pity”, y cuando muchos se disponían a volver a colocarse el corazón en el pecho tras haberlo tenido en el puño con el tema de George Harrison, Eddie nos enseñó una preciosa Fender Telecaster roja que le regaló Tom Pettty en vida para acto seguido dedicarle una versión de “I Won’t Back Down”. Sin palabras.

A estas alturas, el show podría haber finalizado súbitamente sin dejar de haber resultado sobresaliente. Sin embargo, aún había tiempo para un par más de momentos inolvidables: uno fue ver al Palau completamente entregado cantando “Better Man” a todo pulmón, mientras que el segundo llegó de la mano de las interpretaciones de “Society” y “Hard Sun”, que pusieron los vellos de punta a todos y cada uno. Entre medias, una de cal y otra de arena: la cover de “Should I Stay or Should I Go” de The Clash puso en pie a todo el pabellón, mientras que ver a Vedder interactuando con la primera línea de fans tomando las manos de algunas seguidoras féminas como si de Julio Iglesias se tratara durante “Song of Good Hope” (de Glen Hansard) quedó bastante raro.

Una “Indifference” que se quedó a medias y la habitual versión de “Rockin’ in the Free World”, de la leyenda canadiense Neil Young, fueron los cortes con los que Eddie Vedder concluyó su visita a Barcelona, cuya arquitectura (la obra de Gaudí) aseguró que le había resultado una fuente de inspiración en distintos momentos de su carrera, con lo que logró, evidentemente, los aplausos de un público orgulloso de su ciudad. En total, dos horas y cuarto en la que nos emocionamos de todas las formas posibles ante una nueva consagración del ídolo del grunge que se ha convertido en icono del rock actual.

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1 comentario

  • Juandie says:

    Otro buen concierto en formato acústico que se marcó uno de los mejores vocalistas de la historia tanto de Grunge como del Rock en general y es que Vedder lleva muchos años con este formato y como buen compositor que ha sido siempre la verdad que lo borda al igual que hizo hace unos días en Madrid. No estaría mal por su parte publicar algún álbum en dicho formato.

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