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Crónicas

Dropkick Murphys + Frank Turner + Rude Pride + Jesse Ahern: Héroes de la clase obrera

«Si hay algo que emana de los poros de esta gente - junto al sudor causado por un show frenético - , eso es autenticidad»

28 enero 2020

Palacio Vistalegre, Madrid

Texto: Álvaro González. Fotos: Alfonso Dávila

La antigua plaza de toros reconvertida en pabellón multiusos del sur de la capital acogía anoche su primera gran cita de este 2020. A tan solo unas semanas de que se llegaran a cumplir cinco años desde que los estadounidenses visitaran Madrid por última vez, la formación capitaneada por Ken Casey regresaba con el que era el primer show del año para ella, así como el que inauguraba su nueva gira europea, la cual recorrerá buena parte de la geografía del viejo continente hasta mediados de febrero.

Al Barr (Dropkick Murphys)

Dropkick Murphys no llegaban solos para tal cometido, puesto que en total pudimos escuchar aproximadamente cuatro horas de música en directo (sin descontar los minutos necesarios para cambiar el equipo entre banda y banda) que fueron abiertas por Jesse Ahern. Las referencias no eran malas, ya que este guitarrista y vocalista natural de Quincy – localidad a tan solo unos kilómetros de Boston de la que también procede Dropkick – venía con un nuevo EP bajo el brazo que ha sido estrenado hace menos de dos meses. Acudir con los deberes hechos y dispuestos a gozar con su estilo americano hizo, sin embargo, que el perdernos su actuación nos resultara más molesto aún. Y es que, programar la apertura de puertas a la misma hora a la que Ahern aparecía sobre las tablas de Vistalegre, sumado a lo breve de su actuación, no fue una buena idea por parte de la organización. Las pocas personas que pudieron entrar antes que todo el grueso de público y que escucharon a Jesse aseguran, en cualquier caso, que estuvo correcto en su desempeño.

Veinte minutos después de que el pabellón comenzara a recibir gente, ya podíamos ver a los integrantes de Rude Pride preparando sus bártulos para el show que se disponían a ofrecer. La banda madrileña, fiel a la escuela del oi!, recientemente daba a conocer que este año pondrá fin a su trayectoria, pero antes de que esto suceda tocaba disfrutar de ellos en una gran cita como la que se presentaba. En cuanto al sonido ofrecido, lo cierto es que Vistalegre no es de los escenarios que cuentan con una mejor acústica en Madrid. No son pocos los que afirman que el Palacio acoge mejor aquellos espectáculos en los que la tralla desprendida bajo los focos prima por encima de los matices y detalles sonoros.

Quizás por eso la propuesta musical de Rude Pride resultara heterogénea en función de desde donde fuera escuchada, puesto que nos consta que en las primeras filas de la pista el sonido resultaba compacto y disfrutable, mientras que estando en la grada la parte musical se veía empañada por la voz del vocalista Miguel  (quien no dudó en bajar al foso para cantar frente a quienes copaban las primeras filas de la pista), en ocasiones ininteligible. Pese a ello, los miembros de Rude Pride pusieron toda la carne en el asador, conscientes de encontrarse teloneando a uno de los grupos de referencia del estilo que practican. Su esfuerzo fue recompensado por un público que fue llenando a lo largo de su actuación y que los ovacionó al momento de despedirse. Corto pero intenso.

El último en hacer acto de presencia antes que Dropkick Murphys era Frank Turner. El micrófono solitario en el ancho escenario del Palacio – así como a la gran altura a la que se encontraba colocado gracias al pie, teniendo incluso que pegar un pequeño salto el técnico para alcanzar a probarlo, delataban la inminente aparición del larguirucho artista.

Ken Casey (Dropkick Murphys)

Si bien el folk que el británico lleva a cabo se encontraba ligado a la estética céltica que nos congregaba anoche, sus maneras mucho más blandas en comparación a antecesores y sucesores  habían causado más de una cara de extrañeza al ser desvelado el cartel de esta cita. Sin embargo, el pasado post-hardcore de Frank y sus tablas para hacerse con todo el pabellón con ayuda de tan solo su guitarra le sirvió para convencer tanto a propios como a extraños. Tal y como nos confesó entre tema y tema, este era, nada más y nada menos, que su show número 2044, por lo que no estamos hablando de un novato precisamente. Bailes irlandeses en la pista y agradecimientos en castellano aparte (los cuales fue capaz de pronunciar gracias al tan socorrido en ocasiones traductor de Google, dato que desveló para la risa amable de todos), Turner demostró que esto no iba tan solo de actitudes propias de hooligans, empujones y desmadre tan asociadas al marco presentado (de las que, por fortuna, tampoco fuimos testigos en toda la noche).

Dropkick Murphys son un valor seguro en lo que a directo respecta. Lo llevan demostrando de forma ininterrumpida durante todo lo que llevamos de siglo, convirtiéndose en una de las formaciones de referencia de un estilo muy marcado y diferenciado. Tanto es así que España ha sido uno de sus destinos más habituales a la hora de cruzar el charco. No hace tanto del show que los asistentes al Resurrection Fest 2017 pudieron disfrutar y en el que los máximos estandartes del celtic punk deleitaron a sus fans. Tras la intro de “The Foggy Dew”,  que quizás se hizo demasiado larga ante la expectación que sufríamos, Casey aparecía al ritmo de “The Boys Are Back” para que inmediatamente después el telón de sus espaldas desapareciera y nos dejara ver al resto de sus compañeros para el júbilo de todos los presentes. Si hay algo que emana de los poros de esta gente – junto al sudor causado por un show frenético  – , eso es autenticidad, y es algo que se denota desde los primeros compases que llegan a nuestros oídos. Verdaderos héroes de la clase obrera, que dirían algunos, dispuestos a hacer pasar un buen rato a sus camaradas.

James Lynch (Dropkick Murphys)

Servidor tuvo la oportunidad de ver a Dropkick Murphys el verano pasado tocando en el Hellfest 2019, y es de reconocer que – aunque las cortas distancias entre grupo y seguidores en un estado previo a la enajenación por la naturaleza de los festivales (y las sustancias) se pierdan – , realmente ganan en un ambiente más íntimo (si un pabellón de 15.000 localidades, aún con buena parte de las gradas restringidas, puede considerarse de esta forma). Además, atrás quedaban las pirotecnias de las que en esta ocasión hicieron uso, algo que, francamente, no les pega mucho. En su lugar, una propuesta más sobria con focos de luces que conseguían dar su propia identidad a cada canción de los Dropkick, quienes tampoco se alejan especialmente de su línea editorial. Punto a favor también su sonido, ya que, aunque como hemos señalado anteriormente, Vistalegre no está hecho para sibaritas precisamente, la banda consigue aproximarse muchísimo a lo logrado en estudio.

Los cortes se iban sucediendo sin interrupción hasta que el conjunto levantó algo el pie del acelerador para animarse con “You’ll Never Walk Alone”, himno del Celtic F.C. y del actual campeón de Europa, el Liverpool Football Club, equipo del que Ken quiso acordarse llevándose al cuello una bufanda de color rojo. También sonaron temas como la coreable “Blood”, el himno “Johnny I Hardly Knew Ya” o la clásica “I Fought the Law” original de The Crickets, popularizada por The Clash y que nunca falta a las citas en directo del grupo. Y dejando a un lado las características del concierto, sus espectadores acudieron a un concierto verdaderamente para la historia de Dropkick Murphys, pues fue el primero en el que sonó “Smash Shit Up”, single que llegará en formato LP este viernes acompañado de una versión de “The Bonny”, propia de Gerry Cinnamon (y que tocaron inmediatamente después en Carabanchel). Y antes de afrontar los bises, la marchosa “Going Out of Style” puso en pie a casi toda la grada mientras las manos de quienes estaban en la pista se elevaban al aire.

 

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Dropkick Murphys siempre es una gran fiesta. ¡¡Suena “Rose Tattoo”!!

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Hora de ir despidiéndose de nosotros descargando todo el arsenal que les quedaba con la sentida “Rose Tattoo”, que tiñó el palacio de rojo pasión; la siempre acertada “I’m Shipping Up to Boston”, que puso a todo el mundo a saltar con la icónica tonadilla de su inicio y en la que decenas de fans de las primeras filas tuvieron la oportunidad de trepar hasta las tablas para cantar junto a la banda, y una “Until the Next Time” que, ahora sí, marcaba el punto y final a una hora y media aproximadamente de un oficio honesto. Puede que llegue el día en que la banda de celtic punk por antonomasia – título ganado a pleno derecho – nos deje el legado de su música, en el que la fórmula no dé más de sí o los propios artistas no puedan afrontar sus shows de una manera tan intensa y su forma de entretenernos en directo derive hacia algo más exangüe. Pero ayer no fue ese día, y desde luego que no parece que vaya a llegar pronto.

Redacción
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Esta entrada fue escrita por Redacción

2 comentarios

  • Juandie dice:

    Aplastante concierto tanto de los cojonudos DROPKICK MURPHYS como del resto de las bandas teloneras en este recinto madrileño el cual en vez de celebrar la mierda de las corridas de los putos toreros vale mucho más para hacer conciertos tan potentes como la banda de Boston.

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