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Crónicas

Desakato + Misiva: Tiempos de valientes

«Parece que todos los elogios que uno haya escuchado acerca de Desakato son completamente justificados y no sorprende tampoco que recientemente hayan premiado a su directo como el mejor de la península»

Kafe Antzokia, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

La labor de cualquier periodista musical mínimamente serio debería consistir siempre en estar atento a esos fenómenos sociales que, con o sin justificación, gozan de un desmedido apoyo del público y se convierten casi en piedra angular imprescindible para entender la época en la que vivimos. Se podrá argumentar que en realidad no eran para tanto o que, por el contrario, se merecen todos los éxitos cosechados y mucho más, pero por lo menos es necesario hacer el esfuerzo y acercarse de cerca para analizar de qué va todo aquello. Abundan los falsos profetas y los encumbrados de postín.

Un ejemplo de material inflamable en sentido artístico son los asturianos Desakato, que han recorrido un largo trayecto desde que nacieran allá por 2004 en una zona rural del norte de la península, hasta convertirse en todo un referente del panorama hardcore estatal y lograr que alguno de sus vídeos supere la barrera de los tres millones de visitas, aparte de entrar de lleno en el circuito festivalero con su presencia en el Resurrection Fest o el Viña Rock, entre otros. Un subidón que ha sido completado con una exitosa gira que ha colgado el cartel de entradas agotadas en repetidas ocasiones.

Misiva

Su parada en la capital vizcaína desató una expectación inusitada, terminando el papel en el Kafe Antzokia con varias semanas de antelación y confirmando que en la actualidad viven su mejor momento. Una multitud eminentemente en la flor de la vida abarrotó el recinto con una fidelidad digna de estudio, pues la peña estuvo a punto de asaltar el escenario varias veces. Una olla a presión que parecía que en cualquier momento explotaría y volarían tropezones por doquier. La tarea de los fotógrafos podría haberse convalidado con la de los corresponsales de guerra.

Con un respetable que se tomaba la entrada a la sala con demasiada tranquilidad, los también astures Misiva demostraron solidez y un rodaje considerable en las tablas con su punk rock melódico con garra y letras en asturiano, lo cual ya de por sí constituía toda una curiosidad. Con banderas de su tierra ondeando por ahí, estaba claro que la peña andaba receptiva a tope, por lo que no era de extrañar que cuando su vocalista bajara a la arena se desatara un pogo considerable. Piezas directas a la yugular como “En pie de xera” o “Punk rock” agradarían sin duda a los que los escuchaban por primera vez, al tiempo que su recital se convertía en un alegato hacia la oficialidad de la lengua en la que cantan. ¡Puxa Asturies!

Muy reivindicativos se tornaron asimismo Desakato, que también incidieron en el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado e insuflaron todavía más energía a una velada que ya iba a mil por hora. “Humo negro”, de su EP ‘Antártida’, supuso el pistoletazo de salida para un despiporre colectivo en el que participaban tanto artistas como respetable según la tradición hardcoreta, no en vano su vocalista Pepo ya se lanzó hacia los fieles casi nada más irrumpir en escena. ¿Para qué perder el tiempo?

Y es que con el subidón tremendo que imperaba en la sala cualquiera hubiera hecho lo mismo. Un mar de puños en alto con unas escaleras como improvisado e insuficiente dique que a la mínima cedería ante el espectacular empuje de una afición infatigable. “Animales hambrientos” ejerció de percutor antes de que se hiciera un hueco en el medio del Antzoki y muchos dieran vueltas cual peonzas, como suele ser habitual en este rollo. Un ojo del huracán con un poder de atracción descomunal.

Suelen encasillar a los asturianos dentro del punk rock, aunque en realidad estén más cercanos a lo que se llama post hardcore y a bandas como Viva Belgrado o Berri Txarrak, saltando barreras idiomáticas, por supuesto. A pesar de la juventud de la concurrencia, no dudaron en retroceder hasta su segundo álbum ‘Miseria, sangre y plomo’ con “África” sin que hubiera mella alguna en la entrega de la parroquia, aunque cortes más recientes tipo “Estigma” o “Heridas abiertas” eran celebrados como auténticos himnos con un desenfreno tal que desde luego impresionaba.

Aquí no había postureo que valiera, su directo era apabullante visto desde cualquier prisma posible. Ni falta hacía hablar para que el personal comiera de la mano. “Vivimos en un tiempo de cobardes, pero creemos que quedan valientes todavía”, afirmó el vocalista antes de arremeter con la combativa “Tiempo de cobardes”. Y otro de los instantes álgidos de la velada estuvo en “La cura”, donde el bajista bajó las escaleras para desparramar con la peña y así fundir una vez más las difusas fronteras que nos separaban de los músicos.

Para “Pánico en Frankfurt”, la sala ya se había transformado en un inmenso pogo que abarcaba casi cada rincón, con una multitud enardecida además por un vocalista que no paraba ni un momento. Lejos de mostrarse endiosados ante semejante apoyo, recordaron sus inicios cuando acudían a tan emblemática plaza bilbaína a tomarse unos tragos y soñaban con pisar alguna vez el escenario del Antzoki. Un sueño cumplido esa misma noche. Y encima con entradas agotadas con antelación. Una puesta de largo inmejorable.

Hubo también ocasión para rememorar el encuentro que tuvieron ese día en la FNAC con un fan que luego ocuparía puesto inamovible en primera fila. La historia debió de emocionar tanto que la parroquia no dudó en corear el nombre del susodicho como si fuera una auténtica estrella del rock. El himno “Cada vez” volvió a hacer brotar los pogos y la peña volando, que casi había que andar esquivando. ¿Aguantarían las escaleras un torrente de semejante fuerza?

“En pocos sitios como aquí se sabe lo que es defender la cultura de un pueblo”, espoleó de nuevo Pepo a los congregados, que parecían totalmente inmunes al cansancio. Y “Cuando salga el sol” desató acrobacias imposibles en el aire mientras el voceras volvió a recorrerse el recinto de punta a punta en brazos de los parroquianos, igual que si fuera una procesión de Semana Santa. Una hermandad hardcoreta.

Pues en este caso parece que todos los elogios que uno haya escuchado acerca de Desakato son completamente justificados y no sorprende tampoco que recientemente hayan premiado a su directo como el mejor de la península en los Iberian Festival Awards. Una gesta que cobra mayor relevancia en una época en la que se construyen ídolos con pasmosa rapidez. Su tiempo es el de los valientes.

 

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