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Crónicas

Sweden Rock Festival 2018 (jueves 7 de junio)

«Kreator supo cerrar por todo lo alto un día que, personalmente, definiría con el título del atronador himno con el que los de Essen acabaron de agotar las fuerzas que aún nos quedaban: “Pleasure to Kill”»

7 junio 2018

Norje, Suecia

Texto: Mariano Muniesa y Josep Fleitas Foto: Josep Fleitas

Segundo día de festival, e igual que ayer, el sol y el calor van a ser los máximos protagonistas de la jornada. Aunque cuando el astro rey se retira, la humedad y el fresco también se dejan sentir. Suerte que para reponernos del frío nocturno tendremos a Iron Maiden y a Kreator, que como leeréis al final de la crónica, fueron los mejores termostatos para mantener la temperatura ambiental muy, muy caliente.

Buckcherry

Sin embargo, aparte de lo que nos ofrecieron Iron Maiden y Kreator en el final del día, antes hubo mucho y muy bueno que contar en este segundo día; jornada en la que el festival abre sus puertas al completo, proponiendo conciertos en sus cinco escenarios…

Eran las 13.30 en punto cuando se subían al escenario principal de Sweden Rock la banda que siempre consideré que debía ser el relevo natural de Guns N’ Roses: Buckcherry. Grupo cuyas actuaciones son siempre garantía de diversión, como es habitual en ellos caldearon mucho más el ya de por sí caluroso ambiente de la mañana a golpes de furioso y venenoso hard rock de la más pura tradición californiana de los años dorados del Sleazy. De nuevo, el gran clásico de su primer álbum, “Lit Up”, fue el tema más celebrado y coreado de su set esta mañana, en el que también hubo guiños a la Creedence Clearwater Revival en un show intenso, rocanrolero y muy potente en el que una vez más su carismático frontman Joshua Todd volvió a demostrar que el tiempo no ha pasado por él y que sigue siendo un auténtico animal en el escenario.

Mariano Muniesa


Nazareth

Nazareth siempre han sido una de mis bandas favoritas, por lo que tener la oportunidad de volver a verles en directo siempre es un verdadero placer. Como ya es bien sabido, tras la edición de ‘Rock n roll Telephone’ (2014), el líder y cantante del cuarteto escocés, Dan McCafferty, tuvo que dejar la formación por unos problemas de salud que le impiden poder realizar giras, e incluso cantar en los conciertos. La emotividad aún me embarga al recordar cómo el pasado año Dan hizo esfuerzos sobrehumanos para entonar “This Flight  Tonight” y “Dream On” en su aportación a la actuación orquestada con la Sweden Rock Symphony Orchestra.

Desde luego que tanto Dan como el bajista Pete Agnew no iban a permitir que una leyenda como Nazareth muriera, y, de mutuo acuerdo, se pusieron a realizar la nada fácil tarea de encontrar a un sustituto, que además de carácter y calidad, tuviera unos registros similares a los de la elegante, profunda y ronca voz con la que McCafferty nos había deleitado durante más de tres décadas. Y ese relevo lo encontraron en el ex cantante de grupos como Persian Risk, Krokus, Don Airey Band, Carl Sentance, cuyo apoyo y buena entrega han sabido paliar un vacío que parecía casi imposible de rellenar. Pero, vamos al grano:

El concierto de Nazareth en el espacio del Sweden Stage fue una amalgama de buenas sensaciones y maestría. Tanto Pete Agnew como su hijo Lee Agnew al bajo y a la batería, respectivamente, las guitarras del veterano Jimmy Murrison y la personalidad de Sentance a la voz, aportaron la efectividad, calidad, motivación y simpatía necesarias para hacer que el concierto del combo de las tierras altas escocesas estuviera entre lo más destacado del día. El set estuvo cimentado por grandes clásicos como: “Silver Dollar Forger”, “Miss Misery”, “Razamanaz”, “This Flight Tonight”, “Shangai’d Shanghai”, “This Month Messiah”, “My White Bicycle”, “Hair of the Dog” y el clásico de Bonnie Dobson, “Morning Dew”, que sirvió como despedida.

Pero, como no, las profundas y sentimentales baladas, marca de la casa, también estuvieron muy presentes. Baladas que en este caso estuvieron representadas a la perfección por las inexcusables y lacrimógenas “Dream On” y “Love Hurts”.

El conjunto del set me dejó con la garganta seca y una sonrisa de satisfacción que demostraba la sensación de haber asistido a otro gran momento del festival. Ya estoy esperando con ansias el nuevo disco que en breve debe ser editado. ¡Seguro que en él Nazareth tampoco nos defraudará!

Josep Fleitas


Glenn Hughes

Con un psicodélico telón de fondo y una excelente banda detrás, Glenn Hughes nos ofreció una de las mejores actuaciones del festival. En esta gira presenta un show centrado exclusivamente en temas de Deep Purple, y no solamente de la etapa clásica final entre 1973 y 1976 de la que fue protagonista, sino que también tocó canciones como “Highway Star” o “Smoke On The Water”.

Glenn Hughes es un músico que siempre se ha caracterizado por interpretar sus temas con un sentimiento y una emotividad que es, con toda seguridad una de las claves de su éxito. Esta magnífica actuación no fue en modo alguno excepción a la regla y desde la primera a la última pieza derrochó intensidad, entrega y energía, que fue correspondida desde el crowd con constantes ovaciones y aplausos. Tras un espectacular comienzo con “Stormbringer”, “Might Just Take Your Life” y “Mistreated”, un no menos espectacular “You Keep On Movin´” nos llevó a un furioso y endurecido “Smoke On The Water” precedido de la intro de “Lazy” y en cuya parte intermedia nos estremeció con una interpretación de “Georgia On My Mind” de poner el vello de punta. Culminó esta presentación en Sweden Rock con otro potentísimo “Burn” y un emocionante discurso acerca de cómo la música debe ser lo que llene de amor a la gente, que les haga sentirse felices y disfrutar intensamente de la vida. Insisto, de lo mejor de esta edición del festival.

Mariano Muniesa


Killswitch Engage

El Sweden siempre se ha caracterizado por ser un festival en el que el hard rock es el estilo predominante, aunque otras tendencias como el heavy, el progresivo, el power e incluso el thrash también tienen cabida en el line-up de su cartel. También, aunque de manera muy minoritaria pero sí participativa, corrientes más modernas como el nu, el alternativo o el hardcore también entran en el cartel, máxime en las últimas ediciones; es decir, desde que Live Nation se ha hecho consorte del festival.

En ese sentido, las bandas que despuntan en el cartel son: Body Count, The Raven Age, Stone Sour y Killswitch Engage. Precisamente estos últimos fueron los que en el Rock Stage, el segundo escenario del festival, dieron un concierto lleno de energético metalcore. Como ya es habitual en el combo de Massachusetts despuntaron el guitarra y líder Joel Stroetzel, y el cantante Jesse Leach. Killswitch actuó en una hora en la que el sol ya hacía mella sobre nuestros cuerpos, pero no en el ánimo. Con buenas dosis de comunicación y una entrega más que relevante, sus temas más punzantes hicieron que los puños en alto, el headbanging y algún que otro circlepit acompañasen trallazos de la medida de: “Strenght of the Mind”, “Life to Lifeless”, “Hate by Design”, “My Last Serenade”, “My Curse”, “In due Time” y esa poderosa versión del “Holy Diver” que rinde cumplido tributo a nuestro siempre recordado y añorado Dio. Demasiado calor para tanta tralla, pero no nos pudimos resistir a desbarrar a tope ¡Es lo que pasa cuando el metalcore se viste de Killswitch!

Josep Fleitas


Rose Tatto

Desde Australia, Rose Tattoo regresaba a esta edición del festival. Estos viejos pioneros del rock duro de nuestras antípodas dejaron de estar en su mejor momento hace ya bastantes años, pero todavía son capaces de hacer muy buenos conciertos.  Todavía desprenden carisma, honestidad y pasión por el rock. Empezaron fuerte, metiéndole mucha energía a su concierto y haciendo en este primer tramo un “Rock´n´Roll Outlaw” que gustó y provocó una sonora catarata de aplausos. Angry Anderson se dirigió varias veces al público en tono muy íntimo, llamándoles “hermanos y hermanas” y hablando mucho sobre la libertad y su significado. El concierto que empezó fuerte y tuvo, en general, buen nivel, aunque algunos momentos de bajón en la parte intermedia. El recital terminó a lo grande con “Rock’n’Roll Is King” y “Nice Boys Don’t Play Rock’n’Roll”.

Mariano Muniesa


Helloween

Sin duda, para muchos, uno de los reclamos más llamativos en el cartel de este año era la inclusión de la banda que actúa bajo el lema “Pumpkins United” y que en su tour de reunión está dando tan buenos resultados. Hace tan solo unos años parecía casi imposible que el deseo de sus fans se cumpliera y la formación volviera a girar. Ahora, este tour se ha consolidado, tanto por la atracción de poder ver a los tres cantantes que han dado registro a los himnos de Helloween, como por la efectividad que tienen estos sobre las tablas.

En esta ocasión, Helloween volvía al SRF para reafirmarse en ese ámbito de deseo y consolidación que parece que va a alargar la vida de un proyecto que nació, en origen, para unas cuantas fechas. Los resultados de esta reunión plantean un futuro en el que podemos esperar un trabajo en el que Hansen, Kiske y Deris pongan su voz, de manera similar a lo realizado por Michael Schenker en su última obra, ‘Resurrection’. Mientras esperamos para saber si las especulaciones se cumplirán, en el SRF el concierto estuvo exento de polémica. -Ndr: Hagamos reflejo de memoria y recordemos el inicio de la gira, el pasado 19 de octubre en el Escena de Monterrey -México-. Concierto en el que Kiske empleó un admitido y abucheado playback…-.

Helloween realizó un set recortado si lo comparamos con lo que están ofreciendo en salas. En mi opinión ese recorte de tiempo, lejos de ser un hándicap, es un acierto; sobre todo si no hablamos de un grupo que hace de cabeza de cartel, como en esta ocasión, ya que permite a la banda ofrecer un show más ameno y concentrado para los menos fanáticos pero satisfactorio para los más adeptos.

El buen rollo que tiene la banda se deja notar, y esas diferencias de Kay Hansen y Michael Kiske con Michael Weikath y, quizás no tanto, con Markus Grosskopf, parecen guardadas bajo una llave que ha quedado arrinconada dentro de una de sus calabazas, al menos sobre el escenario. Tanto es así que las aproximaciones entre ellos, los dobletes y los gestos de complicidad, se sucedieron durante todo el show.

Con un frontspace repleto hasta la bandera, brilló el primer himno de la tarde; ese que da nombre a la banda, y que con Kiske y Deris como máximos protagonistas en su ejecución, supo desplegar todo su poder. “Helloween” empujó a un público que mostró las ganas que tenía de ver y disfrutar de esta reunión. También con el tándem Kiske/Deris como protagonistas en las voces en un delirante “Dr. Stein” que volvió a incrementar los decibelios del festival. Tras ello, y aún con los brazos en el aire, “I’m Alive” interpretado por un aclamado Kiske puso más leña a un fuego avivado por las peripecias de Weitah, Hansen y Gerstner a las guitarras, además de la potencia de un concentrado Dani Löble tras los parches. El intercambio de cantantes llegó con el relevo de Kiske por Deris, que afianzó un enérgico “Waiting for the Thunder”.

Tras el tema incluido en ‘Straight out of Hell’, del 2013, hubo un nuevo relevo de Kiske, en este caso para afrontar otra explosión de ánimo en un perfilado y muy coreado “Starlight”.

Todo estaba en orden, las pantallas iban reflejando las imágenes de los componentes de la formación mientras las animaciones de las calabazas se sucedían de manera entretenida cuando Kai Hansen aportó su granito de arena en las partes vocales. Éste fue un tramo del concierto en el que la voz de Kiske sufrió mucho más de lo que me esperaba. Así, “Ride the Sky”, “Judas” y “Heavy Metal (Is the Law)” tuvieron en el público a los más fieles defensores de la banda, ante el efecto de una voz que estaba muy por debajo de lo que se le ha podido escuchar a Hansen en otras ocasiones. Incluyendo Unisonic y Gamma Ray.

El reloj avanzaba inexorablemente. Así, casi como un réquiem al inexorable paso del tiempo y su efecto, en las pantallas las calabazas se transformaban en relojes, mientras Kiske interpretaba el sostenido “A Little Time”.

Tras un breve receso, se sucede un nuevo relevo, y Deris vuelve a escena para demostrar que su voz siempre ha encajado a la perfección en los ámbitos más melódicos. Esa parte se mostró ante la perfecta entonación de la pasional balada “If I Could Fly”. Pero Andi siempre está dispuesto a demostrar que también sigue teniendo la potencia como para aguantar la exigencia del speed de un “Power” que salvó con gran solvencia.

Con todo por lo alto, llegó el tiempo para que las tres voces unieran fuerzas en la interpretación de “How Many Tears”, que abrió las puertas a la parte más delirante y expeditiva del show, en el que los mayores clásicos se postularon como los grandes protagonistas del set. Así la tormenta de himnos cayó cual rayos sobre campanario con la inmensidad aportada por “Eagle Fly Free”, “Keepers of the Seven Keys”, “Future World”, y, ¿cómo no?, un delirante “I Want Out” que nos envió a la mayoría a gastar los siete euros que valía una cerveza.

Les esperamos en el Rock Fest con el convencimiento de que su concierto será tan completo como el vivido en tierras vikingas.

Josep Fleitas


Iron Maiden

Registrando con diferencia el momento de mayor asistencia a esta primera jornada del festival, Iron Maiden presentó su nuevo espectáculo en el marco de una actuación realmente memorable por su intensidad y su fuerza.

Comenté con varios periodistas del lugar que no solamente esta es la gira más ambiciosa, impactante y espectacular en lo visual que la doncella ha hecho en toda su historia, sino que por momentos, dada la decoración, el montaje y los cambios de ambiente de una canción a otra, tuve la sensación de estar ante una obra de teatro musical, que podría representarse perfectamente en Broadway o en los teatros de la Gran Vía madrileña. La forma de interpretar los personajes de cada canción por parte de Bruce Dickinson nos sugirió que quizás haya tomado lecciones de arte dramático.

En cuanto al set, fue lo que muchos ya conocéis: De “Aces High”, con ese impresionante avión de la II Guerra Mundial emergiendo del fondo del escenario, a “Run To TheHills”, pasando por un “Where Eagles Dare” fabuloso, la siempre emocionante “The Clansman” o “The Wickerman” que fue probablemente el tema más ovacionado esa noche y el que más disfrutó la gente, amén de la magnífica puesta en escena de “Flight Of Icarus” con el gigantesco ángel que corona el escenario o la transmutación de Dickinson en un personaje de película de terror de la Hammer, con una máscara prácticamente igual a la que usaba el protagonista de la película “El Fantasma del Paraíso” de Brian de Palma. Llama la atención como varios temas ahora son interpretados a menos velocidad – “The Trooper”, por ejemplo- o como a “Revelations” le han quitado el solo de guitarra de la parte final, lo cual es perfectamente comprensible, además de coherente con el planteamiento de este espectáculo. Los componentes de Iron Maiden tienen ya una media de edad en la que necesitan hacer un tipo de concierto que no les exija tanto como en el pasado y, para ello, reestructurar los temas de otra manera y hacer un show que se acentúe en lo visual es, a mi juicio, una inteligente manera de garantizar más giras a un alto nivel en un futuro.

Me llevo un balance muy positivo del show de Iron Maiden en Sweden Rock 2018, además de ganas de repetir la experiencia de “Legacy Of The Beast” el mes que viene en Madrid.

Mariano Muniesa


Kreator

Tras la gran exposición de energía y teatralidad de Iron Maiden, tan solo quedaba esperar algo brutal y rompedor, como lo que demostró Kreator en el Rock Stage. Sin concesiones ni miramientos, a base de fuerza bruta y ferocidad los pupilos de un Mille Petroza que sigue en una condición excepcional nos lo hicieron pasar en grande. Nunca, y es decir mucho, ¡nunca había vivido un circlepit  que durase desde el primer tema hasta el final de una actuación! En cada descarga Kreator me arrancaba un pedazo de alma.

Sabido es que en el Sweden los circlepits, el slam y el headbanging se suelen dar en muy contadas ocasiones, pero Kreator consiguieron lo casi impensable y desplomaron su thrash con la contundencia de Mjolnir, el martillo de Thor, que cayó en forma de aplastantes y desgarradores himnos, arropados por la gran eficacia del cuarteto germano y una producción impecable, en la que destacaba un fondo de escenario en el que además de la cabeza de Violent Mind – la mascota de los teutones- , se elevaban enormes columnas de llamas, sorprendían con varias lluvias de papeles y dimensionaban con unas pantallas que reproducían con fidelidad imágenes que empalaban cada uno de los alabardazos con los que, golpe a golpe, Kreator iban talando nuestras últimas dosis de energía, que perdimos en la entrega de algunos de sus cortes más degolladores como “Phantom Antichrist”, “Hail to theHordes”, “Enemy of God”, “Satanis Real”, “Civilization Collapse”, “People of the Lie”, “Flag of Hate”, “Phobia”, “Gods of Violence”, “Total Death”, “From Flood into Fire”, “Hordes of Chaos”, “Violent Revolution”, “Totalitarian Terror”, “Fallen Brother” y “Betrayer”.

A pesar de que, por la hora, el set contó con un sonido más bajo de lo normal, Kreator supo cerrar por todo lo alto un día que, personalmente, definiría con el título del atronador himno con el que los de Essen acabaron de agotar las fuerzas que aún nos quedaban: “Pleasure to Kill”.

Molido, pero satisfecho por cómo se había resuelto la jornada. Volvimos de vuelta al espacio de acampada con el sol despuntando en el nórdico horizonte. Mariano y yo le dimos un repaso a lo mejor de lo vivido, dando, de manera unánime, una nota de excelencia al día. ¡Y van dos!

Josep Fleitas

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