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Crónicas

The Courettes + Muck & The Mires en Bilbao: El encanto del algodón de azúcar

«No era habitual encontrar a gente mirando su móvil durante el tiempo de concierto, una verdadera rareza en los tiempos que corren. Ese podría ser el encanto del algodón de azúcar. El recuerdo de los sabores inolvidables de juventud.»

2 abril 2022

Sala Crazy Horse, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

A menudo se nos presentan los tiempos pasados como una época de oscuridad total, algo similar a esa incivilizada Edad Media en la que se quemaba a herejes sin ton ni son. Incluso en contextos represivos siempre surgieron rebeldes que desafiaban las normas establecidas y daban puñetazos en la mesa en el seno de pacatas mentalidades. Fueron los responsables de que las sociedades evolucionaran hasta llegar a los conocimientos de hoy en día, a pesar de que las funciones del Santo Oficio sigan ejerciéndose de una manera más democrática, pero sin ningún tipo de pudor represivo.

The Courettes

En este sentido, los grupos de chicas de los sesenta marcarían a fuego su impronta en el panorama musical y por eso no debería chocar que gente desde los Ramones a Keith Richards o The Jesus & Mary Chain reconozcan la influencia de The Ronettes, The Shangri-Las, The Crystals y compañía. Todo un paso al frente dado por las féminas de aquel entonces, que sin perder ni un ápice de elegancia rasgaron las vestiduras con letras sobre embarazos adolescentes o romances engrandecidos hasta la épica.

Herederos de esa tradición son sin duda el dúo The Courettes, como se puede observar desde el mismo nombre del grupo, pese a que también beban los vientos por The Cramps, The Sonics y otros iconos del sonido garajero. Sus álbumes así lo atestiguan, con esas melodías de algodón de azúcar, el clásico “wall of sound” de Phil Spector y un punto de actitud punk que les acercaría a la modernidad.

Muck & The Mires

El momento boyante que vive la escena en directo se volvió a reproducir en el bolo en el bilbaíno Crazy Horse de esta peculiar pareja formada por una brasileña y un danés, pues se agotaron las entradas hasta el punto de que no cabía ni un alfiler en el recinto. Por si fuera poco, animaron del mismo modo la velada los soberbios Muck & The Mires, que ya de entrada en su hoja de promo declaraban su amor absoluto por los Beatles y los Ramones, a un servidor no le hace falta saber más. De ahí solo podría salir algo estratosférico.

Y así fue con un recital a velocidad vertiginosa, sin chácharas inútiles ni jugarretas de esas de alargar canciones sin venir a cuento. Su power pop con bastantes efluvios a Kurt Baker se reveló muy efectivo en las distancias cortas y diría que incluso superaron a los cabezas de la velada. Que alguien me diga que “Too Soon To Fall In Love” no es una puta obra maestra que podría haber sido compuesta por Paul Collins o cualquier otro de los apóstoles fundamentales del género. Que vuelvan cuanto antes estos orfebres de la melodía.

The Courettes

Mucho se tendrían que esmerar The Courettes para superar aquello, pero a buen seguro que le echaron ganas con el ritmo contagioso de “Hop The Twig” o el glamour pretérito de “Hey Boy”. Esta atmósfera añeja venía reforzada por el estilismo de la vocalista Flavia Couri, muy bien conjuntada a tonos blancos y negros, y hasta con un pequeño bolso a juego, como pudimos observar. Ortodoxia sesentera a tope.

Pero no convendría dejar de lado a la otra mitad del combo, el batería Martin, una auténtica bestia a las baquetas que se compenetraba a la perfección con su compañera. Había además emoción por regresar a las giras y demás, por algo la frontwoman recalcó que habían tardado “tres años” en volver, su última vez en la península fue en el festival Azkena antes de la pandemia, si no recuerdo mal.

The Courettes

Mola mucho el rollo vintage de piezas tipo “Until You’re Mine”, que lo mismo podrían encajar en una peli de Tarantino. “Trash Can Honey” fue una bomba que recordaba a los Ramones y además reforzada por los alaridos a lo The Cramps que soltaba la vocalista.

Que ellos apelan a lo vetusto queda más que claro en infinidad de detalles, desde su música, su vestuario o su manera de entender los bolos, pero para no albergar la más mínima duda enfatizaron que se dirigían a “la gente real del mundo real”, en contraposición a esa multitud de zombis alelados por el móvil con los que te topas por las calles.

The Courettes

“Want You! Like a Cigarrete” ejemplifica como pocas cosas su visión personal de tiempos pasados desde el mismo título que nada tiene que ver con ese furor puritano contemporáneo que censura la solo mención al tabaco en canciones y filmes. Apelaron a la juerga del sábado a la noche en “Night Time (The Boy Of Mine)”, con ese aire Ronettes hasta las cartolas, mientras que “Edge of My Nerves” aludió a movimientos espasmódicos y al carácter frenético del garage rock señero.

Eso sí, cuando la vocalista dijo “Bilbo, España” algunos torcieron la cabeza, en ese aspecto no se enteraron muy bien del lugar en el que estaban, pero no tardaron en disipar la bruma con el homenaje a los inadaptados de “We Are Gonna Die”. La cosa se desvió un poco cuando alargaron la pieza apelando a “la gente bonita y loca” y tampoco era necesario dedicar minutos a que la peña coreara “Dynamite”, aunque quizás fuera que Muck & The Mires nos habían malacostumbrado esa noche.

The Courettes

Anunciaron “una canción de amor” antes de “Strawberry Boy” y algunos intentaron emular los bailecitos de los vídeos de Nick Cave. Y como si se tratara de un código secreto únicamente conocido por los aficionados, remitieron al inicio del “Do You Remember Rock ‘N’ Roll Radio?” de Ramones antes de arrancarse con un inapelable “All About You” suficiente para dejar al personal con buen sabor de boca.

Hubo incluso un momento interactivo con el personal cuando le colgaron la guitarra a un tipo habitual de los conciertos que siempre suele ir bailando de un sitio a otro cual puesto de speed, y fue gracioso, la verdad. Regresaron para los bises rememorando de nuevo “Hop the Twig”, por lo que juraríamos que ya había sonado antes al principio del bolo a modo de intro. Que nos corrija alguien si nos equivocamos.

Pusieron la guinda al pastel con la festiva “Misfits & Freaks”, que desató bailes a la vieja usanza por el recinto, y “Won’t Let You Go” mantuvo intacto el poso nostálgico de la velada. Tal vez por eso mismo no era habitual encontrar a gente mirando su móvil durante el tiempo de concierto, una verdadera rareza en los tiempos que corren. Ese podría ser el encanto del algodón de azúcar. El recuerdo de los sabores inolvidables de juventud.

Alfredo Villaescusa
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