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Crónicas

Rulo y La Contrabanda: Apostando por la vida

«Respetando completamente la decisión de otros compañeros de profesión que no lo vieron tan acertado, decidieron jugársela, y con pico y pala salieron a dar vida»

17 julio 2021

Buesa Arena, Vitoria

Texto: Iker Vicente. Fotos: Iratxe Herrera

En medio de ese delicado, continuado y perfectamente entendible, debate social sobre la fina barrera existente entre garantizar la salud y no dejar morir la cultura, no se nos ocurre un mejor titular para denominar la iniciativa cultural que, aún con la que sigue cayendo, han llevado a cabo La Diputación Foral de Álava y Saski Baskonia denominada “Las noches del Buesa Arena”. Hablamos de una larga programación de eventos culturales dentro del estadio de Baloncesto del equipo de la capital de Euskadi, entre los que se incluirán a lo largo de todo el verano actuaciones como la de Rulo, Ciclonautas, Sôber o Kutxi Romero por citar algunas.

Tras el oscuro año que dejamos atrás, en el que el virus que asoló a todo el planeta todo lo copó, ha habido músicos, como Rulo y la Contrabanda, que han apostado por la cultura, y más concretamente por la música en directo, decisión que agradecemos y aplaudimos enérgicamente mostrando todo nuestro absoluto apoyo. Es inevitable reconocer que sin vida no hay cultura, pero no olvidemos que sin cultura tampoco hay vida, al menos no en el modo en el que posiblemente tú que lees estas líneas al igual que yo que las suscribo, la concebimos.

Foto: Iratxe Herrera

Dicho esto, asistimos con ansiada y gran ilusión al estadio que, tras un interminable parón en lo que actividades culturales se refiere tanto en Vitoria como en todo el estado, iba a acoger el primer esperado concierto de la mano del mejor embajador de Cantabria, concierto que quedará por mucho tiempo en la retina y memoria de los que tuvimos la suerte de asistir.

Con un aforo que en el contexto actual reflejaba una más que destacada asistencia, y tras un ligero retraso respecto a la hora programada, una luz tenue iluminaba únicamente un piano con la sola presencia de Rulo sobre el escenario sentado junto a él,  desde el cual sonaban los primeros  y aterciopelados acordes de “Mi cenicienta”, arranque que nos hizo a gran parte de público pensar que sería un concierto donde lo acústico prevalecería sobre lo eléctrico. Por suerte, nos equivocamos. Proseguía dando sonido a ese apreciado instrumento de cuerda percutida para interpretar “Todavía”, de su más reciente plástico. Continuaba la conjugación de lo clásico y lo nuevo, previa invitación del resto de la banda al escenario, con “Como Venecia sin agua”.

Si en su fantástico trabajo en acústico ‘Una noche en el castillo’, ya al final de este tema apostillaba con “que nadie se muera esta noche”, el sábado pasado, y en clara referencia al lúgubre año que hemos dejado atrás como consecuencia de fatídico Covid19, lo hacía espetándonos: “Que no se muera nadie más”, a lo que añadía que Rulo y la Contrabanda, en abril de este mismo año, pese a todo y respetando al resto de compañeros de profesión que tenían otro punto de vista, apostó por salir y defender la música en directo y, en palabras del de Reinosa, también “la alegría”.

Continuaba, con el planteamiento intermitente de tema clásico, tema nuevo (que por otro lado ya son a su vez clásicos) con “Mal de altura”, que encaja como un auténtico guante con ese sonido acústico con el que nos seguían haciendo disfrutar, pero que, con maravillosa premeditación, venía a ser el corte bisagra entre la hasta ahora parte más pausada del concierto y la vertiente más eléctrica de la banda con la que proseguirían a partir de este punto. Es sabido que es un recurso del cántabro citar las últimas letras de tema que acaba de interpretar con algún ingenioso juego de palabras, y en ese contexto nos decía, nuevamente en clara alusión a estos tiempos de pandemia, que quedaba “prohibido temblar de miedo, solo de emoción”.

“Me quedo contigo” era el siguiente tema con el que dejaban claro que las primeras impresiones no siempre son sinceras y que el de esta noche no iba a ser un concierto íntegramente de medios tiempos y guitarras acústicas. Es por ello que el humo en su motor izquierdo que citaba en “Mal de altura” se disipaba para que este comenzase a funcionar con la energía que el público ansiaba, momento en el que el avión pilotado por el comandante cántabro ascendía, ganando en velocidad y altura.

Foto: Iratxe Herrera

Admirable la gran banda que acompaña al de Reinosa, la gran compenetración que existe entre ellos fruto de sus muchos años de trabajo continuado, y el gran empaque que le dan al sonido característico de Rulo. Aprovechaba nuevamente este último para hablarnos de su arraigo a Vitoria, la ciudad del anillo verde, localidad a la que aprovecho para agradecer que en los últimos años no pare de acoger a toda la comunidad rockera de norte del país consiguiendo acoger en ella los conciertos y bandas más destacadas de nuestro rock.

Seguían con “Me gusta”, ese tema tan vivo y que tan bien encaja en directo, en el que se recoge a la perfección esa larga lista de incoherencias personales de muchos de nosotros. “La flor”, una de mis preferidas sin duda, sonaba increíble, mientras que “Como a veces lo hice yo” empezaba a poner de manifiesto el peso que tiene en el setlist el primer trabajo en solitario de Rulo, ‘Señales de Humo’, con el que en su día consiguió demostrar que, aun desligado de la banda que le dio la fama, seguía manteniendo una habilidad de composición desorbitada que a día de hoy, junto al resto de su discografía, lo sigue colocando en primera línea de los mejores artistas que conforman nuestro rock.

Llegaba el momento de soltar el acelerador y bajar de intensidad, para, tras dedicar el tema al reciente y tristemente fallecido Boni de Barricada, el combo contrabandista, con absoluto acierto, nos deslizaban ese medio tiempo llamado “Heridas del Rock and Roll”, tema que contiene esa característica carga emotiva que tienen la mayoría de las composiciones del ex cantante de la Fuga. Y ya que citamos a esta, una de las mejores bandas que ha dado nuestro rock patrio, añadiremos que el momento álgido de la noche vino, conjugado con la filarmónica de Rulo, con “Por verte sonreír”, en parte por lo grande de la composición en sí misma, y en segundo lugar porque una vez acabada la interpretación por parte de la banda y prolongado durante bastante tiempo, el público siguió realizando coros que no hacían más que corroborar lo anteriormente expuesto.

Tras este especial momento de la velada donde también hubo una mención especial hacia los técnicos de sonido que también han sufrido las consecuencias de la pandemia, y cual Bunbury en su última etapa en Héroes y primera en solitario, con un llamativo megáfono en mano, nos presentaba “Verano del 95”, ese gran último hit con el que describe a las mil maravillas esas sensaciones con las que uno puede fácilmente sentirse identificado con aquel adolescente que con los primeros discos y colegas descubre esta gran pasión llamada rock. Aprovechó en mitad del corte para presentar a la banda, y añadió al final del mismo que él “solo era un chico de Cantabria que mataba por cantar”. Momento final de esta parte del concierto con la imposible mejor escogida “The End”. Sobrecogedor y visceral modo en el que Rulo, con exquisito acierto,  describe lo que puede sentir cualquiera cuando una relación sentimental llega a su fin.

Tras una larga ovación al grito de “beste bat, beste bat” (otra, otra), volvían para rematar la faena con un combo de bises, y nuevamente nos volvía a confundir y despistar para hacernos pensar que todo lo que restaba era acústico para luego terminar con pura energía eléctrica. Tal fue el caso de “Noviembre”, nuevamente acompañado de luz tenue y piano, pero esta vez acompañado por Fito, el que también fuera su compañero en la Fuga, a la guitarra acústica, lo cual le daba más valor añadido si cabe al momento. El segundo momento de gran clímax del concierto vino con “La última bala”, que con el tempo que le saben dar suena como auténtica música caída del mismísimo cielo. “Polaroid”, alineada con el contenido de la temática de “The End”, sonó como el mejor tema de todo el repertorio, para acto seguido dar el segundo y nuevo sorpresivo giro hacia lo eléctrico con las largamente aclamadas “P’aquí P’allá”, nuevamente de la Fuga, y “Cabecita loca”, donde la gente ya no podía aguantar sentada en sus asientos para desesperanza de los responsables de seguridad, que corrían de un lado a otro para sugerir que, por favor, mantuviésemos la compostura. Finalmente se hizo el cierre con “32 escaleras”.

Queremos aprovechar y aplaudir nuevamente mediante estas últimas líneas la gran apuesta de los músicos que como Rulo, que, tal y como manifestó él mismo, respetando completamente la decisión de otros compañeros de profesión que no lo vieron tan acertado, decidieron jugársela, y con pico y pala salieron a dar vida a un sector al cual el virus que previsiblemente tiene los días contados ha dejado muy tocado, demostrando así toda una actitud de valentía y de resistencia frente a que nuestra música, la que más amamos y que aún tiene mucho por decir, pueda morir, y en definitiva, vuelva a tener vida.

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Esta entrada fue escrita por Redacción

2 comentarios

  • Juandie dice:

    Otro buen concierto el que se marcaron RULO y sus buenos músicos en la cancha del Baskonia presentando su último álbum de estudio.

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