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Crónicas

Loquillo: El Loco y su banda de rock and roll asaltan Madrid

«Cuando José María Sanz Beltrán se pasea por el foro parece que “en La Elipa nació y Ventas es su reino”, que cantaban sus colegas los Burning»

13 noviembre 2021

WiZink Center, Madrid

Texto: Ismael Molero. Fotos: Carmen Somovilla

"No nací en La Elipa, nací en El Clot": el Loco y su banda de rock ‘n’ roll asaltan el Wizink Center de Madrid. En realidad en "Chanel, cocaína y Don Perignon" el Loco aclaraba que “no nació en los USA, nació en El Clot”, pero lo mismo da, porque cuando José María Sanz Beltrán se pasea por el foro parece que “en La Elipa nació y Ventas es su reino”, que cantaban sus colegas los Burning.

Lejos queda aquel 3 de julio de 2020, con el confinamiento recién levantado, en el que Loquillo y los suyos se presentaron en un WiZink desangelado, ante un panorama incierto y desolador. El Loco no paró entonces, no nos dejó solos, y no lo hace ahora que la cosa parece que pinta algo mejor. Ya sabéis, “feo, fuerte y formal”, siempre podemos contar con su palabra. Si entonces él y los suyos fueron los primeros en Europa en volver a un gran recinto con el aforo limitado, el sábado en Madrid volvieron a ser pioneros con un concierto de pie y a plena capacidad. Y como tal se disfrutó pero, “como dijo Jack el destripador”, vamos por partes.

En Goya con toda "la basca"

Estaba todo Madrid. Tal cual. Era una de esas tardes en las que en la previa te vas encontrando a toda "la basca" (y a los que no veías luego te enterabas de que también habían estado). Colegas que hace tiempo que no ves, compis del curro, gente del barrio y, efectivamente, ninguna ex. Y es que, la Plaza de Felipe II estaba petada, pero aún no habían montado los puestos de Navidad, así que, salvo un par de “descolgaos” haciendo skate y alguna familia dando un paseo pos comilona, allí estábamos todos para ver al Loco. La temperatura acompañaba, de chupa y terraza, las cervezas estaban frías, habíamos dormido bien… ya sabéis, nada podía salir mal.

Y no era para menos, pues el noviembre otoñal de la capital nos traía de vuelta al “último clásico” ante un Palacio a rebosar, con medidas de seguridad, sí, pero con el aforo completo como os decía y una pista –por fin- sin asientos. Las mascarillas no pudieron ahogar los estribillos de los más de quince mil animales de rock ‘n’ roll que nos dimos cita para soñar con la vuelta del rock, de los conciertos multitudinarios, de las birras de antes con los amigos, en fin, de la vida.

Precisamente, desde noviembre de 2019 (momento del lanzamiento de El último clásico –Warner Music Spain, 2019- su último LP), esperábamos poder ver algunos de los nuevos cortes en directo. Concretamente, desde el 19 de diciembre de 2020, fecha original en la que estaba prevista que se celebrase este concierto. Y se notó. La gente andaba con ganas –tres horas antes del bolo ya se veían tupés, patillas y chupas de cuero por los alrededores del WiZink-, así que, con la francotiradora apostada en la trinchera del foso lista para disparar su cámara –a las tres canciones la largaron, como manda el protocolo, pero dice que se pegó el gustazo de quedarse mirando al del Clot un minuto sin hacerle fotos-, solo quedaba esperar a que saliera el Loco.

De las fiestas de La Elipa al Palacio de los deportes

“En las calles de Madrid” para empezar. El Loco irrumpió en el escenario bailando como un púgil, en guardia con los puños en alto, dispuesto a noquearnos en el primer asalto. Pero el rugido del público al recibirle era toda una declaración de intenciones: “vamos a aguantar de pie hasta el final”.

Habíamos hecho nuestras quinielas y no fallamos, era de ley arrancar con este “temazo”, pero tampoco empecéis ahora a preguntarme por el número del próximo “Gordo” de Navidad, porque la apuesta era segura, Loquillo acostumbra a arrancar las noches grandes en el foro con este corte del ¿Dónde estabas tú en el 77? (3 Cipreses, 1984). Así lo hizo en las fiestas de La Elipa en 2011 –cuando el que os escribe lo vio por primera vez-, y así ocurrió de nuevo ante todo un WiZink Center en 2021. Esa es la grandeza del Loco y los suyos, cada noche tocan como si fuera la última, o la primera que los ves, da igual donde estén. Eso, y el ver a chavales de diecisiete dándolo todo con sus padres de sesenta y sus primos de treinta y tantos. Puede “que lo entierren con discursos muy solemnes” pero el rock ha transcendido, y el Loco también, convertido en un símbolo intergeneracional del rock español.

El capitán Ahab del rock

Sin tiempo para recuperar el equilibrio tras el primer golpe, la banda se abalanzaba sobre el segundo tema de la noche, primero del nuevo trabajo, “Los buscadores”, plagada de referencias literarias a las novelas de aventuras de Salgari y Stevenson, que nos dejaron la estampa de un Loco apoyado sobre los “amplis”, brazo en alto señalando el camino y mirada hacia el horizonte, como un capitán Ahab del rock, dispuesto a guiarnos por aguas misteriosas y tiempos turbulentos.

Con toda la marinería en cubierta dispuesta para el abordaje, atronaba “El hijo de nadie”, con su mítico estribillo, “animal de rock ‘n’ roll” coreado por el respetable y bailado por los fotógrafos en el foso. Pintaba que la noche iba a ser una de esas noches.

“Línea clara” continuó marcando el rumbo, con un Loquillo que no tiene nada que envidiarle a los frontmen americanos, y abriendo el díptico de temas procedentes de Balmoral (Warner Music, 2008), disco capital en la carrera del Loco, que supuso un renacimiento musical para el rocker, una reinvención que en el WiZink brilló especialmente a través de la reinterpretación de uno de sus cortes más emblemáticos, “Sol”, en la que el tridente de guitarras formado por Josu García, Igor Paskual y la nueva adquisición, Pablo Pérez, se hicieron con los focos por primera vez. Y no sería la última.

Bienvenidos al Planeta Rock

Subidos en La nave de los locos (Dro East West, 2012), el Loco emuló al Bosco en su mítico cuadro pintándonos el “Planeta Rock” con las palabras de Sabino Méndez, y reescribiendo de paso el mito clásico, al darnos un destino que pusiera fin a nuestro peregrinaje errante por aguas desconocidas. Con el Loco al timón siempre tendremos “Salud y rock ‘n’ roll”, a la que siguió la muy bailable “Sonríe”, sencillo salido en 2020, con un rollito muy DooWop que puso a todo el Palacio a moverse –que gusto daba echar la vista atrás y ver a tanta peña disfrutando de un concierto de rock sin que nadie les llamara la atención por levantarse de sus asientos-.

Johnny n’est pas mort!

Sin darnos cuenta ya estábamos “Cruzando el paraíso”, cuando llegó el primer gran momento de la velada con otro de los cortes míticos del Balmoral, un himno imprescindible en el que la inconfundible voz de Johnny Hallyday –ya sabéis, la estrella de rock más grande de la que nunca habéis oído hablar- resonó en cada una de las miles de voces que acompañaron al Loco, que os juro que cantaron el estribillo con acento francés –al menos, yo lo hice-. Fue uno de esos momentos difícilmente superables. Por un instante, la eternidad…

Johnny Hallyday no está muerto, como no lo está Johnny Cash, que aunque esta vez no se nos apareció transmutado en la soberbia versión en castellano de “El hombre de negro” de Gabriel Sopeña, estuvo muy presente en las guitarras de “Creo en mí”, que parecían tocadas por Pete Barnhill, el amigo de la infancia con el que Cash empezó a cantar, y que tenía el brazo derecho más corto que el izquierdo por culpa de la polio, lo que le hacía tocar la guitarra de la manera tan característica que más adelante haría famoso al Man In Black.

El siguiente en subirse al escenario para completar la reunión de amigos sería, precisamente, Gabriel Sopeña, el aliado inseparable del Loco desde los noventa, con el que durante este último año de pandemia ha recorrido las carreteras de nuestro país con un espectáculo más intimista, La vida por delante, en el que la poesía ocupaba el lugar central. Precisamente, ese tono más crudo, íntimo, se dejó sentir en “Brillar y brillar”, con Sopeña a la guitarra acústica, a la que siguió “No volveré a ser joven”, adaptación del poema de Jaime Gil de Biedma, que nos dejó a Sopeña, Josu García a la armónica y a Loquillo a oscuras sobre el escenario, iluminados por una tenue luz, en lo que fue sin duda uno de los momentos más intensos del concierto. Solo había visto a un tipo capaz de convertir un recinto de casi veinte mil personas en una café de apenas treinta, y ese es Bruce Springsteen. Hasta la noche del sábado. Cuestión de presencia.

Porque yo tengo una banda de rock ‘n’ roll: esto es AC/DC, estos son los Stones

Con esa misma presencia, entre sombras, el Loco se enciende un “piti”, Igor ocupa el centro del escenario, y arranca “El rompeolas”… ¿qué os voy a contar? Empieza el éxtasis. Es el momento de la banda. Con “Memoria de jóvenes airados” tocamos el cielo y nos miramos: “¡estos son los putos AC/DC!”. Con “Rock suave” Loquillo se queda en la parte trasera del escenario; manda la banda, que nos ofrece uno de los momentos cumbre del concierto, con las guitarras abrasando. Nos miramos de nuevo: “estos son los jodidos Stones!”. Con “El mundo necesita hombres objeto” alcanzamos el máximo de decibelios, los “amplis” van a reventar.

¡No necesita más!

Llega “El último clásico”, corte que da título al trabajo que se está presentando, no nos olvidemos, y nos damos cuenta que son las 22:45 y llevamos desde el principio del tirón, y no se avista tregua en el horizonte. “Carne para Linda” nos baja al Loco del escenario para darse un baño de masas, chocando puños con las primeras filas. Aprovechamos para comprobar que el tupé sigue impecable y el traje impoluto. ¡No necesita más!

A estas alturas el rock se ha apoderado de nosotros y la gente no puede parar de bailar (danzad, danzad, malditos…), y la nueva versión del “Rey del Glam” no hace más que empeorar el estado de locura colectiva en el que nos encontramos.

No muere

Por fin, Loquillo nos da un pequeño respiro, en lo que parece el rearme previo al asalto definitivo. Toca presentar a la banda que, seamos sinceros, debe tener pocos rivales en nuestro rock. Desde aquí hacemos un llamamiento para que se les ponga un nombre a la altura ya, algo así como The Band, The E Street Band, o The Heartbreakers, aunque estos ya están cogidos…

Y hablando de grupos míticos, los acordes del Baba O’ Riley de los Who dieron paso a “Rock and Roll actitud”, todo un clásico y pieza imprescindible de los directos del Loco, que fue seguido de un futuro clásico, “La mafia del baile, la ley del compás”, lanzado este pasado verano como sencillo del próximo trabajo de estudio de Loquillo.

“La vampiresa del rabal” y un homenaje a Brassens en su centenario con la versión en español de “La mala reputación” dejaron el camino abierto para la parte final del concierto, territorio vedado para todo lo que no fueran himnos imperecederos, que arrancaron con una versión salvaje de “La mataré”, precedida de una “intro” de bajo con sabor a guitarra española de Alfonso Alcalá. “¿Pero no estaba prohibida?”, preguntaba alguno de los más jóvenes.

¡Nena!

Con “El ritmo del garaje” todo el WiZink tuvo “una banda de rock ‘n’ roll –español-”, antes de querer ser como el Duque con “Feo, fuerte y formal”. Pero si había algo que queríamos de verdad, era tener un Cadillac, irnos a L.A. y, sobre todo, gritar desgañitándonos “¡Nena!” abrazados a nuestros colegas, a nuestros padres o madres, a nuestras novias, o a quien sea que nos hubiera acompañado a ver al Loco.

Porque eso es el rock. Abrazarte a tu gente mientras te dejas la voz con miles de desconocidos como un lobo aullando a la luna llena con su manada. El rock es Loquillo desgarrándose la voz gritando al cielo de Madrid “nena”, mientras hunde su metro noventa y cinco sobre las rodillas al unísono con quince mil madrileños.

Redacción
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Esta entrada fue escrita por Redacción

4 comentarios

  • Juandie dice:

    Extensa crónica del gran concierto que se marcó un histórico de nuestro Rock como es LOQUILLO junto a sus buenos músicos en el mejor recinto de Madrid y con el palacio de Deporte lleno hasta la bandera para disfrutar de esos clásicos de tan ilustre músico que a sus 60 takos sigue arrasando allá donde le contratan.

  • Ester dice:

    Isma, joder, estoy llorando. Desde la primera palabra, hasta el punto y final, me has hecho sentir joven otra vez, como todos los viernes en tu Choza. Y pensar q tenía las entradas... y q no he podido ir. Allí estuvisteis 14998 desesperados del rock, pero q sepas, q gracias a tu crónica, he vibrado con el Loco de mi vida. Pero q bien escribes, pura emoción y calor, con esas fotos q dan testimonio del personaje q es Loquillo y lo grande q es Somo con el lanzallamas Más crónicas así, por favor, q nos devuelvan la pasión y la buena literatura. Se despide sin menos y llevándose lo más, Ester, tu presidenta. Aquí debería de oírse el estruendoso aplauso q te dedico, querido amigo.

    • Isma dice:

      ¡Presidenta, presidenta, presidenta! Siempre te llevas lo más, Ester, porque lo eres. Un placer y un honor saber que aunque sea solo un pedacito, hemos podido llevarte el concierto del Loco a casa.

      Reármate, porque en el siguiente nos arrodillaremos gritando ese "nena" al unísono 15000 desesperados del rock, y tú serás las que más fuerte lo haga.

      Eso que oyes, es la ovación que te dedicamos, queridísima amiga.

  • Alfrezgonzalo dice:

    Magnífica crónica con todos los detalles de una noche de rock and roll, desde la llegada al Palacio, el comienzo atronador con el guiño al Pepe, pasando por ese recuerdo que yo también tuve del concierto del Boss en el mismo lugar presentando Magic hasta el apoteosis final del Cadillac.
    Lástima obviar que a mi admirado Igor no le funcionó su glamurosa Red Guitar en El Rey del Glam

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