Madness 2
gusylosimpostores

Crónicas

Burning: Que nos coman los morros

«Un respetable variopinto e intergeneracional en el que había hasta punks daba a entender que nos encontrábamos ante auténticas leyendas»

27 septiembre 2019

Kafe Antzokia, Bilbao.

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Hay grupos que deberían conservarse como especies protegidas. Y más en una época tan dada a la caza de brujas. Volvemos a los tiempos oscuros en los que se denunciaba al vecino por mera envidia. Los curas y las monjas han dejado de estar solo en las iglesias y los conventos y textos antaño inocuos en la actualidad son observados como si fueran lo más hiriente del mundo. Decía el refranero popular que “si las barbas de tu vecino ves cortar, pon las tuyas a remojar”, así que sorprende que la censura contemporánea no se haya cebado tanto con Burning como con otra gente. Suponemos que debe ser por esa vocación de ir siempre a lo suyo y situarse a medio camino entre la fama y la irrelevancia. Lo mismo que su música, sin alcanzar nunca el hard rock o el metal, pero tampoco sin caer en la comercialidad gratuita, pese a la popularidad de sus medios tiempos y baladas. Simplemente se limitaron a retratar la vida de barrio, con sus luces y sus sombras. Es lo que hay.

Y todo lo que nace en algún momento muere. Décadas de trayectoria en la que, en sus propias palabras, han “acariciado el cielo” y “besado el infierno” con similar profusión. Llegaba la hora de despedirse con una última gira como mandan los cánones, y ahí no podía faltar el bilbaíno Kafe Antzokia, una de sus plazas míticas. Un respetable variopinto e intergeneracional en el que había hasta punks daba a entender que nos encontrábamos ante auténticas leyendas. Ahí no existen fronteras estilísticas que valgan.

Con las entradas agotadas y calor de ebullición se batieron el cobre en primer lugar los también madrileños Desvariados, que conectaron en pocos minutos con la concurrencia gracias a su rock n’ roll clásico en la estela de Platero y Tú, Tequila o Los Zigarros, si nos ponemos más actuales. Lo cierto es que molaron mucho por sus toneladas de actitud y temazos tan enérgicos como contagiosos del calibre de “Escúpeme” o “Esta es para ti”, que en estudio cuenta con la colaboración del propio Johnny Cifuentes. Tal vez su vocalista a veces se pase de “sobrao”, pero bueno, ya dijo Jorge de Ilegales que el rock ‘n’ roll es ante todo “un ejercicio de arrogancia”. Los humildes que se queden en casa.

La grandeza en sí suele ser inconmensurable, pero en ocasiones se puede medir en base a diferentes baremos. Por ejemplo, en el entusiasmo suscitado nada más Burning comenzó con “Es decisión”, otro recital de cátedra. O lo que sucede cuando Johnny baja las escaleras del Antzokia para sentir el contacto de los fieles. Una espectadora hasta le plantó un beso en los morros en una de esas incursiones. La emoción no tiene límites.

Cortes recientes como “Bestia azul” o “Tú te lo llevas todo” convivían en armonía con piezas con solera, caso de esa magistral “Las chicas del Drugstore” que se hizo “en Fuencarral en los años 70”, según aseguró su líder. Una pura delicia que alargaron sin que se sintiera el hastío en ningún momento. “Willie Dixon” se ha transformado en un himno para todos los garitos del mundo, los elegantes con camareros de pajarita y los tugurios infectos de madrugada, sin distinción.

Los aficionados a escudriñar letras para ver si alguien resulta ofendido probablemente tendrían que hacer horas extras con “Miéntelas”, cargada de enseñanzas vitales sin tapujos. La nota sentimental irrumpió con “Balada para una viuda”, en la que algunas parejas maduras bailaron agarrados, y pillaron acelerón con “Weekend”, que refleja a la perfección lo que uno siente cuando llega el viernes. Que corra el bourbon.

El tirón de Johnny entre el sector femenino fue una constante durante el bolo, y alguna no se cortó incluso en subirse al escenario para contar confidencias al oído al voceras, a las que este respondía con suma educación y hasta con una reverencia de esas que ya no se estilan. Y después de sincerarse, tocaba colocarse “cerca del corazón” para “Como un huracán”, otra de esas inevitables que no podría obviarse bajo ningún concepto en tan magna noche. Cuando terminó, Johnny mandó un beso al cielo y gritaron desde el público: “¡Va por Risi!”. “Sí, por ese”, aclaró para despejar dudas antes de que el personal aclamara de manera espontánea al fallecido Pepe Risi. Grande.

“Jack Gasolina” se acogió con el entusiasmo habitual, y ya se puede hablar de “Corre conmigo” como si fuera un clásico, en especial después de esa espectacular versión que sacaron en directo junto a Luz Casal. Añadieron percusión tribal para “Todo a cien”, a la par que aprovechaban para regodearse en sus notas, algo totalmente justificado con la bandaza que llevan en la actualidad. Loas infinitas al maestro Edu Pinilla y compañía.

“Como decía Chicho, hasta aquí hemos llegado”, amagó Johnny ante las quejas de la peña, para proseguir afirmando que lo mejor de la noche era “el puto pegamento que nos une, eso se llama rock n’ roll”. Combustible más que suficiente para que no disminuyera el entusiasmo con “Muévete en la oscuridad”, antes de saciar el gaznate con gloriosa “Ginebra seca”, la excusa ideal para intercalar un popurrí “stoniano” compuesto por “Jumpin’ Jack Flash”, “(I Can’t Get No) Satisfaction” y “Brown Sugar”. Siempre con Sus Satánicas Majestades en mente.

“Esto es un atraco” enardeció de nuevo sentimientos. El estribillo resonó a pleno pulmón entonado por la concurrencia y en “Mueve tus caderas” se descorchó la tradicional botella de champán para así bendecir a la multitud. Un fin de fiesta en el que acabaron haciendo el paso del pato en el escenario. La petición de bises fue tan estruendosa que no tardaron demasiado en regresar y Johnny se topó con otra señora espontánea que le llamaba “grande” antes de que se pusiera a juguetear con el teclado y amagara con “Dieron las diez”. “Esa sí que es buena, ¿eh?”, concedió antes de enfilar esa colosal intro de “No es extraño que tú estés loca por mí”. El saxo se elevó hacia los cielos.

“Jim Dinamita” era otro de los personajes fundamentales en la noche, del mismo modo que su tema bandera “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?”, con Johnny pegándose un garbeo más entre la muchedumbre. “Hey, nena” otorga un impulso imparable en la recta final antes de que se asomen lagrimillas en “Una noche sin ti”, el único epílogo entendible y necesario tras casi dos horas y media. Hasta siempre, señores.

Y así fue el desenlace a una carrera de más de cuatro décadas. El colofón previsible. Como el de esas películas en las que el protagonista se acaba perdiendo de vista entre la niebla caminando hacia ninguna parte. Todavía quedan un par de cartuchos el 4 y 5 de octubre en Barcelona y Madrid, respectivamente. La última oportunidad para que nos coman los morros, como suele decir Johnny.

Redacción
¡Síguenos!

Redacción

El equipo de redactores de MariskalRock te trae toda la información del mundo del rock y del metal, en todas sus vertientes.
Redacción
¡Síguenos!
Etiquetas: , , ,

Categorizado en: , ,

Esta entrada fue escrita por Redacción

1 comentario

  • Juandie says:

    Gran concierto en una de las mejores salas de Bilbao de los históricos BURNING a través de esos clásico que huelen al mejor Rock macarra que solo ellos saben destilar. Te equivocas Alfredo porque realmente les quedan 3 cartuchos y esos son el 3 de Octubre en la preciosa Úbeda y el resto Barcelona y Madrid. En Úbeda en la caseta municipal y gratis estaré otro año más disfrutando de estos históricos del Rock al igual que el año pasado hice con SARATOGA.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.