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Crónicas

Ana Curra: La Serpenta Canta

«Curra mostró estar en una forma física envidiable y con una energía endiablada»

8 junio 2019

Sala But, Madrid

Texto: Yorgos Goumas. Fotos: Alfredo Villaescusa

He tomado prestado el título de esta crónica del de un disco de Diamanda Galás para hacer hincapié en el hecho de que Ana Curra debería ser también una referencia femenina fundamental dentro de la escena oscura (o post punk o siniestra o como queráis llamarla), igual que Galás, Siouxsie Sioux o Nina Hagen. Ella no pudo o no quiso explotar la fama y el mérito artístico adquirido por su militancia tanto en Parálisis Permanente como en Alaska y los Pegamoides, y mantuvo un perfil bajo durante muchos años, dedicándose a la enseñanza de piano en un conservatorio. Aparentemente, desde hace un tiempo, ha decidido reivindicar su papel como una de las pioneras de este movimiento en España volviendo a tocar en directo y creando nueva música.

La ocasión se traducía en que los allí presentes fueron una mezcla de gente que creció durante aquellos últimos ’70 y primeros ’80 (el periodo álgido de la movida madrileña) y los acólitos de nueva generación de la escena oscura. Consecuentemente, el recinto registró casi un lleno absoluto. Además, como uno no solamente vive de su llegado, la velada sirvió para presentar en sociedad su recién sacado EP, ‘Huaca’, con el cual arrancó su actuación.

Fue durante la intro, solemne y muy apropiada para la ocasión (el Miserere del compositor barroco checo Jan Dismas Zelenka), cuando salieron los miembros de su banda actual uno por uno al escenario. Hablamos de: Iván Santana a la batería, Pilar Román al bajo, César Scappa, Iñaki Rodriguez y Ángel Berdiales a las guitarras. Curra salió la última, ataviada con una capucha y mantilla negras, lista para dar inicio a esa liturgia siniestra.

“Fundido Negro” es un tema a medio tempo y con reminiscencias del death rock ochentero (Christian Death, Sex Gang Children) y una declaración de principios. Tras unos cambios en la formación sobre las tablas (Berdiales se retira al backstage, Pilar deja el bajo para convertirse en corista y sale Rafa Balsameda, bajista y compañero de fatigas de Curra tanto en Parálisis Permanente como en los posteriores Los Seres Vacíos) empiezan a sonar los clásicos “El Acto” y “Vamos a Jugar” (temas de ‘El Acto’, disco de 1982, y referencia total y absoluta del post punk patrio).

En este momento Curra se dirige a nosotros para decirnos que esta velada sirve como un conjuro para invocar aquí, en el mundo de los vivos, a los espíritus de aquellas personas a las que hemos querido a lo largo de nuestras vidas para que celebraran con nosotros esta fiesta siniestra y que nos recordaran a la vez lo fugaz y fútil de esta vida terrenal. Obviamente entre los espíritus que ella invocaba aquella noche estaba el de Eduardo Benavente, compañero suyo en Parálisis Permanente y artífice junto a ella de esas joyas mencionadas anteriormente o de “Nacidos para dominar”, histórico single del 1983 y con un riff que debería estar en los anales del post punk internacional.

Curra y Rafa Balsameda (ex-Parálisis Permanente)

Después del tema “Te gustará”, tocaba invocar al espíritu del gurú David Bowie, luz-guía de Parálisis Permanente en su momento, con la versión en castellano de su “Heroes” que también salía en ‘El Acto’: “un artista que nos enseñó que podemos ser libres como los delfines en el océano” sentenció Curra.

Ahora tocaba visitar su etapa en Los Seres Vacios con los temas “Más y “Luna nueva”, este último fue su primera canción como aprendiz de bruja, tal como afirmó la protagonista. El siguiente tema de Parálisis Permanente que sonó, “Esa extraña sonrisa”, estuvo dedicado a las “tropas oscuras alrededor del mundo”. Acto seguido tocaron el tema compuesto junto a Alaska, otro clásico atemporal de la escena oscura: “Quiero ser santa”. Al final de este hubo una pequeña performance con el batería simulando su propio ahorcamiento.

“Tengo un pasajero”, otro temazo de Parálisis (donde además el batería derribó parte de su kit) fue seguido por el visceral “Ratas” de Los Seres Vacios (para el cual Berdiales volvió al escenario), acaso el tema más duro de toda la velada. Le tocaba el turno ahora al no menos acelerado “Pájaros de mal agüero”, de su disco en solitario ‘Volviendo a las Andadas’ (1987), tema de corte ortodoxo que sirvió de contraste para lo que venía después: “Tres tristes yonquis”, tema de su nuevo EP, un tema con “mucho flow” según Curra, que fue recitado por Scappa. Un tema ciertamente raro y de corte moderno que ha dividido a sus fans, cuyo básico ritmo me recordó al rebétiko, un género musical griego.

Otros dos temas de su EP estaban a punto de caer: “Aprendiz de Bruja”, un corte atmosférico con reminiscencias a lo Siouxsie And The Banshees, sobre todo por el timbre de voz de Curra en este en concreto (aquí Curra se puso una especie de malla de redecilla en la cabeza), y “Ghost Rider”, versión cyber punk del tema de Suicide, una banda de culto que ha influenciado a muchos artistas del indie, del industrial, del post punk y del new wave desde los últimos ’70 al día de hoy.

“Sangre”, que fue cantada por Scappa, cara B del single ‘Nacidos para dominar’; “Esto no es”, “Quiero ser tu perro”, versión en castellano del “I Wanna Be Your Dog” de los Stooges; “Jugando a Las Cartas” y “Unidos” (con todos los músicos ya en el escenario) fueron los clásicos de Parálisis Permanente con los que nos llevaron hasta los bises. Antes de estos Curra dijo que había llegado la hora de dejar que los espíritus de los seres queridos que nos habían acompañado a lo largo de la velada volvieran a su mundo, y para ello pidió que hiciéramos silencio mientras tocó una pequeña y solemne pieza instrumental atribuida a Sebastian Bach (no siendo un conocedor de la materia no os podría decir cual) al piano de corte barroco. Los bises no podían ser otros que “Adictos a la lujuria”, “Autosuficiencia” y “Un día en Texas” (donde Curra se lanzó al público en plan crowdsurfing).

Sin duda alguna el setlist fue del agrado de todos y Curra mostró estar en una forma física envidiable y con una energía endiablada. Sin embargo, la sombra de Parálisis Permanente es demasiado larga, como se puede ver en el repertorio, y Curra lo ha asumido, como también ha asumido el hecho de que haber nacido en El Escorial, un lugar con fuerzas telúricas y trasfondos ocultistas importantes, ha jugado un papel importante a la hora de formar su carácter, sus creencias y sus gustos musicales. En definitiva, una actuación que a todas luces confirmó las reivindicaciones presentadas en la entrada de esta crónica.

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