Whisky Caravan

Imaginaciones

Autoeditado (2022)

Por: Javier Pérez

9

Venían avisando, adelanto tras adelanto, que lo que se traían entre manos no era baladí. Cierto es que lo enseñado rugía por demás, y si sabes de qué hablamos, la intuición debería dejarte entrever que la rabia abriría paso a otras aristas, esas que con tanta maestría manejan Whisky Caravan.

Se han despachado sin tapujos, e ‘Imaginaciones’ está más cerca en concepto de ‘Lo que nunca encontraré’ que de ‘La guerra contra el resto’. El hasta ahora último disco en estudio de la banda brillaba en concisión, en canciones directas, en decisiones rápidas; en inmediatez. Su predecesor se expandía en duración y, por ende, en exploración y quizá, en complejidad. Ambas, en su discurso, fueron obras de obligada escucha.

 

Ahora se han tomado su tiempo; supongo que el no tener que rendir cuentas a nadie, y que ‘No sueñan fantasmas’ medió entre la espera de su público y la importancia de mantener vivo el espectáculo, ha permitido que esto vea la luz cuando haya tenido que ser.

Tenue, como antaño, arranca “Algo en que creer”, y con él la escucha que, si no te entretienes, ronda la hora sin rozarla. No pierde tiempo y la batería arremete al compás de los demás instrumentos encendiendo una mecha conocida, aquélla que brama en su estilo más puro, Whisky Caravan siendo Whisky Caravan. Encandilado me topo con “Enemigos”, que se instala entre lo mejor del grupo, y no te hablo sólo de este ‘Imaginaciones’: rapidez, firmeza y energía; y una de las letras más inspiradas, nítidas y eficaces de su trayectoria.

Y llegas a “Larga carretera”, un himno moderno. Carga con todo: bravura, melodía, inspiración. Confirma a Danny como uno los mejores letristas del estado, que no es que esté descubriendo yo América, pero seguro que hay alguno en otro mundo. “Gigantes” nos reencuentra con una de las facetas más clásicas de los madrileños: el medio tiempo que no es tal. Sí, no estoy diciendo incoherencias; luego aparecerán otros que sí lo son.

Mi rendición absoluta es la producción que pone título al LP. Aquí sí se lanzan hacia su forma más incendiaria. Siempre pensé que el metal les ronda la espalda cada vez que se pasan de vueltas, “Imaginaciones” es el cierre de su particular círculo oscuro. “Mi ingravidez” mantiene las pulsaciones, con las guitarras tomando el mando y la batería recuperando su añejo estilo cortante sobre los fraseos de voz, y desbocando tras ello.

A ver, que no soy yo muy de baladas y llega “La última luz”. Pues nada, me quito el sombrero y punto: crudeza, teclados, amores o desamores, guitarras marcadas; de esas que hacían Guns N’ Roses, de las que tienen algo más que azúcar almidonado. “Somos más” la plantan después para recuperar tono sin insultar. Otro triunfo.

“No dejes que me lleven” se postula en esa onda que hablábamos más arriba: escuela Caravan de alto cargo emocional, con tempo medio. Este bloque lo cierra “Kintsugi”, aquí sí que armada casi en su totalidad con acústica y voz, la lanzan a susurros. Entienden que hay que dar luz tras la oscuridad melancólica, y la espectacular “A cada paso” se encarga de ello. Ojo que la luminosidad viene más dada de la música que de la lírica, en la cual parecen sondear la esperanza del futuro.

Nos acercamos irremediablemente al cierre de la historia. Vuelve la cadencia ágil, el rock con vértigo. Lo han llamado “Tan lejos como puedas”. Y otra se titula “Satélites”, de corte afín a su antecesora. El postrero “Los últimos en pie” clausura la audición; otra alabanza al buen gusto y, a su manera, a la ilusión.

Son muy buenos. Pero no es mi culpa.

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Esta entrada fue escrita por Redacción

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