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Robe

Mayéutica

Dromedario Records (2021)

Por: Javier Pérez

10

Hay veces en esta vida en las que debemos dejarnos llevar, disfrutar el momento, estirar el confort, no pensar en el que vendrá, apartar ese futuro cercano cargado de obligaciones, de enseres que nos lastran, de preocupaciones insanas. Para ello ha llegado, sin esperarlo, ‘Mayéutica’.

La nueva obra de Robe aparece de la nada, aunque por lo visto lleva grabada tres años, con un Rey de Extremadura hastiado de esperar a que la maquinaria que mueve la banda nodriza pueda desanclar y echar a rodar… por última vez. Tiempos sin duda incómodos, por no decir de mierda, para todos. Explícitamente sanguinarios con el universo que mueve al pueblo, ya sean conciertos, bares, salas de cine…

De tal modo que el abrupto devenir de los hechos convierte en realidad, quizá antes de lo debido, el tercer largo del de Plasencia. Vaya en cabeza que sin ser yo de definir mis gustos con favoritismos que puedan variar de un día para otro, Extremoduro es una de las claves en la banda sonora de mis ya más de 40 años, lo cual lleva implícito mis respetos ante todo lo que Robe quiera poner en circulación, ‘El viaje íntimo de la locura’ incluido. Expongo la presente para escudar un veredicto ligero: ‘Mayéutica’ suena más a Extremoduro que a Robe. Lo cual no es malo, ni bueno, ni siquiera todo lo contrario. Evito el charco con el salto, y que cada cual bendiga lo que estime conveniente. Únicamente expongo una situación gustosa, y aquí sí hablo de forma personal.

Todo lo que rodea al LP rezuma complejidad, misterio, introspección. Servidor desconocía, y lo admito sin rubor, el significado de la palabra que le da título, y una vez entendido, todo cuadra. Y todo ese cuadre nos lleva 10 años atrás, al parto de ‘La Ley Innata’, hasta el punto de que lo que nos traemos entre manos usa el mismo apellido, con un “2″ cerrando la presente. Entiendes ahora que el completo transpire recuerdos de otros tiempos, ¿no?

He gastado ya muchas palabras, y me doy cuenta de que lo único que he plasmado es el impacto de la primera escucha, maximizando las sensaciones que me dejó el sencillo de adelanto. Partimos de la base de que el disco se concibe como una única canción; sí, a lo ‘Pedrá’. Este ‘La Ley Innnata 2’ se arma como el primigenio, con “Interludio” abriendo suave y cogiendo cuerpo, avisando de que se viene algo gordo. A partir de ahí nos metemos de lleno en los cuatro cortes que forman el grueso del compacto.

“Primer movimiento: Después de la catarsis” nos lleva a casi 9 minutos de locura transitoria, donde conviven lo mejor de las dos caras de Robe. La musicalidad que propone la banda que lo acompaña en solitario, con instrumentaciones que se salen del añejo traqueteo guitarra, bajo y batería, casa con la vieja escuela, aquélla que exponía crudeza, y que se vio acolchada en ‘Destrozares, canciones para el final de los tiempos’ y ‘Lo que aletea en nuestras cabezas’.

Prosigue el camino “Segundo movimiento: Mierda de filosofía”, corte que sirvió de muestra, supongo que, independientemente de por la calidad que atesora, que es mucha, por el minutaje comedido. Y de nuevo en pugna el tesón añejo con la riqueza reciente. Todos a bailar como putos locos.

Si te gusta la música, la que sea, en este punto deberías estar en ebullición. Sin embargo, el culmen de la creación arremete con opulencia en la segunda mitad, en dos temas que entre ambos se comen casi media hora de metraje. “Tercer movimiento: Un instante de luz”, y “Cuarto movimiento: Yo no soy el dueño de mis emociones” se presentan tan cargados de matices que resulta absurdo desmembrarlos y tratarlos como simples canciones. Son espacios complejos, que se desatan a su aire, con la imaginación del autor fuera de control. Un Robe iluminado y luminoso, sin cortapisas, desarrollando toda su lírica y plasmando en unos cuantos surcos una insultante barbaridad de sensaciones; una liturgia infame para el goce de sus acólitos.

El último brochazo se lo guarda para “Coda feliz”, donde se las ingenia para cumplir la amenaza previamente lanzada: esto es una canción sin final.

Ahora es cuando te bajas del carro de la música y vuelves al mundo real. Nadie te quitará jamás el tiempo que dedicaste a imbuirte y dejarte llevar por el carácter absoluto de ‘Mayéutica’. Me da igual que seas de los que piensan que ya no se hacen canciones como “Jesucristo García”. Atiende a la llamada de su creador, que ha aprovechado el paso del tiempo para agudizar el entramado de su encomienda. Viva el Rey.

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Esta entrada fue escrita por Redacción

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