Que el pop rock de los ochenta con grupazos como Los Secretos o Nacha Pop dejó un evidente poso en el panorama patrio es una verdad absoluta al margen de sectarismos, al igual que muchos combos de eso que llamaríamos la movida madrileña, que no se circunscribía a Radio Futura, Alaska y poco más. Nunca está de más echar la vista atrás hacia un periodo en el que hubo un extraordinario nivel creativo capaz de mirar de tú a tú a países como EE UU o Reino Unido, entre otros.
Como les sucedió a varios artistas, la pandemia permitió a Luis Mera Lucky dar forma a lo que sería este notable debut de marcados ecos ochenteros que me atrevería a decir que podría gustar a cualquier amante de la buena música en general. Si no has olvidado el legado de los hermanos Urquijo, Antonio Vega, Manolo Tena y tantos otros grandes compositores, que no se te escape este lanzamiento.
Este gallego se presenta de un plumazo con “Una acción muy tonta”, que ya nos permite hacernos bastante idea del carácter artesanal de su proyecto, así como de su admirable habilidad para crear canciones redondas, sencillas y que lleguen a lo más hondo del corazón, sin más zarandajas. “Isabel de Valois” posee un aire más rockabilly en plan La Frontera con una letra soberbia en la que entrelaza la bahía de Ferrol con un viaje a San Lorenzo del Escorial, donde está la tumba de la tercera esposa de Felipe II.
La homónima “La hora de triunfar” cambia radicalmente de tercio con cierto toque glam a lo T. Rex o a los Tequila más bailongos, mientras que “No tienes talento” adopta un aire más propio de cantautor con estrofas para tatuarse tipo “La mala reputación” de Georges Brassens. El poso nostálgico de “Libración” nos constata que este artista se mueve también con habilidad en tesituras más relajadas, no vale cualquiera para trasladar con convicción las emociones que embargan en el fin de una relación sentimental.
“Todo está en mí” adopta el tono positivo de “Mil calles llevan hacia ti” de La Guardia, por lo que es un temón igual que este último. Y “Almanaque del 92” se torna una suerte de homenaje a Santiago de Compostela, pero desde una perspectiva emocional, del que ha vivido momentos impagables en esa ciudad gallega que ya no olvidará en lo que resta de existencia.
“Reciprocidad” baja el pistón y nos muestra la cara más intima de este músico, en esta ocasión le inspira la conexión entre dos almas, uno de los asuntos recurrentes en el pop rock. “Eclipse en el espejo” sube la carga literaria, no en vano está basado en unos poemas que el autor escribió con 18 años. Las ilusiones de la tierna juventud.
Y si alguien se preguntaba por las bandas que han influenciado a este artista, “A Velas Vir” menciona algunas de ellas a ritmo de rock enérgico y se convierte en una de las piezas que podrían mejor resumir el espíritu de este redondo. “Ojos ambiguos” pone el broche final apelando de nuevo a las emociones a flor de piel, un terreno en el que Luis Mera Lucky no tiene rival y por eso nos deja una más que grata impresión tras su escucha.
A veces uno piensa que este conjunto de canciones es como un viejo álbum de fotos en el que te vas deteniendo en cada imagen y entonces te asaltan los recuerdos de esa época, en qué circunstancias se tomó la instantánea y qué ha sido hoy en día de los protagonistas que aparecían ahí. En definitiva, todas esas cosas que la mayoría nos preguntamos al llegar a cierta edad.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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