Un 17 de septiembre salió a la venta ‘Painkiller’, un disco que no se limitaría únicamente a ampliar el catálogo de Judas Priest, sino que serviría de puente entre el heavy clásico y los sonidos extremos que por aquel entonces empezaban a despuntar en el panorama metálico. Fue también un poderoso testamento de la legendaria primera etapa de la banda con Rob Halford al frente. Motivos más que suficientes para que Alfredo Villaescusa rescate cinco cosas que probablemente no sepas de tan emblemático trabajo.
1. Reacción contundente al sonido del hair metal
No eran pocos los que decían que el heavy metal tradicional ya no tenía nada que hacer llegados los noventa, pero Rob Halford y compañía reaccionaron contra ese ambiente opresivo que pretendía jubilarlos antes de tiempo. La banda era consciente de que las bandas de hard rock comercial copaban el panorama, pero en lugar de endulzar su sonido hasta límites empalagosos, optaron por el camino inverso, al recuperar una imagen y unas canciones mucho más agresivas que antaño. El resultado fue prácticamente una declaración de intenciones que venía a decir que seguían al pie del cañón, y encima más extremos y afilados que nunca. Chuparos esa, modernos y alternativos.
2. Scott Travis cambió la dinámica de la banda
El endurecimiento del sonido de Judas Priest no vino llovido del cielo, sino que se debió a varios factores. Evidentemente, el vocalista Rob Halford empleó los registros más altos y agresivos de su carrera, pero el batería Scott Travis no se limitó a sustituir a Dave Holland. En concreto, su peculiar estilo a las baquetas, con un uso prominente del doble bombo, permitió a la banda acelerar de manera considerable los temas. Basta poner la oreja y apreciar cómo ‘Painkiller’ en general sonaba bastante diferente a ‘Turbo’ o ‘Ram It Down’, casi como si perteneciera a otra dimensión. He aquí una versión ultravitaminada de aquellas características que les definieron en el pasado.
3. La historia detrás de la portada
El concepto de ‘Painkiller’ surgió de una idea muy peculiar de Rob Halford, con un personaje concebido como una especie de salvador apocalíptico, mitad máquina y mitad guerrero, que llegaba para combatir el mal. Eso encajaba a la perfección con la portada diseñada por Mark Wilkinson, colaborador habitual de Judas Priest y también conocido por sus trabajos para Marillion. Ahí podíamos ver un símbolo clásico del grupo en la motocicleta futurista, pero también unas alas metálicas que lo asociaban a una figura angelical. Wilkinson además diseñó la composición para que el logo de la banda quedara integrado con el cielo y el personaje. La portada funcionaba a modo de representación visual del sonido del disco. Ahí no había vuelta de hoja, el resultado solo podría ser tan rápido como brutal.
4. Pudo ganar un Grammy… pero se lo arrebató una canción de Queen
Que un disco tan trascendental para la historia del heavy metal como ‘Painkiller’ recibiera algún reconocimiento era una mera cuestión de justicia. De hecho, recibió una nominación al Grammy a la mejor interpretación de metal en 1991, pero perdió frente a “Stone Cold Crazy”, la versión del clásico de Queen que hizo Metallica. Los hombres de negro habían grabado originalmente aquella revisión para la cara B del single "Enter Sandman" en 1990 y luego apareció en el segundo disco del álbum 'Garage Inc.'. Halford y compañía tuvieron que esperar hasta 2010 para llevarse un Grammy por la Mejor Actuación de Metal. El que la sigue, la consigue.
5. La colaboración inesperada de “A Touch of Evil”
Aunque ‘Painkiller’ pasará a la historia por los temas potentes para quedarse con las cervicales muy doloridas, también había piezas más intensas que sin duda alguna añadían valor a la obra en su conjunto. Tal es el caso del medio tiempo “A Touch of Evil”, que contó con teclados del prestigioso Don Airey, hoy en día miembro de Deep Purple. Por aquel entonces ya era uno de los músicos más importantes del hard rock y heavy metal al haber trabajado con Rainbow, Ozzy Osbourne, Gary Moore o Black Sabbath, entre muchos otros. Gracias a su aportación se creó una atmósfera oscura que contrastaba con las afiladas guitarras de K.K. Downing y Glenn Tipton.
Ah, y ahí va de propina otro dato curioso sobre la misma composición, que fue coescrita por una persona ajena a Judas Priest. Hablamos en concreto del productor Chris Tsangarides. No solía ser habitual que alguien detrás de los mandos diera el salto a la primera plana, pero no podemos obviar su participación en el que se convirtió en uno de los temas más atmosféricos de la banda.
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El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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