El pasado jueves 20 de agosto asistimos a un evento histórico. Poder decir que en 2026 hemos presenciado un concierto de Judas Priest es algo que habría parecido impensable años atrás. En un Roig Arena hasta las trancas, los de Birmingham estuvieron muy bien acompañados por Airbourne y Dirkschneider, que nos brindaron una tarde de celebración del legado del heavy metal. Aquí os cuento cómo lo viví. ¡Ojalá podamos repetir pronto!
Judas Priest: Farmeando aura
Dudo que Rob Halford e Ian Hill se imaginaran hace años que, a sus casi 75 tacos, estarían llenando estadios en distintos confines del mundo, teniendo en cuenta que, como ocurre con todas las agrupaciones veteranas, se juegan, en cierto modo, perder su “aura” y su legado por arrastrarse por el escenario y no brindar un show a la altura de su nombre. Judas Priest es una de esas bandas veteranas de cuyos conciertos es imposible salir decepcionado.
El pistoletazo de salida se dio con una grabación del clásico “War Pigs” de Black Sabbath a modo de introducción. A continuación, echaron toda la carne en el asador con “You’ve Got Another Thing Comin’”, que encendió la mecha del concierto desde sus primeros compases.
El ‘British Steel’, para muchos la obra culmen discográfica de los de Birmingham, no tardó en aparecer en escena. “Metal Gods” y “Breaking the Law” fueron los dos cañonazos sonoros de este álbum que retumbaron en el Roig Arena de Valencia. Teniendo en cuenta que la mayoría de las bandas de gran aforo dejan sus temas más populares para el final, Halford y los suyos, nada más empezar el bolo, ya tiñeron el setlist de clásicos entre clásicos. ¡Lástima por el que llegase tarde!
Centrándonos en la puesta en escena, nos sorprendieron con diversos visuales que representaban los álbumes correspondientes a los temas que iban interpretando, amén de las grandes cruces, tan icónicas de Judas Priest, situadas a los costados de la batería. Esto deja constancia del avance a la hora de “ilustrar” los conciertos en la escena metalera, cuando antiguamente era más habitual ver telones pintados.
De este completo y variado setlist quiero destacar, en concreto, tres interpretaciones. La primera fue “Delivering the Goods”, del ‘Killing Machine’, una rareza absoluta en los directos de Judas Priest. De hecho, cuando fue recuperada en 2018, llevaba sin sonar en directo desde los años 80; volvió a desaparecer del repertorio en 2019 y no ha regresado hasta esta gira.
Esta misma tónica siguieron “Steeler” y “The Ripper”, ambas recuperadas también de forma excepcional para esta gira y que, sin duda, tuvieron interpretaciones dignas de bandera. Qué bueno es ver a agrupaciones tan legendarias rescatar temas casi olvidados y que se note que han hecho el esfuerzo de ensayarlos para dar lo mejor de sí mismas sobre las tablas. ¡Chapó!
Más allá de las curiosidades acerca del repertorio, tal vez mi momento favorito del show fue presenciar en vivo y en directo, por primera vez en mi vida, la intro de “Painkiller”. La técnica de Scott Travis a las baquetas marcó un antes y un después en la historia del heavy metal.
Otro de los detalles que más me sorprendieron fue ver a Rob Halford hacer jueguecitos vocales con el público a escasos días de cumplir 75 años. Es evidente que tantos años cuidando su salud le han permitido llevar su portentosa voz hasta límites difíciles de alcanzar para un ser humano de a pie.
En cuanto a la producción sonora en general, no quedé tan satisfecho como esperaba. Haciendo una comparativa con el bolazo que dio Megadeth en el Roig Arena, me dio la impresión de que Judas Priest sonaba algo más “empastado”. Esto no es culpa, ni mucho menos, de los músicos; es solo una simple observación subjetiva.
Pese a la veteranía de Judas Priest, el pasado jueves en Valencia quedó constancia de que le queda cuerda para unos años más, siempre que la salud de Rob Halford lo permita. Por eso, chavales, hay que cuidarse. Halford es un gran ejemplo de que, si uno se toma en serio su trabajo, puede estirar el chicle mucho más de lo que se espera de un hombre de su edad.
El bis arrancó con “Electric Eye”, seguido de “Hell Bent for Leather”, momento en el que su frontman nos regaló la icónica estampa de su entrada al escenario a lomos de su moto. ¡Épico es poco! El broche de oro lo pusieron con “Living After Midnight”, cerrando así una inolvidable celebración del heavy metal de corte más clásico y auténtico. Ojalá esta sea la primera de muchas veces que tenga la oportunidad de disfrutar de estos monstruos del escenario.
Airbourne: ¡Vasos al viento!
El soplo de aire fresco que supuso colocar a Airbourne entre Dirkschneider y Judas Priest no tuvo nombre. Lo que dio fue lo que se esperaba de un show de los australianos: caña, potencia y risas; la esencia y el alma del rock n’ roll, aunque a más de un amargado le cueste entenderlo.
Concretamente, hablo del momento en el que, mientras sonaba “Live It Up”, Joel O’Keeffe, subido a una suerte de “bar móvil” con el logo de Motörhead y el nombre de Lemmy en la parte superior, se dispuso a lanzar minis de cerveza al viento cual lluvia de morteros, empapando de birra a buena parte de los presentes.
Si no te gusta que pasen esas cosas, es tan fácil como adquirir una entrada de grada o acomodarte unos metros más lejos del escenario. El concierto te lo vas a gozar igual.
Tras retirar el telón que cubría la línea de amplis Marshall que presidía el escenario, los hermanos O’Keeffe y compañía hicieron arder por completo las tablas, elevando enormemente las revoluciones del show en comparación con Dirkschneider.
“GUTSY”, tema que abre su próximo álbum homónimo, fue el primero en entrar en liza y sigue la línea de Airbourne en todo su esplendor. Al continuar con “Too Much, Too Young, Too Fast”, dieron el mismo golpe sobre la mesa que sus sucesores al presentar de primeras uno de sus clásicos, con el que ya podíamos darnos cuenta de la estridencia y la potencia sonora que nos aguardaban en esta corta pero intensa actuación.
Otro de esos momentazos “made in Airbourne” que pude inmortalizar para nuestras redes sociales fue cuando su frontman se dio un paseo por la pista a lomos de un segurata mientras reventaba las cuerdas de su guitarra al son de “Ready to Rock”. En un momento dado, le dio por reventar una yonkilata contra su cabeza, creando una auténtica fuente de cerveza. ¡El sueño húmedo de Homer Simpson y Barney Gumble, seguro!
Para cerrar el show, optaron por su megaclásico “Runnin’ Wild”, con el que dejaron el listón muy alto de cara a Judas Priest.
Dirkschneider: De padres a hijos
Un detalle que no pasaba desapercibido en este show era la variedad generacional que había entre el público. Muchos padres que han tenido la suerte de inculcar los valores del heavy metal a sus hijos no dudaron en compartir con ellos este momento tan especial.
Curiosamente, el combo de Udo Dirkschneider cuenta con Sven a la batería, su vástago de 32 años. No cabe duda de que el hecho de que su hijo optase por aprender a reventar parches iba a suponer una inversión de futuro.
El show de Dirkschneider estuvo a la altura de lo que se espera de una banda soporte. La puesta en escena fue bastante sobria. La banda tocó con los elementos escénicos de las formaciones que actuarían después cubiertos por telones negros y daba la impresión de que contaba con poco espacio para moverse sobre las tablas.
En cuanto al sonido, creo que fue la banda que más se vio afectada. De algún modo, se percibía una suerte de “bola de ruido” en la que la voz de Udo era difícil de distinguir.
Esto no es una mala crítica ni significa que me pareciese un mal concierto. Ni mucho menos. Creo que cumplió con creces su papel de primera banda soporte del show y estoy seguro de que el mes que viene, en el Gineta Rock, donde estará como cabeza de cartel, dará el 100 % tanto a nivel sonoro como técnico.
Cabe remarcar que Peter Baltes, icónico bajista que ha acompañado a Udo en tantas aventuras, todavía no se había recuperado del aparatoso accidente que sufrió el 26 de julio en Alemania. En Valencia fue sustituido por Alex Jansen, conocido por aportar su técnica al bajo en Doro y Primal Fear.
El repertorio se compuso, como era de esperar, de un despliegue de lo mejor de Accept con Udo a la voz. El potente “Fast as a Shark”, con su icónica introducción de “Ein Heller und ein Batzen”, sirvió como punta de lanza en esta corta descarga.
Cabe destacar que, para el arranque del show, el recinto se encontraba prácticamente lleno. La elección de estos teloneros fue un gran éxito por parte de la promotora.
El repaso se centró principalmente en temas de ‘Balls to the Wall’ y ‘Metal Heart’. Destaco especialmente la interpretación de “Metal Heart”, que hizo entonar a todos los presentes su estribillo a los cuatro vientos. Sin duda, es un tema capaz de acelerar las revoluciones de cualquier show.
También me gustó mucho cómo le dieron a “Up to the Limit”, especialmente por su potente solo, y el cierre con “Balls to the Wall”, que dejó el listón muy alto de cara a Airbourne.
En definitiva, tener el privilegio de documentar un show de estas características no solo supone un hito para un joven periodista, sino también la oportunidad de plasmar la experiencia de un tipo de evento que, tristemente, tiene los días contados.
Quede constancia aun así, para quien me lea dentro de unos años, que la escena está más viva que nunca y existe un relevo generacional portentoso y lleno de vitalidad. Está en nuestras manos apoyar lo que está por venir. Los grandes héroes que abrieron el camino ya hicieron lo que tenían que hacer.
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