La resaca emocional de 'Lo llamaban rock and roll' todavía persiste en las carnes de Mar de Fondo. Tras recorrer su Galicia natal con este disco bajo el brazo y protagonizar un exitoso arranque de gira, la banda ha irrumpido en carteles de festivales como Labeiro Fest o el Festival Noroeste Estrella Galicia, donde compartieron cartel nada menos que con Echo & The Bunnymen. Ahora, ya se preparan para darlo todo en el Flores Rock, que llegará a A Coruña del 4 al 6 de septiembre. Alfonso Herreros ha mantenido una conversación con Jesús Suárez, cantante de la formación, acerca de este dulce momento para Mar de Fondo, en el que continúan degustando el éxito de su último álbum y demostrando el potente pulso de su directo.
Cuando Mar de Fondo resuena en nuestros auriculares, sobre todo para los del norte, como un servidor que proviene de Cantabria, es inevitable pensar en Galicia. ¿Qué importancia tiene vuestro arraigo a vuestra tierra a la hora de componer vuestras canciones?
“Muchísima, aunque nunca nos hemos sentado delante de un papel pensando que tenemos que sonar a Galicia, eso sería impostado. Galicia aparece porque está dentro de nosotros. Mar de Fondo nace en A Coruña y eso acaba entrando inevitablemente en las canciones. En nuestra manera de entender la vida, en el carácter, en la forma de contar las cosas e incluso en cierta melancolía que aparece algunas veces, aunque no la busquemos. Somos de una ciudad que vive mirando al Atlántico y eso imprime carácter. Aquí el mar puede ser precioso y cinco minutos después recordarte que no está para hacer amigos.
Creo que nuestras canciones tienen algo de eso. Hay momentos luminosos, pero también bastante mala hostia, pérdida, resistencia, noches complicadas y gente intentando mantenerse en pie. No utilizamos Galicia como una etiqueta. No necesitamos meter una gaita en una canción para demostrar de dónde venimos. Nuestra tierra está en algo bastante más profundo: en la forma de escribir.
Y después está A Coruña. Para nosotros no es simplemente el lugar donde ensayamos o donde nació la banda, es nuestra casa. Aquí empezamos, aquí nos hemos equivocado, aquí hemos tocado cuando delante había mucha menos gente y aquí hemos vivido también algunas de las noches más importantes de Mar de Fondo. Puedes llevar una banda muy lejos, pero hay una coordenada que nunca cambia. La nuestra está al lado del Atlántico”.
“Percebeiro” es uno de los temas de 'Lo llamaban rock and roll' que hace que esa premisa resulte evidente, pero ¿en qué otras canciones del disco ha sido vuestra tierra la gran musa?
"“Percebeiro” probablemente sea la demostración más evidente porque ahí Galicia está prácticamente metida dentro de la canción. Pero creo que nuestra tierra aparece también en otras canciones de una manera menos explícita. A veces un lugar no aparece porque nombres una calle, una ciudad o el mar. Aparece por la gente que estás retratando. En 'Lo llamaban rock and roll' hay personajes que resisten, gente que continúa cuando lo lógico sería abandonar, historias de pérdida, de tiempo, de noches que terminan mal y de personas que se agarran a aquello que todavía les pertenece. Eso también tiene mucho que ver con el lugar del que venimos.
Hay algo muy gallego en convivir con cierta melancolía sin convertirla necesariamente en tristeza. En mirar hacia atrás sabiendo que aquello ya no volverá y, aun así, seguir caminando. Por eso creo que Galicia atraviesa el disco incluso cuando no la nombramos. Y A Coruña todavía más. Está en nuestra manera de entender el rock, en los bares, en las salas, en todas aquellas bandas que hemos visto crecer y desaparecer, en los músicos con los que hemos compartido escenario y en esa sensación de pertenecer a una ciudad donde hacer rock nunca ha sido precisamente escoger el camino fácil".
Os habéis lanzado a la carretera para defender el álbum sobre los escenarios. Una de vuestras citas más ambiciosas ha sido el Festival Noroeste Estrella Galicia, donde también actuaron los británicos Echo & The Bunnymen. ¿Cómo fue esa experiencia?
"Hay conciertos y hay días que guardas en un lugar diferente. Para una banda de A Coruña, tocar en el Festival Noroeste Estrella Galicia tiene un significado especial. No estás llegando a una ciudad desconocida, descargando los instrumentos y marchándote después. Estás tocando en casa, delante de tu gente y formando parte de uno de los acontecimientos musicales que han acompañado a varias generaciones de coruñeses.
Y cuando miras el cartel y ves nombres como Echo & The Bunnymen, entiendes también la dimensión del lugar en el que estás, pero lo más importante ocurre justo cuando empieza el concierto. Ahí desaparecen los nombres, los carteles y todo lo demás. Quedan cinco tipos encima de un escenario intentando demostrar por qué están allí. Eso es lo que más nos gusta.
Porque nosotros nunca hemos querido vivir de una fotografía bonita de Mar de Fondo. Queremos que, cuando alguien nos vea tocar, entienda la banda. Somos cinco músicos defendiendo canciones que nos pertenecen y haciéndolo con toda la intensidad que tenemos. Para mí, además, existe una parte especialmente emocionante. Yo no puedo ver al público, no puedo contemplar desde el escenario todo aquello que está ocurriendo delante de nosotros. Pero puedo escucharlo, y os aseguro que hay imágenes que entran perfectamente por los oídos. Escuchar a tu ciudad respondiendo a tus canciones es una de ellas".
A pesar del fuerte vínculo con Galicia y vuestra A Coruña natal, ¿tenéis pensado traspasar fronteras próximamente y embarcaros en una gira nacional?
"Sí, ese es uno de nuestros objetivos. No tendría demasiado sentido grabar un disco como 'Lo llamaban rock and roll', defender todo lo que defendemos en él y después dejarlo encerrado en Galicia. Queremos carretera, queremos tocar fuera, conocer salas, ciudades y públicos que no sepan absolutamente nada de nosotros. De hecho, ese último punto nos interesa especialmente.
Tocar en casa es maravilloso porque existe un vínculo previo. Pero existe otro examen mucho más cabrón: subirte a un escenario delante de personas que no te conocen y conseguir que cuarenta minutos después quieran saber quién demonios eres, ese examen queremos hacerlo. No tenemos ninguna intención de renunciar a nuestras raíces para salir fuera. Es exactamente al contrario. Queremos salir llevando con nosotros todo lo que somos.
Nuestro sueño nunca ha sido convertir Mar de Fondo en una banda exclusivamente local, queremos saber hasta dónde pueden viajar estas canciones y para descubrirlo solo existe una manera: kilómetros".
'Lo llamaban rock and roll' es una auténtica oda al género. ¿Cuáles fueron esas bandas que os enamoraron de esta música que tanto nos enloquece?
"Aquí seguramente cada miembro de Mar de Fondo podría darte una lista diferente y estaríamos discutiendo durante horas. Y eso es precisamente lo bueno. Venimos de escuchar muchísimo rock y de generaciones musicales en las que una canción podía cambiarte el día y un disco podía acompañarte durante años. Cada uno tiene sus referencias, pero compartimos una determinada manera de entender esta música: guitarras, batería, bajo, canciones y verdad encima de un escenario.
'Lo llamaban rock and roll' nace también de una sensación que llevábamos tiempo teniendo. Parece que periódicamente alguien anuncia la muerte del rock. Llevan enterrándolo décadas y el cabrón sigue apareciendo. Quizá ya no ocupe el mismo espacio en las listas, quizá hayan cambiado la industria, las plataformas y la manera de consumir música. Nos da igual. Mientras exista alguien encerrado en una habitación aprendiendo tres acordes porque necesita contar algo, el rock seguirá vivo.
El título del disco juega precisamente con eso. Tiene algo de epitafio escrito demasiado pronto, como si estuviéramos hablando de una especie extinguida. Pues resulta que todavía respira y nosotros pensamos seguir dándole oxígeno".
Supongo que no ha sido tarea facil lidiar con una ceguera a causa de una retinosis pigmentaria. ¿Cómo ha sido afrontar esta situación? ¿La música ha supuesto un apoyo fundamental en ese camino?
"La música no ha sido un apoyo, ha sido muchísimo más que eso. Perdí la vista, pero no quería perder mi vida con ella. Y esa diferencia ha marcado prácticamente todo lo que hice después. Evidentemente hay un proceso complicado, yo sabía perfectamente lo que estaba perdiendo. Había visto durante muchos años y fui consciente de cómo mi mundo visual se iba haciendo cada vez más pequeño hasta desaparecer. Pero hubo cosas que la ceguera no consiguió llevarse, una de ellas fue la música. Cuando subo a un escenario no quiero ser “el cantante ciego de Mar de Fondo”, quiero ser el cantante de Mar de Fondo y punto.
Después resulta que soy ciego, igual que soy ingeniero informático, compositor, empresario, actor o un tipo nacido en A Coruña en 1977. Todo eso forma parte de mí, pero ninguna de esas circunstancias debería explicar por completo quién soy. La música me permitió conservar un territorio en el que seguía sintiéndome absolutamente libre.
Sobre un escenario no necesito ver una luz para saber que está ocurriendo algo. Tengo a Hugo detrás de mí tocando la batería, a Miguel con el bajo, a Carlos y Diego con las guitarras y tengo delante algo que reconozco perfectamente aunque no pueda verlo: la reacción de la gente. He aprendido que existen muchas formas de mirar y la música es una de ellas. Probablemente sea la que más lejos me ha permitido ver".
En uno de vuestros conciertos, el de presentación de 'Lo llamaban rock and roll' en el Garufa Club (A Coruña), arrasasteis al agotar todas las entradas con bastante antelación. Tras conseguir ya un buen puñado de hitos, ¿cuál es vuestra próxima gran meta como banda?
"Seguir creciendo sin convertirnos en algo que no somos. puede parecer una respuesta pequeña, pero para nosotros es enorme. Agotar las entradas del Garufa tuvo un significado especial porque una sala llena no son simplemente números. Son personas que han decidido salir de casa, pagar una entrada y dedicarte una parte de su vida. Eso merece muchísimo respeto. ¿La siguiente meta? Queremos salas más grandes, queremos tocar fuera de Galicia, queremos festivales y queremos que este disco llegue a personas que todavía no saben que existimos.
Tenemos sueños grandes, claro que los tenemos. Si después de todos estos años siguiéramos reuniéndonos únicamente para repetir lo que ya hemos conseguido, probablemente Mar de Fondo habría perdido buena parte de su sentido. No queremos administrar el pasado, queremos complicarnos el futuro y queremos llegar algún día a uno de esos escenarios que ahora mismo parecen demasiado grandes para nosotros.
Porque los sueños tienen una característica bastante curiosa: cuando empiezan a parecer razonables dejan de ser sueños y se convierten simplemente en objetivos. Nosotros todavía queremos alguno que dé vértigo".
Al finalizar este tour, ¿hacia qué rumbo vais a girar el timón? ¿Os pondréis a trabajar en nuevas canciones?
"Seguro. Componer no es algo que podamos encender y apagar dependiendo del calendario de Mar de Fondo. Las canciones aparecen, algunas llegan cuando las buscas y otras tienen la mala educación de presentarse cuando estás haciendo cualquier otra cosa. Ahora mismo queremos darle a 'Lo llamaban rock and roll' toda la vida que merece. Hemos invertido muchísimo tiempo, trabajo y emociones en este disco y sería absurdo empezar a pensar inmediatamente en enterrarlo para fabricar el siguiente. Queremos tocarlo y queremos gastarlo en la carretera.
También, queremos comprobar qué canciones crecen en directo, cuáles conecta la gente con su propia vida y cómo evoluciona la banda después de defenderlas muchas noches sobre un escenario. Pero naturalmente habrá nuevas canciones, siempre las hay. Mar de Fondo lleva publicando discos desde 'Destellos de oscuridad', después llegaron 'Pulsaciones', '38 pasos' y ahora 'Lo llamaban rock and roll'. Cada uno pertenece a un momento diferente de nuestras vidas. El próximo tendrá que contar quiénes somos después de todo esto, todavía no sabemos cómo sonará y precisamente por eso resulta interesante".
Para terminar, nos gustaría que compartierais alguna anécdota curiosa o divertida que haya surgido durante este tiempo en la carretera o en el proceso de creación del disco.
"Hay una cosa bastante divertida cuando llevas años en una banda: descubres que el rock and roll tiene bastante menos glamour del que prometían los discos que escuchábamos de pequeños. Desde fuera uno imagina escenarios, focos, camerinos y noches interminables. Desde dentro también hay cables que desaparecen, horarios imposibles, instrumentos que deciden darte problemas justo cuando no deberían, discusiones absurdas, kilómetros de carretera y cinco tíos intentando recordar dónde demonios dejaron determinada cosa.
Pero quizá lo más curioso de este disco haya sido comprobar hasta qué punto acabamos convirtiendo el propio concepto de 'Lo llamaban rock and roll' en una especie de declaración de principios. Mientras trabajábamos en él hablábamos muchas veces de esa sensación de pertenecer a una especie musical a la que llevan años dando por muerta. Y terminamos encontrando una imagen que resumía bastante bien nuestra filosofía: una hormiga. Es pequeña, puedes pisarla, puedes pensar que has terminado con ella y entonces aparecen otras cien.
Por eso las hormigas terminaron teniendo tanta importancia en el universo de este disco, en cierto modo nosotros nos sentimos así. No somos la banda más grande, no somos la que tiene detrás la maquinaria más poderosa. Somos cinco tipos que después de años de discos, ensayos, conciertos, trabajos, problemas y vidas bastante reales siguen quedando para enchufar unos amplificadores y tocar rock and roll. Y quizá esa sea la mejor anécdota de todas, que después de todo seguimos aquí. La hormiga continúa caminando y todavía le quedan muchos kilómetros".
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