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Entrevista a Atanor Phonos Magna: “Soy extremadamente fan de King Diamond y Devin Townsend; ¡quiero interpretar la música que canto!”

Una orgía de metal extremo y progresivo es lo que nos espera, a grandes rasgos y no entrando en filias galácticas, demoníacas, retrogamer y muchas más, en ‘Out the Pattern’, el disco con el que Albert Pascual Milego debuta con su proyecto Atanor Phonos Magna. Desarrollos imposibles, riffs demoledores, teatralidad en la interpretación en distintas voces, subidas y bajadas dignas de una montaña rusa metalera, la compañía de maestros como Arnau Martí (Saratoga, Noctem) y Joaco Luis (Serapis Project, Born in Exile), y mucho más sirve como variado menú en la entrevista de Jorge Bobadilla con el cantante, bajista y cerebro del proyecto.

La primera sensación tras la escucha es de buscar al camión que me acaba de pasar por encima. ¿De dónde surge Atanor Phonos Magna? ¿Cuál es el origen del proyecto?

“Bien. Me alegra que te haya arrollado el disco (risas). La verdad es que siempre siento la música de un modo muy intenso. La música, para mí, es la canalización de mis emociones y sentimientos en lenguaje no verbal, para mejor entendimiento de estos, y el arte de la música me da un marco perfecto para ello; y como yo soy persona de intensidad emocional elevada, pues… ¡Este es el resultado!

Atanor Phonos Magna surge de mi necesidad de expresar todo aquello que siento y he sentido durante mucho tiempo sin el filtro sensorial y compositivo de otras personas. Sin que el mensaje se “contamine”. Componer con otra gente es un ejercicio genial y siempre he disfrutado mucho de ello, pero hay veces que el mensaje es demasiado personal y quiero mantenerlo lo más puro posible. La creación grupal de música es una herramienta en la que diferentes personas aportan diferentes submensajes que al final crean una idea en colmena. Es una experiencia muy grata, pero para estos mensajes, para este proyecto, necesitaba que fuera sólo mi visión la que se expresara.

Durante mucho tiempo, he ido guardando ideas, partes de mensaje, riffs, letras, sensaciones, conceptos a desarrollar, ritmos, y todo tipo de “trocitos de azulejo” con los que, posiblemente, formar después obras más grandes uniendo estos pedacitos. De hecho, aún guardo una miríada de estos trocitos en forma de riffs o temas a medio componer, o canciones aún no cerradas, para un futuro. Todos encapsulando sensaciones que no han encajado en uno o otro proyecto donde he estado también tocando y componiendo.

Cuando llegó el 2020, en plena pandemia, donde tantos planes murieron y tantos otros eclosionaron, me dije “basta” a mí mismo. Basta de acumular porque sí con excusas para no afrontar el reto de dar forma a un proyecto concreto. Basta del patrón de miedo que me ataba y no me dejaba crecer como persona. Era el momento de reunir mis mensajes y expresarlos. Y me puse a grabar la demo de lo que al final ha sido este álbum”.

Albert Pascual Milego, Arnau Martí y Joaco Luis. ¿Es la formación de Atanor Phonos Magna o solo la de ‘Out the Pattern’?

“¡Ojalá fuera la formación de Atanor Phonos Magna! Pero tanto Joaco como Arnau son músicos muy ocupados y fuertemente comprometidos con otros proyectos, y siempre hemos entendido nuestra relación como de músicos de sesión. Yo compuse todas las canciones y letras, escribí todas las partituras y grabé todas las pistas de la demo; pero para que sonara realmente bien, con el toque de un buen batería que no sonara a mi partitura a través de un instrumento virtual de batería, y con la ejecución de un guitarrista profesional que no suene a “alguien que ha tenido que coger la guitarra forzadamente para desarrollar sus ideas”, necesitaba de dos músicos profesionales de verdad. Así que, utilizando la ancestral técnica del boca-oreja (nótese el sarcasmo), llegué hasta el contacto de Joaco y de Arnau, que accedieron a grabar mis ideas y sufrir mis locuras (risas). ¡Quién sabe si en un futuro contaré otra vez con ellos para mis siguientes trabajos!”

¿Qué se buscaba o qué se ha logrado con la aportación de cada uno?

“Bueno, respecto a las baterías, la verdad es que siempre han sido mi mayor preocupación. El esqueleto de todas mis composiciones siempre se compone de la suma del bajo haciendo una suerte de línea con un poco de todas las melodías, ritmos y acordes, más la batería pensada casi al milímetro con lo que quiero que suene. ¡Soy muy pejiguero con cómo quiero que sea la base rítmica de mis canciones! Por eso escribo siempre las baterías a mano, nota a nota, en mis programas de partitura; no con ejecuciones pregrabadas en midi por otros artistas (lo cual es genial, pero nunca es exactamente lo que quiero).

Así que siempre me preocupó que tal “fill” de batería fuera más así, o más asá, o tal juego sincopado de doble bombo estuviera llevado con una o otra sección de platos… Pero por suerte, Arnau y su maestría, me quitaron todas las tonterías. Sí que es verdad que Arnau, saliendo de la “pecera” del estudio, el último día de grabaciones de batería, afirmó que era la grabación más “chunga” que había hecho nunca (risas). ¡Perdón y gracias, Arnau!. Pero su sensibilidad a la hora de entender uno o otro riff o pasaje, hizo que pudiera llevarse a su modo de ejecutar cualquier parte del disco, y que yo pudiera descubrir diferentes sonoridades que quedaban genial y no desentonaban con la idea original (para tranquilidad mía). En general, lo que yo escribí y lo que está grabado se parece mucho, pero Arnau le dió su toque y su conocimiento en diferentes estilos musicales, que hace de 'Out the Pattern' la locura que es.

Y para las guitarras, siempre estuve bastante perdido porque, así como siempre tengo las baterías sonando en mi cabeza y yo mismo he pulido el sonido de mi bajo hasta donde he sabido, con las guitarras nunca tuve cien por cien claro el sonido que necesitaba. Sé cuando un sonido (contando también con la ejecución del propio guitarrista) me gusta o no, pero nunca sonó claro en mi cabeza el color de las guitarras para mi disco.

Tenía sensaciones, pero no qué tipo de guitarrista podría conseguir lo que quería. El universo quiso, por suerte, que encontrara a Joaco y estuviera dispuesto a jugar a mi juego, porque el tan-ansiado-sonido que necesitaba se lo dio él. Tiene una ejecución prístina digna sólo de los mejores intérpretes a las cuerdas de acero, e hizo de cada riff, y sobre todo de cada solo que escribí, una joya sónica que aún me emociona cuando lo escucho.

Aunque la mayoría de cosas que escribí están ahí, no sólo el las ejecutó milimétricamente a la perfección entendiendo lo que necesitaba cada pasaje, sinó que hizo micro-reescrituras para que nada se saliera de madre, o directamente compuso algún solo. Como uno que nunca estuvo pensado en “Phobos and Deimos” mientras canto; o la parte final del ya existente solo final de este tema (doy gracias a los dioses y las musas por poner la gracia de Joaco en ese tramo que me saca las lágrimas). O como el solo final que cierra el disco en “Mood Tide”, donde directamente le pedí que no copiara mi idea, que escribiera él algo visceral, entre el llanto y el grito; algo que desgarrara las emociones como pedía el tema. Y ¡vaya que lo consiguió!”

“Tengo sentimientos dañinos instalados en mí; en el proceso de transformación a información abstracta artística consigo entenderme y lo trasciendo”

Por cierto, el nombre llama la atención y me obligó a buscar ese horno alquímico. ¿Cuál es la idea tras “Atanor Phonos Magna” como concepto?

“La idea viene del proceso de transformación que me sucede cada vez que compongo música. Tengo unas emociones, sentimientos y pensamientos dañinos instalados en mí. Necesito curarme y para ello necesito entender qué me pasa y expresarlo.

Inconscientemente, para poder comunicar esto y que se entienda de la mejor manera, necesito transformarlo en música. En este proceso de transformación del paquete dañino de sentimientos a información abstracta artística, consigo entenderme mejor. Entonces lo puedo expresar con sinceridad. Y al hacerlo, expongo el problema, lo integro y lo trasciendo.

Efectivamente, el Atanor es el hornillo que los alquimistas clásicos utilizaban para transformar los elementos bastos, impuros, en otros más perfectos. En mi proyecto, yo encarno un alquimista. Mis emociones más viscerales, mis sentimientos y pensamientos más densos, los que me dañan y duelen, son los que meto en este proyecto y, mediante la alquimia del arte, los transformo en música para trascenderlos, y así, yo, convertirme en algo mejor.

Este proyecto es el hornillo alquímico, el Atanor, donde transformo en Phonos, sonido, mis pesares, para ser algo mejor: Magna. Oh, y da la curiosa casualidad que las siglas del proyecto, “A.P.M.”, son también el acrónimo de mi nombre (risas)”.

Entrando en detalle, habría muchos subgéneros del metal en cada tema de ‘Out the Pattern’. ¿Metal progresivo y extremo es la mejor forma de describir el proyecto cuando lo recomendemos a los amigos, o prefieres que se ponga el acento en otro aspecto?

“No, me parece bien cualquier epíteto o tarjetita que se cuelgue del disco, si para la persona que lo recomienda y el que lo recibe tiene sentido y entienden bien de lo que hablan. El tema es que yo soy una persona que usa mucho las etiquetas para intentar definir cosas, sobre todo en el ámbito musical. Y yo mismo, para entender mis pasajes y acordarme de la sensación que quiero que representen, uso calificativos de estilos musicales varios o nombres de grupos o artistas, o hasta de cosas que me recuerdan sinestésicamente a este o aquél pasaje.

Así que… ¡Cualquier calificación es bienvenida! Ni yo sé cómo definir mi música. Como anécdota, te diré que, habiendo casi terminado las grabaciones del disco, tuve que preguntarle a Javi de MoonTower Studios, cómo calificaría él el disco, porque tenía tantas partes de tantas cosas que ni yo sabía qué estilo lo definía”.

Se ha descrito el disco como un “exorcismo”, ¿por llevar esta avalancha musical dentro desde hace mucho tiempo o por el complicado proceso de sacarlo fuera? ¿Ha sido una liberación lanzarlo al mundo?

“Bueno, aunque las dos cosas son ciertas (sacar este disco ha sido “el parto ‘la burra” por tanto trabajo detrás y tanto tiempo gestándolo, con idas y venidas en el proceso, y contando con el tiempo en que estuvo en el limbo sin yo saber que toda esta música sería este álbum), más bien lo de “exorcismo” viene por lo de “¡sal de este cuerpo!” típico de las pelis de sacar demonios de personas, o cuando un sacerdote de algún tipo “exorciza” una casa a modo de limpieza espiritual.

Viene por lo de lograr trascender todos estos sentimientos intensos de los que hablo en el disco. Y no me refiero a “echarlos fuera de mi y olvidarme”; eso sólo ocultaría el problema bajo la ignorancia, ya que nunca desaparecen realmente. Sino, más bien, reconocerlos, aceptarlos, entenderlos, integrarlos y finalmente trascenderlos. Y es un proceso en el que este álbum me ha ayudado mucho. Esto no significa que lo haya conseguido de por vida. Es como haber estudiado mucho, entendido la lección, y hecho un examen. Si lo haces bien, queda en ti para siempre y puedes utilizar lo aprendido cada vez que se presente el problema”.

¿De dónde sale la inspiración (temática y musical) de temas como "Phobos and Deimos" o “Xerxes”?

“Aunque el hilo conductor del disco, de modo intrínseco, entre todos los temas de este, es el romper con los patrones de pensamiento y conducta que a uno lo estancan y lo enferman, “Phobos and Deimos” habla concretamente de romper con los patrones de miedo, y “Xerxes” con los patrones de control e ira. Cada uno con enfoques e historias muy diferentes, y a su vez con la similitud entre ellos de utilizar narraciones, cual cuentos, que lleven una moraleja o enseñanza que sólo se puede leer entre líneas.

El primero es una especie de sueño febril con una historia que mezcla vivencias reales con narración fantasiosa, junto a astrología y esoterismo, y mitología greco-romana. En cambio, el segundo es una historia en la que en una vida pasada soy Jerjes I, el déspota emperador Aqueménida de Persia, y mis actos del pasado crean el karma a trascender en esta vida, donde sufro las consecuencias que me hacen entender las dos vivencias”.

Los once minutos de “De la Terre à la Lune” son realmente impresionantes, con una tensión que no cesa, y a un ritmo de vértigo. En lo musical, da la sensación de ser un gustazo que os habéis dado de soltar este trallazo instrumental, pero supongo que tiene más historia detrás. Cuéntanos.

“Los primeros riffs de “De la Terre à la Lune” los compuse en un momento en que estaba muy enganchado a la época de alrededores del ’Sons of Northern Darkness’ de Immortal. Supongo que de ahí la caña. Es mi modo de reinterpretar, pasando por mi filtro, la música de ese discazo. Además, coincidió que llegó a mí la joya de Jules Verne que lleva el mismo nombre que ahora tiene mi canción. Junté los dos conceptos y, poco a poco, se hizo la magia.

Con los riffs nerviosos intento plasmar la locura que con tanto sarcasmo plasmó el autor en su libro. Esta novela es una historia en la que una humanidad tan nerviosa de acción sin sentido que se mata a sí misma constantemente en guerras termina por focalizar, fuera de toda lógica, su violenta necesidad de actividad en la Luna.

Y si no fuera por unos pocos humanos con más consciencia que el resto ¡hubieran terminado por torpedearla! Una de las críticas subyacentes en la novela es que, si hay avance en la humanidad, muchas veces no es por afán científico de mejora como especie o sociedad, ¡es como efecto secundario de la falta de consciencia humana!”

Entre el título y las pocas palabras, me acuerdo de Julio Verne y de la desconexión espacial de Bowie. ¿Voy bien o me he pasado?

“Bueno, en parte sí. Quizá tampoco lo había pensado así, acercándome a la magia de ‘Ziggy Stardust’, pero me gusta el enfoque (risas). El tema es que la novela de Julio Verne creo que toca un tema inmortal y omnipresente en la humanidad. Esta falta de consciencia que nos lleva a muchas locuras, y a fin último a una posible autoaniquilación. Y mi historia con la composición de este tema explica el porqué de la relación con la novela.

Justamente, al tiempo de estar terminando el esqueleto de la canción, fue cuando se dio a conocer más masivamente la figura de Elon Musk y toda su parafernalia marciana, lunar, y espacial. Me acuerdo de una entrevista en vivo que dieron la NASA juntamente con personal de SpaceX, por motivo de no-sé-qué avance espacial. Yo estaba muy emocionado, como amante de la astronomía que soy, viendo el directo por internet, cuando de repente, uno de los mandamases soltó, con una sonrisa de pura alegría, algo así como: “y de este modo, ¡hacer negocios en el espacio será algo posible a partir de ahora!” (no con estas palabras exactamente, pero con alguna frase extremadamente parecida).

Te juro que se me cayó el mundo al suelo. ¡No era por descubrimientos! ¡No era por avance científico! ¡No era en pro del mejor entendimiento del espacio y el universo! ¡No era por la mejora de la humanidad! Sólo lanzaban lo-que-fuera que contenía ese cohete (no me acuerdo exactamente el qué) para así convertir mi sagrado espacio, el campo de las estrellas que tantas horas de observación, estudio y filosofía me ha entregado, en otro terreno sobre el que especular y hacer negocio y terminar ensuciando. Como con la tierra o el mar.

El asco y el odio que sentí me sacaron de mis casillas. Al cabo de poco la figura de Elon se mostró cada vez más como el siniestro monstruo que es, con, entre otras cosas, sus absurdas especulaciones espaciales; así como conocimos proyectos como Blue Origin de Jeff Bezos, que no hacían más que demostrar que no podemos esperar nunca nada bueno de un oligarca. La canción mezcla rabia y frustración con la satírica y inspiracional novela del autor francés”.

Por cierto, como comento en la crítica, el sonido retrogamer de inicio y final me ha desbloqueado recuerdo de Atari. ¿Acierto?

“¡Oh genial! ¡Casi! (Risas). El inicio retrogamer y su final homófono se deben a dos motivos: soy un gamer clásico (es decir, me deliran los juegos old school de los 80 y 90, de cuando yo me formé en los videojuegos), y me encantan los sonidos de los sistemas de audio de esa época. Además, soy muy fan de los grupos que empezaron, allá por los dosmiles, a meter sonidos retrogamer o directamente pasajes que sonaban a videojuego.

Siempre quise hacer algo parecido (es más, aún tengo planes para hacer locuras mayores y diversas). Y el segundo motivo, que es un poco consecuencia del primero, es que siempre fantaseé con que la canción tuviera un soporte videográfico (¿un videoclip? ¿Un vídeo de fondo en una pantalla mientras suena la intro?) donde la introducción estuviera sincronizada con una recreación de una partida al “Space Invaders” de, efectivamente, la Atari. Pero realmente el sonido que me inspiró (por más que el juego que mencionas es, visualmente, lo que me gustaría), encaja más bien con joyas como “Castlevania” de la NES o “Teenage Ninja Turtles II” para la misma consola.

Conseguí un plugin de instrumento virtual de 8 bits, al más puro estilo consola de primera generación, e intenté recrear esa sensación gamer cuadrada, de poca definición pero diversión extrema, que los genios de la composición de hace cuarenta años generaron con sólo cuatro canales de sonido. Es más, el efecto de “explosión” ocho bit que se oye al final no es más que el canal de ruido blanco que utilizan esas consolas (y la intro al tema) para hacer ritmos de batería soltando más fuerte o más flojo, y más corto o más largo, el audio de ese canal.

Y en este caso, este efecto de sonido del final es inspiración directa del fuego que se puede ver y oír en el videojuego de las Tortugas Ninja que antes he mencionado. De este modo, metiendo estos sonidos, también le doy un tinte nostálgico al tema. De ese Albert que aún mira las estrellas con la ilusión de un niño jugando a sus videojuegos”.

En temas como "The Aching Requests of Your Soul" destaca el juego de voces limpias y los guturales. ¿Cada técnica vocal es un personaje diferente dentro del disco o se trabajan más como colores de un cuadro?

“Depende de la canción. Hay veces que los diferentes registros indican diferentes personajes (como pasa muy a menudo en “Phobos and Deimos”). Y hay veces que denotan el estado de ánimo que siente el personaje (o yo mismo) cuando recita los pasajes. Me encanta la teatralidad, y creo que la interpretación de lo que se está cantando siempre le da un extra a la pieza musical, que no es baladí.

Por eso soy extremadamente fan de King Diamond, bueno, por eso y por las composiciones de casi progresivo (y sin el casi) dentro del heavy metal más oscuro. Es un cuentacuentos espectacular. La mitad de la avalancha emocional que te llega con su música es gracias a esa interpretación teatral que te lleva al mood del momento en la historia, o a las palabras de un personaje, o a ver una escena sin tenerla delante.

Es una técnica que también David Bower de Hell (actor, por otro lado, de vocación) llevó a la excelencia en sus dos discos y en directo. En resumen: soy incapaz de no interpretar la música que canto. Es más, ¡no quiero no hacerlo!”

Javi Félez en la mezcla, Dan Swanö en el máster y Travis Smith en la portada. ¿Qué le ha dado cada uno a ‘Out the Pattern’?

“Lo de Javi Félez trasciende el resultado sónico excelente del disco. Salta a la vista que su trabajo es de una calidad impecable. No lo digo sólo por ser el progenitor del disco, todos los hijos son bonitos a los ojos de sus padres, ¡es que suena tremendo!. Pero es que además, su modus operandi, el cómo maneja la estructura de trabajo, su flujo de éste, la confianza que da su experiencia y su maestría, te juro que te hace sentir que todo va bien. Que no tienes por qué sufrir. Que lo que está sucediendo sucede de la mejor manera posible y todo va a llegar a buen puerto. Javi no sólo añadió su toque sonoro, es que el cómo trabaja es algo que me llevó entre algodones en todo el proceso.

Respecto a Dan, sólo decirte dos cosas en formato anécdota: cuando recibimos el master, Javi lo puso en el estudio, y se llevó las manos a la boca para después decir: “Es que, tío. ¡Mira! No sé cómo se lo hace. El cuerpo que le ha sacado a la mezcla… pffff… ¿Lo oyes?”. Hasta él estaba impresionado, y eso que él trabaja junto a Dan a menudo.

Efectivamente, entre los dos le han dado una calidez, una inteligibilidad sonora, y un cuerpo, que suena perfecto sin necesitar del sonido plástico del que a veces se abusa en la actualidad. La segunda anécdota es más bien un recuerdo bonito y tierno de mí respecto a Dan. Para mí Dan es el genio tras el disco ’Moon Tower’ o la joya conceptual ’Crimson’ de Edge of Sanity, y me parecía una locura que él pudiera meter mano en mi disco. Pues bien, no sólo se había mostrado tremendamente cercano y amable hasta el momento, sino que cuando me mandó el resultado del máster, encima elogió mis canciones y ¡me puso ejemplos de cómo algunos riffs míos le recordaban a su música! A parte de engrandecer el sonido del disco, Dan aportó amor al resultado.

¿Y Travis Smith? Ahí sí que toqué los cielos. Soy ultra fan de Devin Townsend en cualquiera de sus facetas. ¡Y Travis es el diseñador gráfico tras todas ellas! Y entre sus joyas está el artwork de mi disco favorito de Devin, ’Ziltoid the Omniscient’, que goza de esa perfecta mezcla de texturas de tonos lilaceos, con iluminaciones tenues, el espacio conceptualizado a pinceladas… ¡Y encima es el diseñador de los artworks de Opeth! ¡Y de Sadus! Y mil más… pero paro de enumerar que me estoy mareando (risas).

Te juro que pensaba que no respondería mi mail, siendo yo un artista que justo empezaba. De hecho, antes que con él, intenté contactar con más artistas y diseñadores, no quiero decir de “por debajo”, pero sí que no del status de Travis, y varios directamente me obviaron. Pues no sólo contestó, sino que le gustó mi propuesta, fue muy amable a la vez que profesional, aguantó todas mis pejiguerías, y se prestó a que yo mismo le mandara un boceto hecho a lápiz como base (que no era más que tres trazos, en estilo niño pequeño, sobre un pedazo de papel cortado a mano).

Ah, y encima me entendió a la perfección cuando le dije que quería ese feel estético del ‘Zitoid’. Y de eso sacó la obra de arte que es la portada. Un diseño que, encima, tiene todos los tonos de color y texturas que necesitaba para sentir que se encarnaba lo que quería. ¿Y qué quería yo? Representar con cuatro elementos y poco más la primera canción del disco, punta de lanza conceptual del resto del álbum. Travis aportó el aspecto visual perfecto que da el broche a mi disco”.

¿Tienes en mente llevar este universo sonoro al directo? ¿Cuáles son los planes de Atanor Phonos Magna?

“La verdad, me encantaría. Lo he intentado, creo, por todos modos… aunque alguno me falta por probar, porque no lo he conseguido aún. ¿Invocaciones rituales quizá? (Risas). Soy incapaz de encontrar los músicos que necesito para representar ‘Out the Pattern’ en un escenario. ¡Todo el mundo me da calabazas!

Así que… si estás leyendo esto y crees que puedes (y lo más importante, quieres) sacarte el disco, ¡entra a mis redes sociales y contáctame! Estaré encantado de juntarme con quien sea y probar. Pongo la tarea fácil a cualquier músico que quiera intentarlo. Con todo el material masticado para fácil digestión.

El tema es que, viendo que, de momento, no aparece la oportunidad del directo, lo que estoy haciendo son dos cosas: lo primero, lo que mejor sé hacer, que es componer. Sí, estoy creando ya el segundo trabajo. Uniendo los trocitos de mensaje que antes mencionaba, para crear obras más grandes. Estoy recuperando también temas que no tuvieron su oportunidad en ‘Out the Pattern’… En resumen, he encendido de nuevo la maquinaria creativa, y se vienen más locuras. Más emociones intensas. Más mensajes esotéricos, y más transformación intrapersonal.

Y la segunda cosa ¡está a punto de suceder! Y es que, este 19 de junio se cumple un año de la salida en formato digital del álbum, y lo voy a celebrar. No sólo siempre he querido tener en la mano mi propio disco, sino que, cuando salió en plataformas de streaming mucha gente me pidió el formato físico. Así que… ¡Ya llegó! Por el aniversario del álbum, a partir del 19 de junio, ‘Out the Pattern’ ya se puede adquirir a través de mi BandCamp. ¡Y también comprar el bundle con la camiseta diseñada de mi puño y letra!

Entrad todos en masa a adquirirlo, así lo antes posible podré sacar el siguiente disco, que me muero de ganas de ello. Y ya que estoy en el divertido y a su vez intenso proceso de dar cuerpo a un alma que siempre ha estado ahí, por cierto, este proceso estará colgado en mis redes a través de vídeos mostrando cada paso. Así que ¡voy a hacer partícipe a todo el mundo del seguimiento de la creación del siguiente trabajo de Atanor Phonos Magna! Que nadie se lo pierda”.

Escucha ‘Out the Pattern’ en Spotify:

Jorge Bobadilla

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