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Crónicas

Wolf Alice + Shanghai Baby: Relevo generacional del rock (a pesar de muchos)

«El rock siempre ha evolucionado. Habrá gente que le joda que el grunge de Nirvana, las guitarras de Radiohead e incluso los riffs pesados de los de Birmingham hayan derivado en una banda de rock alternativo con un fantástico directo y una intimidad que apenas rozan las bandas de sus generaciones previas»

2 noviembre 2022

La Riviera, Madrid

Texto: Sergio Julián (@sergio42). Fotos: Alfonso Dávila

Wolf Alice

El rock no está muerto. Más bien, en ocasiones, se lo quieren cargar. Lo matan aquellos talifanes (sic) que proclaman mediante descalificación del resto de coetáneos que el rock debe ser una mera réplica de esquemas, lugares comunes, estéticas y mensajes. Que sí, que yo soy el primero que se lo pasa genial escuchando cosas como Ghost o Greta Van Fleet, pero hay más mundo. Es como cuando salió el otro día Megara en la preselección de Eurovisión defendiendo que el rock está vivo. Cari, el rock está muy vivo, solo que quizá no estemos buscando en el lugar correcto.

Para muestra, el concierto de Wolf Alice, repleto de personas de no más de 30 años (sobre todo mujeres) que lo dieron todo durante un show cargado de guitarras, riffs grungeros, momentos de descontrol a lo riotgirrl e intimismo de ese que exorciza demonios.

Lo de los londinenses Ellie Rowsell (voz y guitarra), Joel Amey (batería), Joff Oddie (guitarra) y Theo Ellis (bajo) es una locura. Y podemos decir que no dieron su mejor concierto. La iluminación no estuvo muy bien diseñada, la explosiones guitarreras se quedaron a medio gas en ocasiones contadas e, incluso, se pudo apreciar un poco de piloto automático en según qué coreografías o actitudes. Pero cuando todo funcionaba… ¡ay, cuando todo funcionaba!

Por ejemplo, el comienzo del show, con sus doce minutos de retraso. “Smile”, que transita cómoda entre las guitarras de “How Soon Is Now?” y “Anyone Can Play Guitar”, fue un comienzo bestial que vino secundado por un saludo por parte de Ellie: “¡Hola! ¿Qué tal Madrid? It’s great to see you”. Después, regreso al pasado con “You’re a Germ”, completamente noventera, con una suciedad más propia de Melvins que de Nirvana. Su contundencia, mucho más notoria que en disco, se extendió hasta la divertida y fuzzera “Formidable Cool”, de ‘Visiones of a Life’, en la que la vocalista mostró la versatilidad de su voz, que transita cómodamente entre la elegancia, los gritos y un semi-spokenword según requiera la ocasión.

Wolf Alice

Una de las suertes de ver a Wolf Alice en esta gira es la importancia que le ha dado a su ‘Blue Weekend’ del 2021, posiblemente el álbum más sólido de su trayectoria. A lo largo de la noche pudimos escuchar hasta nueve temas, entre las que destacaron las dos siguientes: “Delicious Things”, absolutamente cautivadora, con unas estrofas trazando el salto a lo desconocido de Ellie en Los Ángeles (al estilo ‘Under the Silver Lake’); y “Lipstick on the Glass”, en el que una base de los primeros Radiohead dio paso al particular sonido que Wolf Alice está labrando, ese que transita entre guitarras, intimidad y el exorcismo de demonios interiores.

Después, entre muros de sonido, guitarras fantasmagóricas, y toques de guitarra a lo The Edge, se sucedieron respectivamente “Planet Hunter”, “Space & Time” y “Bros”. Entre tanto, Ellie tomándose un lingotazo en mitad de un tema, y Theo Ellis celebrando su primer sold-out en España, hito que no está de más reseñar.

La bonita “Safe From Heatbreak (If You Never Fall in Love)”, cantada con una luz dura recortando la silueta de la cantante, sirvió para crear un bonito momento cincuentero al tiempo que los chicos de la banda le acompañan creando bonitas armonías vocales. El final del tema se fundió con la caja de ritmos de “How Can I Make It Ok?”, con una construcción de la emoción maravillosa gracias a la colaboración del público y a la que solo faltaron una explosión de guitarras más contundentes en su parte final. Sucedió similar con “Play the Greatest Hits”, cañonazo a lo Bikini Kill definido por Ellie como una canción sobre el “vértigo”, que contó, a falta de muro de sonido, con toda la actitud. Y si el tema iba de tocar los éxitos, no podía faltar “Silk”, que sonó muy Taylor Swift con guitarras. Y no lo digo como crítica, sino como un piropazo.

Wolf Alice

Antes de los bises dio tiempo para que soltara “Feeling Myself”, incómoda, envolvente y con unos sintetizadores muy similares a los de “Slurpy Slurpy Sleep Sleep” de Biffy Clyro; “Lisbon”, que dio mil vueltas a su versión de estudio; “Visionsof a Life”, que recuperó las guitarras, dio lugar a fragmentos progresivos con las dos guitarras y el bajo con solos entrelazados, e incluso introdujo unos riffs pesados y lentos a lo Iommi; la baladita “No Hard Feelings”, con Ellie tirada en el suelo acompañada de la acústica de Joff; y “Giant Peach”, que de nuevo recordó a Sabbath y trajo lucimiento por parte de los guitarristas. Se vio un mini pogo de tres personas, lo cual fue ciertamente entrañable.

Los bises, tras un descanso de dos minutos, llegaron con “Moaning Lisa Smile”, una mezcla de grunge con una progresión de acordes a lo Blur, y “The Last Man on Earth”, bonita balada con el teclista que se han traído para la gira (y a quien no han presentado) que vino seguida de un agradecimiento por parte de la banda.

La despedida, como es habitual, fue para “Don’t Delete the Kisses”, un tema que inevitablemente me recuerda a la Polachek, pero que mantiene la esencia de Wolf Alice, y que dejó un fantástico sabor de boca a todos los presentes.

El rock siempre ha evolucionado. Habrá gente que le joda que el grunge de Nirvana, las guitarras de Radiohead e incluso los riffs pesados de los de Birmingham hayan derivado en una banda de rock alternativo con un fantástico directo y una intimidad que apenas rozan las bandas de sus generaciones previas. Y todo frente a un público joven y entregado. Si esto no es relevo generacional…

Shanghai Baby

Epílogo: Antes, vimos a Shanghai Baby abriendo la noche, el nuevo proyecto en solitario de Ade Martín, bajista de Hinds. Me jode reconocerlo, pero fue un concierto muy malo… ¡y comulgo con su propuesta! Los temas no son terribles, ni mucho menos, pero muchos de ellos dan la sensación de estar a medio cocer. Sonaron altos, pero lánguidos e incómodos.

Las melodías no eran malas, de hecho, había ahí un rollito Strokes / Mac DeMarco / Twin Peaks que siempre mola, pero Ade cantó con tanta timidez que apenas arrojaba luz sobre sus temas. La mejor canción, quizá, fue la penúltima, un corte inédito que sonó al rock del comienzo de los 10s, pero al que le faltaba, de nuevo, trabajo.

Dejando al lado el debate de la manera en la que han podido posicionarse para abrir a Wolf Alice en dos fechas (promotora, agencia o quizá elección de la propia banda, no tengo ni idea), tengo ganas de escuchar cómo evolucionan. Pero, absolutamente, no estaban listos para este reto. No pasa nada. Quizá estén dentro de poco.

Redacción
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Esta entrada fue escrita por Redacción

1 comentario

  • Juandie dice:

    No dudo de que estos dos grupos lo dieran todo en la Riviera madrileña para siendo totalmente sincero el estilo de estos grupejos no es lo mio.

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