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Crónica de Víctimas Club + Cabron Dandy en Bilbao: Ídolos del underground

Víctimas Club

Hay gente que acude a los conciertos por inercia, por acompañar a algún colega, o simplemente porque ese artista o estilo está de moda en ese preciso momento. A los que tenemos criterio, detalles accesorios como la compañía o la popularidad nos la traen al pairo y acudimos a un evento movidos por mera pasión melómana, como si hubiera que cumplir una misión, del mismo modo en que Johnny Ramone se subía a los escenarios con la intención de realizar un trabajo y hasta ponía penalizaciones al resto de miembros si se retrasaban en un ensayo o su rendimiento no era el adecuado.

Varias opciones interesantes a veces se acumulan los sábados en la capital vizcaína, y para los que no nos centramos en un solo estilo, suele ser complicado decantarse únicamente por una cosa. Pero hay bolos que se ve a la legua que van a ser memorables. Tal era el caso de esa impresionante dupla conformada en la Nave 9 por Víctimas Club, capitaneada por un tipo que suele ir de gira con Marky Ramone, y Cabron Dandy, la vuelta al punk de un artista tan versátil como Luis Vil, director de cine y responsable de proyectos tan interesantes como Mushkum o viscerales singles junto a su Brigada Político Social.

Dada la amplia oferta cultural de la jornada, no teníamos claro la asistencia, habida cuenta de que el Kafe Antzokia andaba con entradas agotadas para Banda Bassotti, pero no desdeñábamos el tirón de Pela entre los habituales a los conciertos. Al final se logró una afluencia bastante decente para uno de esos días desapacibles a nivel meteorológico en los que no apetece ni salir de casa.

Cabron Dandy

Acudir a la llamada de Cabron Dandy era un acto de pura militancia, y sobre todo una garantía, teniendo en cuenta la trayectoria previa de Luis Vil, que dominó las tablas con pose rockera a más no poder y sentó cátedra con el magisterio de un profesional que lleva subido a los escenarios varias décadas. “Andróginos Z” dirigió sus dardos hacia los roles establecidos antes de que “Estado profundo” pusiera su mira en los que toman decisiones “más allá del hemiciclo” y optaran por desprenderse de lastres emocionales en “Matar al padre”.

Su recital tuvo también una función purgante en “El asco”, donde Luis se acordó de esa vergonzosa imagen de Josu Jon Imaz junto a Donald Trump dispuesto a participar en el expolio organizado de Venezuela. Por el matiz incisivo y el tono de voz no hubiera sido descabellado acordarse de El Drogas, mientras que la base de ritmo remitía a bandas tan señeras y contundentes como Motörhead. En definitiva, un sonoro puñetazo en la mesa ante conformismos y convencionalismos varios.

Víctimas Club, en la Nave 9 de Bilbao

El listón había quedado muy alto, pero Víctimas Club tampoco eran unos recién llegados. Respecto a la anterior vez que les vimos, observamos que habían incorporado un teclista, todo un acierto de cara a su faceta más krautrock y psicodélica. No parecía que hubiera muchas novedades en el apartado discográfico, al margen del álbum ‘El castigo es colectivo’ y el Split EP que sacaron junto a Sonic Trash en 2023, pero eso ya era buena materia prima de la que rascar y con la que se podía configurar un repertorio decente.

De esta forma, “Farsantes contra farsantes” pegó el pistoletazo de salida remitiendo a los añorados Sumisión City Blues, algo reforzado por la presencia a la guitarra del gran Joseba Lenoir, que acabó llevado en volandas por la multitud al final del bolo, por cierto. Hay grupos que ofician de manera rutinaria cual funcionarios en una oficina, pero tal no era el caso de los vitorianos, que se acercaban a escasos metros de los fieles y pedían una implicación total por parte de estos. Un toma y daca.

Pela y Joseba Lenoir (Víctimas Club)

Como hemos dicho, el debut de la formación tiene ya un lustro, pero sigue funcionando bastante bien en directo, caso de “Somos tu nueva normalidad” o “Profesional”, entre otras. “Humillante speed” pegó un acelerón que habría encantado tanto a Lemmy como a Rat-Zinger antes de que relajaran pulsaciones con “Mamashima”, que siempre se torna en algo muy especial en las distancias cortas. Interpretaciones tan descomunales como las de Pela no se contemplan todos los días.

Joseba Lenoir, llevado en volandas por el público

“Chicas que” tenía un rollo hipnótico a lo Suicide, suficiente para cautivar al respetable antes de que el frontman deviniera en una suerte de predicador dedicando una estrofa a la mayoría de los presentes, frases apocalípticas como “El enemigo está en todas partes” o “Los más valientes se quedan en tierra”. Para los amantes de la inmediatez punk, lo de alargar temas para que la peña dé palmas suele ser una brasa, pero no parecía esa la intención de “Cortando encía”, que fue un in crescendo brutal con picos memorables, como cuando elevaron a las alturas a Joseba cual dios de la guitarra. Eran este tipo de actos espontáneos los que certificaban que estábamos ante un espectáculo sincero, no planeado, y con ese punto peligroso que tanto escasea últimamente en directo. Los que estuvimos allí no lo olvidaremos desde luego.

Dos cantantes de altura que seguramente sean de lo mejor que se puede ver por estos lares encima de un escenario, canciones para olvidarse por unos momentos de ese inestable mundo dominado por perturbados que se nos está quedando y esa inevitable actitud de resistencia frente a la mansedumbre que tanto se condena hoy en día. No sé cómo habrá sido tal jornada en otros lugares, pero el verdadero espíritu rockero andaba en la Nave 9. Auténticos ídolos del underground.

Alfredo Villaescusa

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