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Crónicas

Van Morrison en el foro

«Gozoso para los que presumimos de oídos abiertos a la música con mayúsculas y a músicos de esta talla que siguen ahí defendiendo sus canciones y emulando si cabe el “estilo” Dylan de no pasar la gorra a cuenta de temas que ya son de todos»

12 diciembre 2017

WiZink Center, Madrid.

Texto: Mariskal. Foto: Alfonso Dávila

Mereció la pena volver a este rebautizado (y van unas cuantas) viejo Palacio de Deportes madrileño. Fue un martes, con Madrid oliendo ya a Navidad y solo dos días por medio desde que el sábado 9 de ese seco diciembre colmara de orgullo a la parroquia metalera el lleno y apoteosis de Helloween en este regreso con el grueso de los que labraron la historia de los alemanes.

Así que todavía con el clamor y rugir del guitarreo heavy en mis oídos me acomodo en las gradas del recinto para vislumbrar un panorama muy diferente tanto en lo musical como en los parroquianos (200 pavos pagaron los de primera línea de playa). Se han dado cita para un encuentro más con Morrison, que aquí juega a ganador siempre en cualquiera de los formatos que se presente y que además nos ha regalado otros dos discazos en pocos meses, ‘Roll With The Punches’ y ‘Versatile’. El concierto de esta noche –haciendo honor y repaso  a esas recientes grabaciones- invitaba al blues, soul y jazz con un combo multitudinario donde destaca la presencia de Georgie Fame, que teloneó al irlandés y aparece como invitado en una versión memorable del “Goin’ to Chicago” y el “Vanlose Stairway” de la cosecha propia del 82. Otro aliciente más disfrutar de este virtuoso del teclado tan unido a Morrison y al que vi varias veces en el Ronnie Scott’s del Soho de  Londres con diferentes bandas cuando terminaban los conciertos del Marquee y acabábamos la noche en este otro jazzístico templo cercano.

¿Y del concierto? Bien, gozoso para los que presumimos de oídos abiertos a la música con mayúsculas y a músicos de esta talla que siguen ahí defendiendo sus canciones y emulando si cabe el “estilo” Dylan de no pasar la gorra a cuenta de temas que ya son de todos. Reconvierten sus clásicos una y otra vez con socios como el brillante Paul Moran, teclas y director de la impecable orquesta donde vocalista y percusionista femeninas ponen ese punto de color y alegría que le falta a la leyenda. Morrison, parapetado en sus gafas negras y sombrero tirolés, actúa casi como clavado a las tablas del escenario, pero con retazos magistrales con el saxo y armónica que nos puso en pie en dos clásicos como el “Baby Please Don’t Go” y el “Got My Mojo Working” de Muddy Waters. Para los despistados en busca de su pasado juvenil, “Brown Eyed Girl” o “Days Like This”, pero chasco por las  irreconocibles y a la vez sorprendentes versiones. Y de “Gloria”, nada. Divertido, visto desde arriba y cerca, el desconcierto del combo y sobre todo de Moran al final, alargando el show en la duda de si el cantante volvía para algún bis de propina. Así son los genios. Se despidió sin decir siquiera adiós y nosotros volvimos al ritual de otra noche con Morrison, otro de los seminales que cautivaron a Hendrix entre otros muchos. Joder, que no me quedo con las ganas de emular a los cursis con eso del reiterativo León de Belfast.

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