Hay proyectos cuya translación al directo se torna complicada. Implicarían un despliegue de logística que quizás realmente no merezca la pena desde la perspectiva más económica. Menos mal que en el mundo de la cultura no está todo contaminado por el vil dinero y todavía existen románticos, en el sentido más literal de la palabra, que no dudan en arriesgar los cuartos para poner sobre el escenario aquella visión que les embriagó en un momento determinado.
La vida puede dar muchas vueltas. Que se lo digan al poeta y compositor Tamás Kátai, principal cabeza pensante de Thy Catafalque, al que allá por el 2012 no le atraía lo más mínimo la posibilidad de tocar en directo. Sin embargo, a pesar de no realizar demasiados conciertos a lo largo del año, gracias a la actividad en directo, la banda comenzó a ser reconocida y hubo un mayor interés por acudir a recitales suyos. Tener a unas doce personas viajando no sale a cuenta a cualquiera, sobre todo si hablamos de un grupo que se mueve en el circuito del underground, por lo que el factor riesgo seguía ejerciendo una influencia importante.
Los húngaros ya habían estado en 2024 en la capital vizcaína en el marco de la feria de la música BIME, pero fue un recital corto debido al formato de las actuaciones, que son más bien showcases, con una duración en torno a treinta minutos. Fue un breve entremés que seguramente a los aficionados les sabría a poco, por lo que podríamos considerar la última visita a D8 Sorkuntza Faktoria como su primera vez con galones, en un enclave digno y con los medios necesarios para poder desplegar su espectáculo en condiciones.
Dado el carácter underground de la propuesta, estaba la duda de si se lograría congregar la afluencia necesaria para que el evento resultara rentable, y pese a que el ambiente tampoco fue agobiante, sí que hubo la cantidad suficiente de fieles para generar cierta expectación. Mencionar además que el respetable se mantuvo muy participativo con los cabezas de cartel de la velada, sobre todo dando palmas, un gesto verbenero que detestamos profundamente, como ya sabrán algunos lectores, pero allá cada cual.
Toward The Throne

Los franceses Toward The Throne abrieron la velada y al mismo tiempo se estrenaron en la península, pues era su primera vez por estos lares. Se les definía como death progresivo, aunque en realidad su estilo tirara más hacia el black metal escandinavo con oscuridad a paladas, hasta el punto de que en ocasiones por sus atmósferas sombrías parecían hasta un combo de gothic rock rollo Fields of the Nephilim.
Al igual que las huestes de Carl McCoy, tiraron de niebla a borbotones y de esas luces rojas que tanto odian los fotógrafos, pero nos sorprendió el ritual negro como el carbón que desplegaron en apenas media hora con piezas muy decentes como “Midnight” o “7Hate”. Para apuntar su nombre.
Bong-Ra

Los siguientes en liza se nos tornaron más espesos, o quizás es que un servidor no terminó de conectar con ellos. Se supone que era una propuesta rompedora que mezclaba electrónica con metal extremo, pero en directo no nos consiguieron cautivar lo suficiente. El dato de que llevaran batería pregrabada tampoco ayudaba a mantener la atención, ni tampoco su estilo reminiscente a los Fear Factory de la época de ‘Demanufacture’. Si en 1995 no nos llamaba ese rollo en absoluto, menos todavía hoy en día. Para gustos, colores.
Thy Catafalque

Con hasta cuatro vocalistas invitados, mitad masculinos y mitad femeninos, el parecido más evidente de Thy Catafalque era con los suecos Therion, por lo menos en cuanto a puesta en escena, porque en lo musical las coordenadas de los húngaros se escoraban más hacia el folk o el metal extremo, nada que ver con los sinfonismos de los de Christofer Johnsson.
Con “Szíriusz” se permitieron una licencia clásica, puesto que funcionó a modo de intro, antes de meter ya guturales en “Néma Vermek” y luego seguir una senda más inclasificable con “Trilobita”. No todos los días veíamos tantos integrantes sobre un mismo escenario, pero se compenetraron con habilidad, no se cayó ninguno por el traicionero borde del escenario, como ya sucedió en otro bolo en dicho recinto.

La entrada y salida de diversos miembros proporcionó a la cita un componente teatral y hasta añadió dinamismo, pues las canciones se asemejaban más a escenas de un tiempo concreto que a mera música sin ningún atractivo externo. “Napút” condujo la velada hacia derroteros más folk, mientras que “Szarvas” picoteó en el industrial, la electrónica y el black metal, así de golpe. De un corte a otro podría configurarse un universo completamente distinto a lo visto hasta entonces.
El líder Tamás Kátai ocupó la mayor parte del bolo un discreto segundo plano y tampoco le dio por soltar parrafadas, salvo unas pocas palabras para recordar su anterior visita a la capital vizcaína en 2024 y poco más. ¿Quién quería brasas con la espectacular sinfonía de metal vanguardista que estaba llegando hasta nuestros oídos?

Las vocalistas femeninas movían las manos cual discípulas de Tilo Wolff de Lacrimosa y esos gestos eran replicados por parte del respetable. Seguro que al alemán admirador de Mozart no le desagradaría para nada esta propuesta, sobre todo en su vertiente más sinfónica.
En este sentido, cubrieron la totalidad de la paleta estilística de su sonido, con piezas de tendencia más orquestal como “Mezolit” o “Embersólyom”, ínfulas progresivas o electrónicas en “Töltés”, e incluso se acercaron al heavy o rock añejo en “Kel keleti szél”. Podrían pasar además del folk al black metal frenético sin apenas despeinarse, por lo que no convendría olvidar la extraordinaria capacidad para adaptarse al terreno de unos músicos tan versátiles.

“Vasgyár” permitió agitar cabelleras a los más aguerridos antes de dar rienda suelta a la experimentación en “Ködkirály”. Y ya en los estertores finales, la muchedumbre se animó como nunca con la homónima “A gyönyörű álmok ezután jönnek”, que daba nombre a su último trabajo de estudio y certificaba que en ocasiones no es necesario entender una lengua para disfrutar con la música.
Fue una velada en la que los húngaros desplegaron un nivel técnico impresionante, sin resultar cansinos en ningún momento y demostrando que el llamado post black sigue siendo uno de los géneros más ambiciosos en lo que respecta a romper esas barreras de compartimentos estancos que tanto limitaban en el pasado. Pura vanguardia extrema.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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