Si el termino “kalimotxero” en el punk es valido para un sinfín de bandas, quizá más divertidas, básicas y gamberras en su concepto, en el thrash metal, la variante “cervecera” solo admite un nombre como referente único y absoluto: los teutones Tankard, los autodenominados “Kings of Beer”. Pero además de letras alcohólicas, desmadre y cachondeo, algo más habrá hecho el cuarteto de Frankfurt para integrar el “Big 4” en Alemania, cuna de la mejor escena thrash en la vieja Europa.
Activos desde 1982, Tankard come (y en este caso, bebe) en la misma mesa que Kreator, Sodom y Destruction, y sigue siendo historia viva del género. Así que de salida, hasta sorprendió que primeramente en su fecha vasca se les anunciara en una sala de aforo muy reducido como es la Groove de Portugalete, para después, ante la demanda de entradas, cambiar la cita a Santana de Bilbao, primero a la sala grande, la principal, para aterrizar finalmente en la llamada Blue, una pequeña sala situada en la planta superior de Santana para unas 350 o 400 personas que se llenó hasta la bandera.
Lo bueno es que se creó un ambiente fantástico, de pequeño club. Estando en Euskadi, hasta podría ser de gaztetxe. Escenario reducido y la gente casi encima, sin vallas ni barrera alguna. Lo malo, cierta incomodidad, sonido desigual y una visibilidad muy reducida para la inmensa mayoría de los asistentes.
Exodia
Abrieron noche los valencianos Exodia, combo ya con experiencia y rodaje, formado en 2009, aunque también con un parón importante entre 2016 y 2023. Dispusieron de algo más de media hora para caldear ambiente, y aunque de salida aquello era una bola de ruido imponente, después el sonido fue más matizado, y “Buried Alive”, “Future Generations”, “Wicked Seed” o “150 Attitude” fueron un puñetazo thrash en toda regla.
Pidieron un wall of death con “la gente de Donosti a un lado y los de Bilbo al otro”, y se ganaron al respetable.
Retador
Más thrash de vieja escuela con Retador, desde la localidad malagueña de Estepona. Con dos discos publicados en seis años de trayectoria, Retador llama la atención por la ferocidad de su propuesta, la precisión instrumental y también por cantar en castellano, algo poco frecuente en el thrash estatal.
En poco más de treinta minutos hicieron un concierto pleno de fuerza e intensidad, con temazos como “Títeres”, “Solos eternos”, “Lux Ferre” o “Asesino”.
Individualmente, parecieron sobrados, y en conjunto mostraron mucho empaque y sudaron rabia.
Tankard
Con quince minutos de retraso, la sala a tope y alta expectación, Tankard asaltó la Blue con “One Foot in the Grave”, pero lejos de estar casi muertos “con un pie en la tumba”, como ironiza la divertida canción, demostraron vitalidad y el espíritu de los añorados años 80, más cuando empalmaron con el clasicazo “The Morning After”, el himno a las resacas y los excesos que desató los pogos y la avalanchas en las primeras filas como pocas veces se ven hoy en día, al menos con grupos tan veteranos.
Salida en tromba, velocidad, calor, entrega y comunión total entre banda y público. Que la banda ha escrito su leyenda a cuenta del zumo de cebada no tiene vuelta de hoja, pero sería injusto limitarles así, más tras 44 años de trayectoria ininterrumpida.
En ese sentido, “Ex-Fluencer” sonó impecable, y con “Need Money for Beer”, ”Beerbarians” o “Die With a Beer in Your Hand” fueron, efectivamente cien por cien Tankard.
Gerre aguantó a la voz y conectó con una audiencia que le aprecia y le quiere, y el bajista, Frank Thorwarth, y el hacha Andy Gutjahr se apañaron para intercambiar posiciones a menudo, pese a lo reducido del escenario. A destacar el doble bombo y el impulso tras los tambores de Gerd Lucking.
Está claro que a Tankard no se le caen los anillos (ni su corona de “reyes”) por tocar en una pequeña sala con el público a un palmo de distancia, cuatro focos y cero producción. Al contrario, se crecieron y contagiaron buen rollo.
La experiencia es un grado, y para el final amontonaron valores seguros para cerrar por todo lo alto: la festiva “A Girl Called Cerveza” dio paso a dos latigazos primitivos y viscerales del calibre de “Chemical Invasion” y “Zombie Attack”. Vieja escuela total.
El bis con “Rest in Beer” y “Empty Tankard” remató 90 minutos de concierto plenos de autentico y genuino thrash metal. ¡Y casi nos dio igual las birras 0,0 que tenían en escena los músicos!
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