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Crónicas

Crónica de Sôber (acústico): Prisioneros en el Paradÿsso

«Todo un detallazo y lujo poder haber vivido este concierto tan íntimo y especial»

12 mayo 2018

Fórum Fnac, Murcia

Texto: Andrés Brotons. Fotos: Desireé

En este complejo mundo de la música, con unos tiempos igualmente complicados discográficamente hablando, hay sin duda grupos que verdaderamente se dejan la piel por sus fans con absolutos detallazos. Después de ver lo que pude presenciar este pasado sábado, que Sôber trata a los suyos como oro en paño es quedarse corto. Y es que la última fecha de esta breve mini gira de showcases que nos ha regalado la banda madrileña no decepcionó para nada, cumpliendo las expectativas de la siempre fiel audiencia murciana, que ha apoyado al combo desde sus tiempos pretéritos, cuando eran un grupo menos masivo, hasta en su laureado regreso hace unos ocho años.

La regrabación con orquesta sinfónica de su disco más emblemático, ‘Paradÿsso’, nos ha traído estos regalos que, a diferencia de otras promociones acústicas de la banda, tenían como rasgo distintivo al joven chelista que les ha acompañado en estas breves cinco fechas que culminaban en la capital del Segura. Los madrileños Sôber entraron puntuales, ante los vítores y aplausos del numeroso grupo de seguidores que se dieron cita para presenciar este “tardeo” tan especial. Carlos Escobedo estuvo muy alegre y comunicativo, bromeando en el inicio con lo privilegiados que éramos los que, al haber llegado con algo de más de antelación, habíamos pillado asientos. Por cierto, este hombre siempre está igual, le va a acabar quitando el puesto a Jordi Hurtado; de voz, igualmente como siempre, de diez. El clásico por antonomasia, “Arrepentido”, fue el pistoletazo de salida a unos generosos cuarenta y cinco minutos de concierto, algo inusual en estos eventos gratuitos en los que normalmente los artistas no se estiran más allá de los dos o tres temas. Este primer corte sonó de maravilla, con una banda bien acoplada y sólida en la que veíamos a Manu Reyes sustituyendo su batería por un timbal y a unos hermanos Escobedo bien ensamblados con Bernardini y el joven chelo. Carlos continúo bromeando, comentando lo que le alegraba ver tantas camisetas oficiales de la preventa entre los congregados del público: “Sobre todo por la fe al comprarlo sin escucharlo porque… ¿y si os encontráis con algo tipo Los Caños?”, apuntó ante el descojone general.

El tema título de su rescatada obra, “Paradÿsso”, sonó con mucha fidelidad gracias al mencionado chelista, del que el vocalista comentó que “tiene 18 años ¡pero le gusta la carretera y el mambo que no veas!”. Así mismo, al llamarlo por su nombre, “Carlitos”, no se enteró por el nivel de concentración que llevaba, añadiendo Escobedo “si es que es tan joven que va con los cascos y el móvil todo el día…”. Tras las numerosas carcajadas, arrancaron con la magnífica “El hombre de hielo”, rescatada también como bonus track en este trabajo y original de su álbum antes del hiato, ‘Reddo’, que he de confesar que es, de lejos, mi favorito.

La balada “Naufrago”, que había sonado hasta dos veces en las pruebas de sonido, volvió a la carga esta vez con toda la audiencia entregada a una de las canciones de la nueva hornada que se ha convertido en un clásico más de la larga lista de su repertorio. Carlos pidió un fuerte aplauso para todos nosotros. Tras “Hemoglobina”, “Superbia” también fue sorpresiva, pues no se incluyeron samplers en esta versión más intimista, sustituyendo los ostentosos coros en latín del principio por la única y portentosa voz de Carlos, que brilló una vez más interpretando él solo los iniciales versos en latín. Banda y público se encontraban tan a gusto que Escobedo comentó que podían hacer “merienda y cena” y seguir un rato más, pidiendo a continuación “palmas arribas” para el único tema no incluido en el trabajo presentado, el single “Blancanieves” de su antepenúltimo álbum ‘Letargo’. No obstante, no desentonó en el repertorio, al estar concebida originalmente con una parte orquestal. El cierre definitivo fue para la también exitosa “Diez años”, tras la cual el grupo se retiraría unos quince minutos para volver ya a firmar y fotografiarse incansablemente durante más de hora y media con todos sus incondicionales. Todo un detallazo y lujo poder haber vivido este concierto tan íntimo y especial, con ocho joyas desnudadas que nos hizo sentirnos en esta tarde como ese clásico de Europe: auténticos “Prisioneros en el paraíso”.

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Esta entrada fue escrita por Redacción