Medina Azahara se presentaba en Burgos por “última vez” dentro de su gira de despedida, ante un Fórum Evolución que se quedó muy cerca del lleno. Alrededor de 1.000 personas se congregaron para disfrutar de una noche especial, enmarcada en la gira que pondrá el broche final a la carrera de la banda el próximo 21 de noviembre en Madrid.
Después de 47 años de historia, 22 discos de estudio y 4 trabajos en directo, elegir un repertorio no debe de ser una tarea sencilla. Aun así, los califas del rock andaluz quisieron hacer un repaso a buena parte de su trayectoria, especialmente desde Aixa hacia atrás, con canciones que fueron cantadas a pleno pulmón por un público burgalés que dejó claro por qué Medina Azahara sigue siendo uno de los grandes nombres de nuestro rock.
Antes de que la banda saltara al escenario, se proyectó un vídeo con una cuenta atrás de 60 segundos. Durante los últimos instantes fueron apareciendo las portadas de todos sus discos, una por segundo, desde la más reciente hasta la primera, como si la propia historia de Medina Azahara pasara ante los ojos del público. A continuación, otro vídeo más emotivo repasó los inicios de la banda, el porqué de su nacimiento y el legado que dejan tras casi cinco décadas de carrera.
Y ahora sí, Medina Azahara saltaba al escenario. La velada comenzó con el que fue el principio de todo: “Paseando por la mezquita”. Un arranque perfecto, con un clásico que fue coreado desde el primer momento por los asistentes, con Manuel Martínez dejando cantar al público, como ya ocurriera en aquel mítico En directo.
Sin tiempo para respirar —que falta nos haría después— sonó “Algo nuevo” y “Palabras de libertad”, enlazando así tres temas que repasaban algunos de sus discos más recordados: Paseando por la mezquita, Sin tiempo y Dónde está la luz. Tras una breve pausa, Manuel Martínez presentó la siguiente canción, compuesta junto a Manuel Ibáñez y en la que en su día colaboró Antonio Orozco: “El vaivén del aire”, incluida en el disco Aixa.
La banda continuó con “Junto a Lucía” y “Solo un camino”, antes de invitar a seis chicas a subir al escenario para bailar con ellos “Danza al viento”. Con este tramo, Medina Azahara hizo parada en su disco Tánger, manteniendo en todo momento la conexión con un público entregado. Después llegó el turno de un pequeño medley para recordar la época de 'En Al-Hakim' y 'Caravana española', con los temas “En Al-Hakim” y “El soldado”. Al terminar esta última, Manuel Martínez comentó que “El soldado” debería escucharla Donald Trump, dejando uno de esos mensajes marca de la casa, donde la música y la reivindicación caminan juntas.
Lo siguiente fue un himno de Medina a su ciudad. Una canción que ganó el premio a mejor canción del año y que, desde su publicación en Aixa, se ha convertido en uno de los temas más coreados de la banda. “Córdoba” sonó con fuerza en Burgos, y el público respondió sin perder el hilo en ningún momento. El ambiente era inmejorable y la banda se mostraba cómoda, cercana y emocionada sobre el escenario.
Pero el momento más emotivo de la noche estaba todavía por llegar. Manuel Martínez quiso recordar a su hijo, Manuel Ángel Mart, fallecido a la temprana edad de 44 años. Para ello, se proyectaron imágenes de Manuel Ángel cantando junto a su padre el tema “Solo y sin ti”. Padre e hijo volvieron a cantar juntos de alguna manera: la voz grabada de Manuel Ángel y Manuel Martínez en directo. Fue un momento profundamente emocionante, que terminó con el público puesto en pie para dedicarle una merecida ovación a Manuel Martínez.
El siguiente homenaje fue para una banda que Medina Azahara nunca olvida: sus queridos Triana. Sonaron “En el lago” y “Tu frialdad”. Y es que los burgaleses también tenemos una espina clavada con Triana, ya que fue en nuestras carreteras, justo a la salida de Burgos hacia Madrid, donde Jesús de la Rosa sufrió el fatal accidente que le costó la vida. Su legado, sin embargo, sigue vivo, y Medina Azahara siempre lo ha llevado muy presente.
Tras los momentos más emotivos, llegó el tiempo de hacer vibrar al público. Como dijo Manuel: “Si no la conocéis, es que no conocéis a Medina Azahara”. Y entonces sonó “Velocidad”. El público enloqueció. Después llegó “Al padre santo de Roma” y, cuando ya casi no quedaba aliento, apareció la canción que no puede faltar en ningún concierto de Medina Azahara: “Necesito respirar”.
Tras este tema llegó el bis, con el auditorio coreando a grito pelado el ya mítico: “¡Eh, Medina, así no se termina!”. La banda regresó al escenario y, antes de continuar, Paco Ventura regaló uno de sus solos. Después llegó “A toda esa gente” y, como todo lo que empieza tiene un final, sonó el tema que muchos esperaban: “Todo tiene su fin”. El público cantó a capela el inicio de la canción antes de que la banda la interpretara con esa intensidad que solo ellos saben darle.
Con ello parecía terminar el concierto, pero todavía quedaba tiempo para presentar no solo a los músicos, sino también al equipo que no se ve y que hace posible que todo funcione: técnico de sonido, técnico de luces, técnico de monitores, stage manager y manager. Después llegó el turno de la banda: Carlos Deko al bajo, el joven Fernando Prats, Manuel Ibáñez —que incluso interpretó el inicio de “The Final Countdown”— y Paco Ventura, quien acabó presentando a Manuel Martínez.
Para despedirse, Manuel dejó cuatro palabras al público: felicidad, amor, paz y mucha libertad. Y así se marchó Medina Azahara de Burgos, con “A toda esa gente” sonando y con la sensación de haber vivido algo más que un concierto. Fue una noche para repasar la historia de una banda irrepetible, para cantar, emocionarse y despedirse con respeto. Como dice el título de esta crónica, Medina Azahara ha elegido morir de pie. Y quizá no haya una forma más noble de despedirse para una banda que ha dado tanto a nuestro rock.





