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Crónicas

Luback en Madrid: Caviar rockero para deleitar al mundo entero

«¿Pero eso qué es? ¿Por qué no están ya llenando salas cinco veces más grandes por todo el mundo? A ver, el representante de Greta Van Fleet, que se ponga al teléfono…»

26 octubre 2021

Sala Galileo, Madrid

Texto y fotos: Jason Cenador

Si este año tuviera que poner la mano en el fuego por que una banda de rock and roll forme parte de los elegidos para alcanzar la cima en los próximos años, no me la pensaría. Y si me la quemo es porque muchas veces, demasiadas, la escena no es justa y la meritocracia es una quimera en el arte escuchado. Después de la barbaridad que contemplamos sobre el escenario de la Sala Galileo de Madrid, Luback es mi respuesta taxativa y sin posibilidad de réplica.

Era martes y el fin de semana aún se atibaba en la lejanía. Cuesta a veces desperezarse y moverse del barrio de uno para acudir a la otra punta de la ciudad tras un intenso día de trabajo. Y cuesta todavía más asumir que a uno le acaban de cobrar en su local de destino seis euros por una cerveza sin alcohol. Pero la música todo lo mitiga, todo lo cura, todo lo apacigua. Desde el primer acorde de Luback bajo los focos de la emblemática y un tanto elitista sala Galileo – que, eso sí, suena de maravilla –, el foco del universo se situó en aquel escenario para los cientos de personas que abarrotaban, sillas y mesas mediante, el lugar.

Luback define su música como rock añejo del siglo XXI, y no podían estar más acertados. Su último disco, ‘The Measure of the Step’, es una joya de valor incalculable en la que pulieron todas sus aristas para brillar como nunca. No obstante, eligieron la acompasada “Choose” para abrir un repertorio que enseguida alcanzó cotas de emoción desbordada con ese rock setentero de guiños cuasi tropicales que es “Tale of the Gang”, una delicia que, aun con todo, se ve rebasada por la izquierda por “Fighting Star”, una llave al paraíso de los amantes de los más deslumbrantes y evocadores sesenta y setenta. Van Morrison vaciaría su chequera por una canción así en su repertorio. Y cualquier amante del rock pondría los ojos como platos al escuchar como la enlazan con ese rock and roll movido y de riff estratosférico que es “Need”. ¿Pero eso qué es? ¿Por qué no están ya llenando salas cinco veces más grandes por todo el mundo? A ver, el representante de Greta Van Fleet, que se ponga al teléfono…

Cristian del Corral, uno de esos vocalistas que parecen haber persuadido a la música para ser construida a imagen y semejanza de su timbre vocal, dio las gracias por apoyar la música en vivo un martes antes de introducirnos a su particular tributo al norteamericano Chris Stapleton con una versión de “Starting Over”, por si alguien dudaba de su pronunciada inclinación hacia folk rock estadounidense. Su espíritu de aventura salió después a relucir con “Pioneers”, para la que el bajista Manuel Fernández cambió de instrumento y se calzó el violín.

Con Carmen Villaescusa

“Lucky Man” fue el preludio de la aparición en escena de la amiga y colaboradora de la banda Carmen Villaescusa, que prestó su privilegiada voz al “Over the Hills and Far Away” de Led Zeppelin y a una inmensa “We Learn” cuya letra y dinamismo son de matrícula de honor. Fue, sin duda, uno de los puntos álgidos de la noche, con unas progresiones alucinantes y una banda de genios haciendo lo que los genios hacen, genialidades. Tocaba un brindis por los privilegiados dedos del guitarra solista Marcus Wilson, que toca como los ángeles un instrumento que parece una prolongación de su ser, inundado de música. Pero el brindis, en diferido, que cualquiera se pedía otra ronda.

Con el inconformismo por bandera y un mensaje de empatía y solidaridad hacia el prójimo se presentó “Different Trees”, una canción inédita que vino a demostrar que siguen circulando por el camino de la virtud rockera con ineludibles alusiones a la americana y que Marcus es un guitarrista extraordinario. Sí, vale la pena repetir las verdades hasta la extenuación.

Reconoció Cristian que hay veces que no pueden tocar la siguiente en liza porque el auditorio no es el adecuado, pero aquella noche si era apropiada para hacer sonar la pausada y líquida “Beware”, cuyo carácter acompasado y ligero choca frontalmente con el contundente y mordaz mensaje contestatario que porta su letra.

Del mismo modo que en otros shows anteriores, Cristian pidió silencio al público consiguiendo que hasta los que tenían el concierto como complemento mientras se contaban sus vidas como si estuvieran de tapas en una tasca se callasen. Qué alivio. Fue entonces cuando acometió, sin micrófono ni cable, el arranque de “My Ghost”, tal vez el tema más introspectivo y lúgubre de su repertorio, que contrasta con la luminosidad de “Light State of Mind”, pasando así de la oscuridad a la luz.

Nos fuimos arrimando al vértice del final del concierto con “Shaped by You” y “Life Guru”, dedicada expresamente “al cuñado pesado que cree que lo sabe todo”, en palabras de un Cristian entregado y exultante que no reparó en confesar que se trataba del mejor martes de sus vidas.

La profunda “Outcast” nos trasladó mentalmente a algún desierto del sur de los States antes de que “Heat, Flames and Fire” se erigiese como un absoluto y rotundo catalizador de adrenalina, una gozada rockera sublime e incontestable que lo puso todo patas arriba antes de ese rock and roll entrañable y accesible que es “Black Cat”, culminada con un guiño al “Black Dog” de Led Zeppelin.

En una onda muy tabernera, nos condujeron a ese final inexorable que nadie deseaba que llegase con “Empty Pocket”, tras la que, ante la insistencia de un público volcado que los ovacionó como si ahí estuviera el director del concierto de año nuevo de Viena en lugar de cinco encantadores y terrenales chavales de Madrid dispuestos a sudar lo que haga falta por hacer sonreír a ritmo de rock and roll, se marcaron un bis echando mano del “Runnin’ Down’ de Tom Petty. Seguro que el mítico norteamericano también levantaría encantado la cabeza para deleitarse con Luback. Que lleguen alto, que si no me quemaré la mano y eso tarda en curarse.

PARA LEER MÁS: 

Jason Cenador
Algún día en
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Esta entrada fue escrita por Jason Cenador

1 comentario

  • Juandie dice:

    Digno concierto semi acústico de los madrileños LUBACK en dicha sala madrileña presentando su último álbum el cual ha calado muy bien por estos lares.

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