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Crónicas

Los Zigarros en Bilbao: Los últimos de una estirpe

«Por mucho que intenten matarlo desde el siglo pasado, el rock n’ roll con Los Zigarros goza de una salud espectacular. Son los últimos de una estirpe que apela a la pulsión animal y no se les caen los anillos por utilizar expresiones como “nena” que se antojan de otro mundo, otra época en la que incluso se veía a gente fumando y bebiendo en los programas de televisión.»

6 marzo 2022

Kafe Antzokia, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Nunca me cansaré de repetir lo mucho que aportan al panorama patrio los grupos de rock n’ roll básico, un estilo todavía muy denostado por ignorantes que lo consideran demasiado sencillo, rancio y cualquier otro improperio imaginable. Podríamos decir que gracias a esta gente en este país cainita existe en cierta manera la libertad de expresión, pues eso sin duda incluye tocar o escuchar el género que a uno le venga en gana, independientemente de si está mejor o peor visto según las modas imperantes en cada momento.

Por algo el gurú John Lydon de los Sex Pistols tenía en gran estima la apelación a los tres acordes que realizaban combos del tipo de Status Quo, que sin devanarse demasiado los sesos consiguieron conectar con los fieles a lo largo de varias décadas. Y eso mismo aplicaríamos a la actitud de Los Zigarros sobre el escenario, pues beben indefectiblemente de la misma fuente. Se les achaca que copian a Tequila, pese a que la influencia de AC/DC también sea muy relevante en su caso, aparte de ese poso bluesero que sube hasta la superficie de vez en cuando.

Que el personal ya conoce su fórmula ganadora es evidente, quizás por esa razón agotaron dos días seguidos el aforo del bilbaíno Kafe Antzokia, una hazaña que no está al alcance de cualquiera. Nosotros acudimos el domingo, pensando que igual no estaría tan concurrido como la víspera, pero para nada, un respetable variopinto, entregado en su mayoría a la música y no al cacareo, copó el recinto y permitió que gran parte de los presentes resucitáramos de forma sónica. El broche de oro a un finde de excesos.

Lo cierto es que no estamos muy acostumbrados a acudir a bolos a las siete y media de la tarde, tal vez por eso la actuación de Los Zigarros se nos pasó en un visto y no visto. “Espinas” ejerció de percutor de un recital en el que el volumen pudo estar más alto, cierto, aunque suplieron esa leve mácula con abundante dosis de actitud a las tablas.

Ovidi confesó al principio que estaban “mejor que ayer” y para cuando se arrancaron con “Apaga la radio” y luego enlazaron “Con las manos rotas” uno lo podría asegurar por completo. Nada hacía notar que aquello era un relajado domingo y no un sábado de subidón total. El vocalista y guitarra no dudó en regodearse en este aspecto y lo calificó como “una maravilla”. La eucaristía del rock n’ roll no posee fiestas de guardar.

Se recrearon en el rollito funky de “No sé lo que me pasa” y lo alargaron para conectar todavía más con los fieles, pese a que no era necesario, las meras canciones se tornaban argumentos imbatibles para enganchar hasta al más reticente. Y en una clara senda ascendente, Ovidi se acercó a las míticas escaleras del Antzoki para puntear y desembocar en el riff de “Baila conmigo”, saludada con los “hey” de la peña y con algunos fragmentos tan épicos que ni el “Layla” de Eric Clapton.

No hubo demasiados remansos de paz, al contrario, se sucedía tema tras tema a un ritmo vertiginoso. Pisaron el acelerador a fondo en “Mis amigos”, mantuvieron el tipo con “Malas decisiones” y se apuntaron un tanto indiscutible con “Dispárame”, todo un derroche de electricidad para quedarse sin cuello. No sorprende que en esta tesitura el trajeado Ovidi parezca tan metido en el papel de rock star mirando al infinito o sonriendo con satisfacción ante tamaña aceptación de los fieles.

Según confesaron, llevaban tres años sin pisar la capital vizcaína, algo que se debía a la pandemia, pues Bilbao suele convertirse en una de sus plazas fuertes en términos de asistencia. En este sentido, el Antzoki ya se les queda algo pequeño, por lo que es probable que la siguiente vez arriben a un recinto de mayor capacidad. Tal regreso constituía motivo de celebración, por lo que el carismático cantante mandó alzar las copas para conmemorar el regreso.

El repertorio estuvo muy bien escogido, ni una pieza incitaba lo más mínimo a bajar la tensión. ¿Quién no se animaría con un himno del calibre de “Resaca”? Y no hablemos de “Voy a bailar encima de ti”. Creo que ya lo hemos contado en alguna otra ocasión, pero nunca nos olvidaremos de aquella madrugada en el Wurlitzer madrileño en la que sonó esa canción y el personal se volvió loco petando el escenario que hay al fondo del garito y pulverizando la distancia de seguridad cuando todavía no sabíamos ni qué era eso.

“Con solo un movimiento” confirmó que su último lanzamiento sigue cobrando una influencia capital en directo, por lo que lo tocaron casi entero. Volvieron a aumentar las revoluciones con “Hablar, hablar, hablar…”, que provocó las convulsiones esperadas en el respetable, y “Desde que ya no eres mía” supuso todo un contrapunto en términos de clase. Que el rock n’ roll no son solo decibelios, también glamour a borbotones.

“A todo que sí” sirvió para despedirse por unos breves instantes, no sin que antes Ovidi pidiera palmas al borde de las escaleras y luego punteara como un dios del rock. Hay que reivindicar del mismo modo la discreta pero efectiva labor de Álvaro Tormo, una parte fundamental del engranaje de la banda en directo, al igual que el batera y el bajista, que quizás permanezcan más en un segundo plano, aunque sería difícil sonar tan compactos sin su inestimable colaboración.

Para los bises reservaron munición de diverso alcance como “Tenía que probar”, a la que insuflaron aire psicodélico hacia la mitad, o “Dentro de la ley”, con una potencia devastadora en lo que respectaba a desencadenar entusiasmo entre la afición. “¿Qué demonios hago yo aquí?” finiquitó un show impecable en cuanto a entrega y repertorio. No sé cómo sería el bolo del sábado, pero ese día tuvimos suerte, no cabe duda.

Por mucho que intenten matarlo desde el siglo pasado, el rock n’ roll con Los Zigarros goza de una salud espectacular. Son los últimos de una estirpe que apela a la pulsión animal y no se les caen los anillos por utilizar expresiones como “nena” que se antojan de otro mundo, otra época en la que incluso se veía a gente fumando y bebiendo en los programas de televisión. Y nadie se llevaba las manos a la cabeza.

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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

1 comentario

  • Juandie dice:

    Extenso resumen hacia el gran concierto que se marcaron los levantinos LOS ZIGARROS en una de las salas más históricas de la rockera bilbao a través del mejor Rock And Roll con ese buen aroma a los TEQUILA.

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