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Crónicas

Los Zigarros en Bilbao: Cuatro gestas impecables

«Si no se han convertido en la mejor banda del país en su género, no les faltará mucho.»

23 diciembre 2022

Kafe Antzokia, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Tal vez lo de girar después de sacar disco esté sobrevalorado. En ocasiones no hace falta excusa alguna para lanzarse a la carretera y tirar millas, incluso aunque no haya nada que presentar. Tras un par de años de restricciones en el ámbito de la cultura, toca aprovechar el momento y exprimir al máximo la actividad en directo, no sea que les vuelva a dar por encerrarnos en casa otra vez. O condenarnos al infierno de los bolos con sillas, que seguramente sea hasta peor. Carpe diem total.

Esta última actitud parece que es la adoptada por los valencianos Los Zigarros, que se han pasado el año recorriéndose la península y no han dudado en regresar al bilbaíno Kafe Antzokia, a pesar de haber recalado ya en marzo. Y si entonces agotaron entradas dos noches seguidas, esta vez no iba a ser diferente, un espectacular poder de convocatoria que llamaba la atención incluso a los propios componentes de la banda. “Eso no lo hacemos ni en Valencia”, decía un sorprendido Ovidi.

Es evidente que la capital vizcaína se ha convertido en una de sus plazas fuertes, y que así sea durante mucho tiempo. Un respetable intergeneracional certificó en el segundo concierto en el Antzoki que el gusto por el rock n’ roll no tiene edad y que eso que nos cuentan desde ciertos ámbitos de que a la juventud ya no le tiran las guitarras es más una falacia que otra cosa. El sabor de lo auténtico frente a las soplapolleces modernas suele prevalecer en la mayoría de los casos.

No había disco nuevo de Los Zigarros, su último trabajo en estudio databa de 2019, pero su cancionero sigue retumbando en las distancias cortas con una intensidad que asusta. Lo constataron desde el inicio las inapelables “Espinas” y “Apaga la radio”, con los hermanos Tormo clavando su característica pose de rock n’ roll, que en realidad nada posee de postureo y sí mucho de convicciones firmes ajenas a las modas del momento.

“Antes de los muertos” mantuvo el colchón guitarrero y ni pizca de empuje perdieron en “Queda muy poco de mí”, otro monumento sonoro a los riffs rotundos. El que busque experimentación hacia otros terrenos y majaderías de ese pelo, se había confundido de sitio. A lo sumo, se toparía con un leve aire funky en “No sé lo que me pasa”, que alargaron con justificación debida, sin ponerse brasas e improvisando como si se tratara de un blues.

Otras piezas no necesitan ni explicación, basta que atruenen las primeras notas a lo AC/DC de “No obstante lo cual” para que se desate el delirio entre la concurrencia. Normal. ¿Quién no estaría de acuerdo con esa profunda letra antisistema? Todo un subidón en el que hasta hubo gritos como en el “Brown Sugar” de The Rolling Stones.

Pisaron el acelerador en “Mis amigos”, que se tornó de los mejores momentos del show, con pausa dramática incluida antes de enfilar aquella estrofa final que dice “Con tu guitarra y sonando así” y marcarse un punteo. Soberbio. “Malas decisiones” confirmó que en su repertorio no había mácula alguna, es que uno no podría aburrirse ni a posta, no habría tiempo para ello en un recital tan dinámico.

“Dispárame” nos legó otro punto álgido de la noche, con los ánimos desbordados y los músicos en su salsa con un respetable volcado de la cabeza a los pies. Volvieron a manejar los silencios como maestros antes de soltar la ráfaga final de su adictivo estribillo. Y en “Cayendo por el agujero” la peña repitió lo que chillaba Ovidi como si fuera Freddie Mercury, si esto no es tener al personal comiendo de la mano, un servidor ya no sabe.

Un arrebato de surf instrumental se coló antes de “Odiar me gusta”, un corte más para calentar gargantas previamente al subidón protagonizado por “Resaca”, ni un minuto de descanso nos concedían. Sin poder todavía recuperar el aliento, “Voy a bailar encima de ti” volvía a poner el Antzoki patas arriba con su ritmo deudor de Tequila y ese tono festivo que animaría a un muerto. Impresionante.

Sorprendieron con una versión del “Dead Flowers” de The Rolling Stones, que sonó mucho más cercana al hard rock que al poso country de la original, y luego con algo más sibarita como el “Runaway” del cantante norteamericano Del Shannon. Una joya para escuchar de madrugada de camino a un motel de carretera.

Alguien pedía “Ruta 66”, supongo que en alusión al clásico de Bobby Troup revisitado por infinidad de artistas, pero en su lugar Ovidi y compañía se decantaron por una mayúscula “American Girl” del siempre añorado Tom Petty. Mencionar que estos cortes en los que algunos vimos una muestra de clase y buen gusto fueron acogidos con la indiferencia más absoluta, como las vacas al pasar el tren, vamos. Cuestión de mera cultura musical.

Bastaba “Hablar, hablar, hablar…” para despertar a la concurrencia y que aquello volviera a ser el fiestón que siempre fue. Los gritos que se produjeron al reconocer “Desde que ya no eres mía” eran la señal de que el personal seguía respondiendo a los estímulos básicos. “¿Queréis que toquemos 4 horas?”, preguntaba Ovidi a la muchedumbre antes de responder con chulería: “Lo hemos hecho alguna vez”.

Estaba claro que esa noche la parroquia diría “A todo que sí”, la guinda al suculento pastel que nos ofrecieron el viernes previo a Navidad. Un regalazo que vino aderezado de los preceptivos bises formados por “Tenía que probar”, un “Dentro de la ley” impepinable, con el respetable botando y ellos agitándose encima del escenario como si experimentaran una descarga eléctrica por lo menos. Alto voltaje.

Y “¿Qué demonios hago yo aquí?” funcionó a pleno rendimiento a modo de despedida definitiva con Ovidi amagando con atravesar el bombo de la batería con el mástil de la guitarra. Esto era rock n’ roll sin contemplaciones, solo les faltó prender fuego a los instrumentos.

Pocos grupos habrá en la península que gocen de semejante predicamento apelando a la pura electricidad, los riffs vigorosos y a un descaro políticamente incorrecto que hasta se antoja cosa de brujas en los pacatos tiempos actuales. Sus cuatro gestas impecables quedarán para el recuerdo. Si no se han convertido en la mejor banda del país en su género, no les faltará mucho.

Alfredo Villaescusa
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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

1 comentario

  • Juandie dice:

    Muy buen resumen hacia el gran concierto que se marcaron los valencianos LOS ZIGARROS a través de estos pedazos de temas en una de las mejores salas rockeras de Bilbao.

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