Nunca nos cansaremos de repetir el privilegio que supone poder contemplar hoy en día grupos con trayectoria que casi roza el medio siglo. Entre los que deberían haberse retirado hace tiempo y los que aguantan a duras penas, conscientes de que ahora son acaso un reflejo de lo que fueron, todavía quedan héroes que se mantienen fieles a sus principios y dan el callo con esa profesionalidad que solo proporcionan los galones de veteranos. El que quiera escuchar voces robóticas carentes de alma, dispone de múltiples oportunidades en la insulsa época actual.
Lo sencillo habría sido amoldarse al panorama y convertirse en uno de esos nombres que se pronuncia con nostalgia, como si se hablara de un pasado remoto que jamás volverá. Con todo el catálogo de canciones que poseen Los Rebeldes a estas alturas, bien que podrían renunciar a hacer discos y dedicarse a ofrecer conciertos con sus clásicos inmortales, pero Carlos Segarra ya demostró su voluntad de seguir labrándose historia con un reciente EP llamado ‘Gente estridente’. Sin necesidad de vivir de las rentas.
No imaginábamos que el respaldo que tenía la banda por Bilbao llegara como para agotar un Kafe Antzokia, aunque esa gesta ya la lograron no hace muchos años en la sala Azkena, a escasos metros del recinto. Era uno de esos conciertos en los que debería estar cualquier persona decente amante del rock, por ahí se pudo ver al presentador televisivo Iñaki López, pero también había otras leyendas locales como Toni Metralla o el erudito dueño del sello Decadencia Corporal, Iñaki Gallardo, entre otros grandes.
El ambiente a reventar en el que no cabía un hueco más preludiaba una noche antológica y desde luego el inicio de Los Rebeldes fue para enmarcar con su mayor himno “Mediterráneo” brillando en los primeros segundos, antes de mantener de manera muy digna el subidón con “Harley 66” y una colosal “Eres especial”, que contó con la colaboración al saxo de Dani Nel-lo, toda una leyenda en el género.
Frente a otros tipos que más bien se arrastran por el escenario, el líder Carlos Segarra se mantiene en una gran forma física y conserva las cuerdas vocales con el poderío de antaño. No se le reivindica demasiado, pero otros voceras como Carlos Tarque deberían hasta besarle los pies por la senda que abrió en el terreno del rock n’ roll y el magisterio que sentó, no solo en el terreno vocal, sino también como compositor.
El veterano frontman explicó además que habían tenido en cuenta las sugerencias de los seguidores por redes sociales para confeccionar el repertorio, aunque en este caso estaba claro que no llovería a gusto a todos, a pesar de que no hubiera desperdicio en ese aspecto. No se olvidaron del trabajo que venían a presentar con “Mañana veremos”, pieza rockera muy en la senda de Tequila, o la country “La vida es un tren”, que se escucharía más adelante.
Sin aflojar ni un ápice en autenticidad, en “Immabelle” Dani Nel-lo se ocupó de las tareas vocales con bastante dignidad, una labor en la que le acompañaron por supuesto unas cuantas gargantas desatadas, pocos temas tendrán mejores para desatar la interacción con el respetable. Había otros cortes pertenecientes a su época de mayor popularidad que debían caer sí o sí, caso de “Un español en Nueva York”, difícil será encontrar un alma a la que ni le suene, o “Mía”, otra que apareció en todo tipo de galas y programas de entonces. La anterior vez que les vimos en la sala Azkena también la tocaron, por lo que agradecimos que se acordaran de uno de nuestros temas preferidos de su discografía.
Segarra saludó desde el escenario a su amigo Iñaki López, que se encontraba en las primeras filas, y le dedicó “La ciudad donde nací”, con la que si no se te mueve la pierna, quizás te esté dando un infarto. Nel-lo volvió a hacerse notar al saxo antes de otro corte para no quedarse quieto como “Esa manera de andar”.
Había un tatuaje que llamaba la atención en el brazo de Segarra y que tenía relación con la siguiente canción, “La rosa y la cruz”, no sin que antes advirtiera sobre las “espinas”. Que Carlos se sentía en su salsa con una sala repleta de fans lo comprobamos cuando se arrancó con el clásico del rock and roll “Tequila” y luego dedicó a una pareja la balada a lo Elvis de “Bajo la luz de la luna”, una nueva oportunidad para que Segarra se luciera a nivel vocal.
No esperábamos que recuperaran “Preguntas y respuestas”, el último tema de su disco ‘Más allá del bien y el mal’, esto sí que era para sibaritas, y quiso saber el ansia de grandeza del respetable en “Quiero ser una estrella”, que versionó Fito en su día, por si alguno no lo sabe. Y para una pieza tan especial como “Rebeca” contaron con Reyes Torío, excomponente de Dinamita pa’ los Pollos.
La guinda a un repertorio intachable la colocaron con otra para desgañitarse a tope, “Mi generación”, no sin que Segarra previamente aludiera a la “generación ganadora” presente en el evento. Dejaron al personal a punta de caramelo, en la tesitura idónea para regresar al de pocos minutos y rematar con las inevitables “Mescalina” y “Corazón de Rock and Roll”, esta última con un empiece tan salvaje como el “Personality Crisis” de New York Dolls, pioneros del punk.
Podrán llegar miles de modas absurdas que consistan en cantar debajo del agua o con voz de ornitorrinco, productos efímeros que se difuminarán por el inexorable paso del tiempo. Pasarán varias décadas y todavía seguiremos hablando de esa revolución llamada rock n’ roll que se inició hace ya más de medio siglo y de la que Carlos Segarra y compañía lucen militancia con orgullo de generación ganadora noche tras noche. Disfrútenlos mientras todavía se pueda, un auténtico regalo.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.




