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Crónicas

Loquillo en Bilbao: Días difíciles

«Si existe un artista capaz de sobreponerse a días difíciles, ese es Loquillo sin lugar a dudas. No en vano fue de los primeros en salir a la carretera casi en cuanto tuvimos capacidad para hacerlo tras el confinamiento. Otros prefirieron permanecer en el burladero a verlas venir.»

19 noviembre 2021

Bilbao Arena, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Mucha razón tiene la letra de “El último clásico” cuando dice que “En un mundo de apariencias, necesitas referencias” o cuando considera que la época actual no ha conseguido llenar ese vacío que van dejando muchos de los mitos que abandonan este planeta. Es, por una parte, descorazonador que cada vez queden menos tipos dispuestos a plantar cara a la tiranía de las redes sociales y ejercer de verso libre al margen de la oportunidad o no del momento. Lo contrario de lo que llamaríamos habitualmente un  bienqueda, un encantador de serpientes que únicamente busca agradar a su interlocutor como si quisiera vender algo. Desconfiemos de inmediato de esos embusteros aceptados por la sociedad.

Preferimos apostar por gente como Loquillo, que nunca se ha arrugado a la hora de expresar su opinión, incluso aunque eso le hiciera perder fieles. Todavía siguen abundando aquellos que le echan en cara su soberbia o que no comulgue con sus postulados ideológicos, algo realmente increíble si nos paramos a pensar en lo diferente que era el tema antaño cuando no importaban estas cosas ni tampoco la raza o el género para valorar a alguien en su justa medida. Delicias de la época postmoderna.

El bolo del Loco en el Bilbao Arena estuvo envuelto en cierta polémica cuando un conocido medio de comunicación especuló acerca de la celebración del evento, y por lo que vimos, ni siquiera se molestó en contrastar esta información con los propios promotores. Otra manera de pisar la cabeza a esos valientes que montan conciertos en la actualidad, por si no tuvieran suficiente con el injusto señalamiento y persecución que sufren por parte de las instituciones.

Por fortuna, no hubo margen de maniobra para suspender el concierto y así nos plantamos en un recital soberbio de Loquillo que nos permitió sacar la espina clavada en esta gira por el horrible sonido del Iradier Arena vitoriano. El comienzo fue clavado al de aquella cita con “Los buscadores”, “Hijo de nadie” o “Línea clara”, tres cortes que casi podrían considerarse manifiestos de los principales puntales del pensamiento del de El Clot.

Lástima que la asistencia no fuera para tirar cohetes, con apenas 2.000 almas que dejaban el inmenso pabellón de Miribilla algo desangelado, pero claro, que se cuestionara la puesta en marcha del concierto no debió ayudar demasiado a que se animara la gente. No pasaba nada, los ánimos del respetable andaban por las nubes. En ese aspecto no cabría queja ninguna respecto al entusiasmo de lo vivido.

El canto de guerra “Salud y rock and roll” se convirtió en una suerte de celebración de los recitales de pie, que por supuesto están a años luz de ese sucedáneo con sillas que nos obligaron a soportar durante meses. Y el carismático frontman de negro no pudo evitar acordarse de Johnny Hallyday y de su amigo Jean-Paul Belmondo antes de “Cruzando el paraíso”, que en las distancias cortas sigue poniendo la piel de gallina.

“Creo en mí” se anunció citando con honor a sus creadores, Mario Cobo e Igor Paskual, y este último se acercó a la primera línea del frente para arrancarse con el inolvidable riff de “El Rompeolas”, donde el Loco, como manda la tradición, se fumó su típico cigarro con parsimonia y chulería. El tono cantautor de “Memoria de jóvenes airados” siempre nos moló, así como su letra de poderío poético, por lo que confiamos en que su presencia en el repertorio nunca se vea cuestionada.

Y muy apropiada estuvo la introducción que hizo el vocalista antes de “Rock suave”, una de las cimas de la velada: “Es siempre un enfrentamiento milenario, el derecho a la libertad individual o al interés colectivo”. Un momento tremendo engrandecido además por el magnífico solo que se marcó Igor Paskual.

“El mundo necesita hombres objeto” es todo un azote de postmodernos desde el mismo título, al igual que “El último clásico”, guía básica para sobrevivir en la acomplejada época actual. Paskual amagó con el riff de “Personal Jesus”, o eso nos pareció, antes de “Carne para Linda”, un colofón más que añadir a una velada que no tuvo nada de decepcionante, al contrario que la última vez en Vitoria. No faltó tampoco el habitual paseíto por la primera fila con Loquillo saludando a los fieles, esa noche lo eran más que nunca.

Y que Igor Paskual se colgara la boa de plumas solo podía significar que “Rey del glam” estaba al caer, las alusiones a Gary Glitter no faltaron a las seis cuerdas. La súbita desaparición de los músicos del escenario llevó a algunos a especular si había sido fruto de un problema en concreto, hubo teorías de todo tipo, como la que decía: “Igual ha ido a por un katxi”. No olvidemos que en aquel recinto imperaba la absurda prohibición de no poder beber durante un recital. Bueno, si se podía, si optabas por perderte el concierto y te exiliabas a la zona específica para ello.

Regresaron a escena y Loquillo remarcó que habían sido “días difíciles, a alguien se le ocurrió decir que íbamos a suspender”. Y para que quedase claro el compromiso que mantiene con su público añadió lo siguiente: “No nos conocen, ni a nosotros, ni a vosotros, ni al equipo técnico”. En esta tesitura reivindicativa encajaba cual guante “Rock and roll actitud”, con alusión en el comienzo al mítico “Baba O’ Riley” de The Who.

“La vampiresa del Raval” nos parece de las mejores piezas que han compuesto en los últimos años, por lo que agradecimos su inclusión una vez más. Y “El hombre de negro” desató bailoteos por el recinto gracias a su ritmo rockabilly, aprovechemos que todavía se puede. No podría faltar “La mataré”, que todavía sufre la persecución de ignorantes que no han leído el libro de Sabino Méndez ‘Corre, rocker’.

La recta final resultó todo un subidón con “El ritmo del garaje”, con la peña cantando a pulmón la letra, y “Feo, fuerte y formal”, que emocionó incluso a chavales que tal vez ni sabían quién era “El duque”. La guinda al pastel no podría entenderse sin “Cadillac solitario”, con su poso de desamor sangrando a borbotones y los gritos desgarradores de “¡Nena!” erizándonos la piel una vez más. Servidos al completo.

Si existe un artista capaz de sobreponerse a días difíciles, ese es Loquillo sin lugar a dudas. No en vano fue de los primeros en salir a la carretera casi en cuanto tuvimos capacidad para hacerlo tras el confinamiento. Otros prefirieron permanecer en el burladero a verlas venir. Un currante del rock como pocos que se arremanga los brazos a la mínima.

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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

1 comentario

  • Juandie dice:

    Extensa crónica del gran concierto que se marcó LOQUILLO y sus buenos músicos en el mejor recinto de la rockera Bilbao presentando su último álbum de estudio publicado hace 2 años el cual el puto virus se lo impidio presentar en directo. Yo por mi parte solo puedo decir que fue un placer disfrutar el pasado Sábado del potente directo de los históricos REINCIDENTES en la preciosa ciudad de Úbeda.

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