Hay artistas que irradian un magnetismo indescriptible sobre el escenario. Son esas personas que nunca pasan desapercibidas. Quizás el suelo no tiemble a su paso, pero seguramente dejen una estela imaginaria como los perfumes caros. En una época donde algunos ignorantes dicen que ya no existe la lucha de clases, no debería caer en saco roto esa distinción y elegancia que eleva a determinados seres humanos por encima del resto de los mortales.
Precisamente, la francesa Haylen posee el honor de haber sido musa del icónico diseñador Jean Paul Gaultier. Por algo formó parte del espectáculo “Fashion Freak Show”, que mezcla música en directo, baile, teatro, así como autobiografía del célebre modisto. Y con tanto glamour posterior, no se le cayeron los anillos por reconocer que comenzó su trayectoria tocando en el metro de París, toda una lección magistral de cómo enfrentarse al público que llenaría sus shows en el futuro.
La Semana Grande bilbaína suele convertirse en un escenario adverso para los conciertos en salas, con tanta oferta gratis en el exterior, por lo que conseguir congregar a una respetable multitud debería considerarse un triunfo en toda regla. Cierto es que pudo estar más lleno, pero vamos, que para una tesitura tan complicada ya era una auténtica proeza haberse juntado los suficientes para montar una buena jarana.
Haylen
Que la cantante y guitarrista Haylen ha encontrado la complicidad del respetable en el País Vasco lo puede atestiguar la frecuencia de sus visitas, pues ya había estado por la zona a comienzos de año, en una gira peninsular que agotó entradas en cinco fechas. Y eso no es todo, pues parece que regresará en noviembre para seguir pateándose las salas.
Su estilosa apariencia de pin up contemporánea de entrada debería ganar a los seguidores tanto de Imelda May como de Amy Winehouse, e incluso de Chris Isaak o divas de antaño como Wanda Jackson. Pero una persona no suele lograr por sí sola llenar un escenario si no está acompañada de una banda de altura en la que destacaba un descomunal saxofonista vasco o un eficiente guitarrista que añadió magia a la cita.
“As a Child” o “Scary Story” sirvieron para ir entrando en harina en ese universo que nos proponía con ritmos deudores de épocas pasadas. Todo un refugio espiritual frente al criminal autotune que atronaba en el exterior. La francesa no tardó en ganarse las simpatías de la concurrencia con un más que aceptable dominio del castellano, y si a eso le unimos la vitalidad desbordante de su saxofonista, teníamos los ingredientes necesarios para que resultara una gran noche.
Anunció una canción de su banda favorita, que era Creedence Clearwater Revival, así que se atrevió con un “Born on the Bayou” desbordante a nivel vocal. Preguntó a la audiencia si les gustaba el rock n’ roll, aunque dijo que imaginaba la respuesta por haber acudido al bolo. En ese terreno se desenvolvía con una pasmosa naturalidad, algo que también conseguía en composiciones más orientadas al blues.
Dedicó “Baby Please Don’t Go” a su “amor” y en “Sugar Coated Love” el saxofonista y el guitarrista tomaron el protagonismo al introducirse entre el respetable y hasta conseguir que la mayoría se agacharan mientras atronaban sus respectivos instrumentos. “Voodoo Working” podría aparecer tranquilamente en una película de David Lynch. De hecho, el aspecto de Haylen no distaba bastante del de una de las protagonistas de “Mulholland Drive”, o por lo menos eso creemos recordar.
La encomiable entrega del personal le llevó a exclamar que estaba enamorada de la ciudad. Y la verdad es que no se hacían ascos a ninguna de sus facetas, ni siquiera cuando se arrancaba en su lengua materna en “Si Jamais”, que además contó con un espectacular alarde vocal al final que desató salvas de aplausos.
Uno de los momentos álgidos de la velada se produjo con otro himno de Creedence Clearwater Revival, la trillada “Proud Mary”, que desencadenó palmas ya desde el mismo comienzo, algunos dieron vueltas de peonza y hasta se provocó un intento de pogo, lo nunca visto en este tipo de música. Nunca hay que minusvalorar el poder en las distancias cortas de las eternas composiciones de John Fogerty.
Solo faltaba que el saxofonista y el guitarrista volvieran a invadir la pista y que les hicieran un círculo para que el fiestón siguiera manteniéndose a un nivel considerable, antes de que todos se arremolinaran en torno a la batería para el final de “Magic Sam”. Después de semejante subidón, no era cuestión de marcharse a casa, por lo que la petición de bises era obligada.
La parisina no tardó en conceder el rock n’ roll clásico “Crazy ‘bout You”, otra oportunidad para demostrar unas prodigiosas cuerdas vocales y para que el saxofonista impartiera magisterio una vez más. No conseguí pillar el nombre completo, solo “David”, o eso nos pareció escuchar, por lo que desde aquí nuestra admiración a uno de los mayores virtuosos que he visto de dicho instrumento desde el Big Man Clarence Clemons de Springsteen.
Pensábamos que sería más rollo Imelda May, por lo que nos sorprendió su poso blusero, así como lo bien que le quedaban las incursiones en el cancionero ajeno, a las que aportaba por completo su arrolladora personalidad. Musa de Jean Paul Gautier y fan de la Creedence, dos grandes avales para que te abran las puertas de cualquier garito decente.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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