Dedicada a Sandra, Pepe y familia, por abrirme las puertas de su casa y acompañarme en esta aventura.
Antes de arrancar el resumen de lo que viví el pasado 26 de septiembre en el Gineta Rock, quiero dejar clara una cosa: el principal atractivo de este festival no es solo su sensacional oferta en cuanto a grupos se refiere. La provincia de Albacete, tierra de paso obligada para visitar la costa del Levante para los paletos de ciudad como yo, esconde tesoros naturales y parajes bucólicos capaces de hacerte desconectar totalmente del ritmo agobiante de cualquier jungla de cemento. Para esta buena gente, tengo claro que “Cortisol” es el nombre de la señora que vende embutidos en el mercado del pueblo. La fecha de celebración es perfecta para despedir el verano, hacerse una buena escapada con familia y amigos; y con el aliciente extra de disfrutar de 12 horas de conciertos al fallo. Esta edición del Ginetarock ha sido brillante. Merece la pena vivir la experiencia. No por nada han sido recientemente reconocidos como Fiesta de Interés Turístico Regional de Castilla-La Mancha.
D.E.P.: Los locales saltan al campo.
Como es tradición en muchos de nuestros festivales, la organización optó por abrir el melón con una banda local, D.E.P., combo oriundo de Munera, que nos brindó un excelso despliegue sonoro que dejó con muy buen sabor de boca al personal. Su estilo lo definiría como un crossover thrash algo deathmetalizado. La formación la componen José Antonio Hernández, como bajista y vocalista, Juan Antonio Varea, y, para mí sin duda la guinda del pastel y la que se llevó la atención de todo el personal, Sandra Cano, su más reciente integrante. La técnica y potencia a las baquetas de la artista me dejó flipando. Su estilo me dio reminiscencias a Philthy Animal Taylor de Motörhead, pero sin la necesidad de un doble bombo para petarnos la cabeza. Como dato curioso, cuando por norma general el grupo que se come el marrón de abrir un festival tiende a plantarse ante un recinto más vacío que un discurso de Yolanda Díaz, la buena gente de Albacete se plantó a apoyar a sus paisanos. Chapó por ellos. El repertorio se compuso de cortes de su ópera prima discográfica, ‘Capítulo I’ y una muy bien lograda versión del clásico de Sepultura “Refuse/Resist”.
Injector: ¡Esto sí que es un hervidero!
Los encargados de abrir el escenario principal fueron Injector, veterana agrupación cartagenera que destila un thrash de lo más potente y acelerado. Un verdadero despliegue de BPMs al estilo de los grandes exponentes del género, con influencias especialmente marcadas de Anthrax o Slayer según el tema y su manera de interpretarlo. De esta comparativa no solo queda constancia en lo musical; el propio “Killo” se da un marcado aire al añorado Jeff Hanneman del combo de San Francisco. El setlist del grupo fue un variado de lo mejor de su discografía, poniendo el foco al final en temas clásicos de la banda, que sirvieron de homenaje para despedir a Killo, que, por su reciente paternidad, ha decidido colgar las botas y dedicarle tiempo a su familia, algo que le honra como persona. El cierre del show fue verdaderamente emotivo, pues el músico no pudo evitar derramar algunas lágrimas antes de interpretar “Dreadnought Race”, la que sería su última con Injector. Desde aquí le deseo de corazón todo lo mejor en esta nueva etapa. El próximo viernes 6 de noviembre en el Long Live Loud de Almería pondremos cara al nuevo guitarrista.
Tulip: Howdy, partner!
El caso de Tulip es verdaderamente curioso. Cuando ves a una agrupación de corte metal sinfónico, no te esperas que su vocalista lleve un vestido con una suerte de lentejuelas y unas botas vaqueras. ¡Se nota que son originarios de Dallas, Texas! Miento, tal vez la definición de metal sinfónico se quede corta: delante pudimos presenciar un despliegue de matices que iban desde el groove metal hasta el sinfónico, una simbiosis que jamás he visto o escuchado, y mucho menos en directo. El portento vocal de Ashleigh Semkiw se palpó de principio a fin. Me gustó especialmente la interpretación de “Ghost of Kiev”, en la que pudimos ver entrelazadas la voz gutural de Colin Parris, guitarrista, con la de la carismática cantante. Sin duda que para mí fue una de las grandes sorpresas del festival. Como guinda del pastel, me hizo gracia ver que su batería estuvo pluriempleado en aquella calurosa jornada en La Gineta, pues Dylan Gowan estuvo a las baquetas tanto en Tulip como con Roy Khan y con Seven Spires. ¡Imagino que aún le deben de durar las agujetas tras semejante palizón!
Xandria: Pasarela de modelos
Hablando de carisma, lo de Xandria fue otro nivel. Pocas veces he visto a músicos sobre un escenario calzar un rollazo de semejante calibre, el suficiente como para dejarte en silla de ruedas tras una batalla de aura. La uniformidad de sus componentes masculinos con camisas negras, la deslumbrante belleza de Ambre Vourvahis y la forma en la que se movían por el escenario, nos dieron la impresión por momentos de estar en la Fashion Week de Madrid. En cuanto a su despliegue sonoro, desde mi punto de vista no fallaron una nota y nos dieron lo que se espera de un bolo de metal sinfónico. De todas formas, no quiero dejar de lado las impresiones que pude compartir a la postre con algunos fans del combo neerlandés, que me comentaron que para nada fue su mejor tarde. Tal vez el hecho de que interpretaron mayoritariamente temas de ‘Eclipse’, su más reciente lanzamiento discográfico, y que eran especialmente seguidores de las etapas de Manuela Kraller y Dianne van Giersbergen a las voces, hiciera que lo vieran de esa manera. Yo desde mi humilde punto de vista, dieron un excelso show, teniendo en cuenta que la formación se compone actualmente de cuatro miembros tras la salida de su bajista, Tim Schwarz. Para paliar su marcha, Marco Heubaum, miembro fundador, se hace cargo de las cuatro cuerdas.
Rise To Fall: Dos décadas en liza
Tras el despliegue sonoro de Xandria, nos reubicamos en el escenario cubierto para disfrutar de Rise To Fall, un clásico dentro de la escena del death metal melódico nacional, cuya celebración de XX aniversario recaló en tierras de La Gineta. Los vizcaínos fueron de los combos más “ruidosos”, en el buen sentido de la palabra, de todo el festival. Su show fue enérgico, cargado de breakdowns y un juego de luces alucinante. Algo que, de una forma casual han tenido en común los componentes de este cartel, han sido ausencias y reemplazos de último momento; Rise to Fall no iba a ser la excepción. En este caso Jon Ander Manso, conocido como Peter, suplió la ausencia de Dann Hoyos. Algo a remarcar es que solo tuvo un mes para aprenderse los temas, según nos comunicó el propio Jon Ander Manso casi al acabar el bolo. El repertorio fue una celebración de sus XX años en toda regla, por lo que no se quedó fuera nada de sus grandes éxitos.
Roy Khan: Un señor que se viste por los pies
El sol se hizo “bomba de humo” y tras él cayó la noche. Qué mejor momento para el arranque de una de las actuaciones más esperadas del festi. Ironías de la vida, pese a presentarse como solista, fue, con diferencia, el artista que fue acompañado por más músicos de aquella velada. El sexteto se encargó de rememorar lo mejor de la etapa del noruego como vocalista de Kamelot, haciendo especial hincapié en ‘The Black Halo’, para muchos, el mejor álbum de la formación. Cabe mencionar que Khan fue acompañado prácticamente por Seven Spires al completo, teniendo un peso destacable Adrienne Cowan, vocalista, que acompañó a nuestro hombre como corista y se marcó un entrañable dueto en “The Haunting (Somewhere in Time)”. Como curiosidad, al principio del show, cuando fue el turno de “Moonlight”, el músico nos contó que era la primera vez en su historia que cantaba esa canción bajo la luna llena. ¡Estampa épica cuanto menos!
Zenobia: ¡La vida pirata, la vida mejor!
… Sin trabajar, sin estudiar, coooo… Que sí, que ya me callo. Sé que esto no es un estadio y esto no es un partido de fútbol, pero teniendo en cuenta que en un momento del show de Zenobia parecía que estuviéramos ante la tripulación de la Perla Negra, pero, vamos por partes. El foco del concierto fue, al igual que Rise To Fall, celebrar los XX años de trayectoria. He de admitir que no soy el mayor fanático de la formación riojana, pero, para mí, no cabe duda que fue el concierto que más pasión despertó entre el público. Mientras que con otros grupos parte del público aprovechaba para tomarse una birra o un trozo de pizza, el recinto techado estaba hasta los topes. Es totalmente imposible no contagiarse del ánimo y el espíritu del personal, lo que me hizo de forma taxativa disfrutar del bolo. Un muy locuaz Jorge Berceo introdujo prácticamente cada tema con una anécdota o chascarrillo, demostrando que, además de su calidad como vocalista, también es todo un showman. Algo que incidió en más de una ocasión es que el día anterior habían tenido un concierto en Barcelona, lo que nos hacía entender que tal vez no estaban con las pilas del todo cargadas. ¡Nada más lejos de la realidad! No fallaron una nota. Para mí, el momento más “mofa”, sin duda, fue cuando, a la hora de interpretar la recientemente estrenada segunda parte de “Una de piratas”, Jesús Navarro, vocalista de Killwolf, apareció vestido de corsario con un cañón falso y un esqueleto recubriendo el micrófono. La anécdota de la noche fue que, mientras me ubicaba en el foso, y, tras observar cómo el invitado se lanzaba al público (no se trata de un hombre precisamente pequeño), cuando me quise dar cuenta estaba detrás de mí al borde del foso boca abajo. Rápidamente, me di la vuelta y le agarré con fuerza para que no se desplomara al suelo, y así ahorrarle a mis compañeros el redactar la noticia de cómo el cantante de Killwolf se partía la crisma en el Gineta Rock. Tras mi heroica hazaña, Jesús me dio un abrazo y volvió a ocupar su puesto en el escenario. Si tenéis la oportunidad de vivir un show de Zenobia, 100 % que vais a pasar un buen rato.
Dirkschneider: Clásico de clásicos
Tras unos entrantes dignos de una estrella Michelin, el plato principal estaba por llegar. No me pienso explayar demasiado, puesto que pude disfrutar del despliegue sonoro de Dirkschneider hace poco en Valencia, y ya estoy excediendo el límite de convertir una crónica en una señora “chapa”, así que seré breve. El concierto fue exactamente el mismo a nivel repertorio, añadiendo “Burning” como broche de oro. La diferencia clara es evidente: no es lo mismo que te inviten a una quinceañera que ser la quinceañera en cuestión. Mientras que en la ciudad del Turia no terminaron de hilar fino, aquí pudimos ver el 100 % del potencial de Udo y los suyos interpretando los clásicos de Accept que convirtieron al vocalista leyenda. Para mí fue un cabeza de cartel a la altura, pero también entiendo que de algún modo la relativa cercanía, tanto en fechas como en distancia con el show de Judas Priest en el Roig Arena, afectase a la venta de entradas.
Seven Spires: Quien a hierro mata, a hierro termina
“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. ¡Quién me iba a contar que el mejor conci me lo daría una banda de metal sinfónico! Tras acompañar a Roy Khan un par de horas antes, a las “vaquillas” de aquel toro les tocaba saltar al ruedo. Hay veces que no basta con palabras para describir una experiencia. No solo me flipó en colores la puesta en escena del combo de Boston, hubo algo en su ejecución y en el sonido que superó con creces cualquier expectativa que podría haber tenido. Con toda probabilidad, esta excelencia a nivel colectivo se deba a que provienen del entorno del Berklee College of Music, que es el equivalente a “hablar latín” en lo que a música se refiere. Especialmente me dejó con los pelos de punta la forma de interpretar de Adrienne Cowan, que, a diferencia de su anterior show con el vocalista noruego, aquí pudimos ver, además de florituras líricas, una portentosa voz gutural. El mejor momento se dio cuando entró en escena Ashleigh Semkiw, vocalista de Tulip, que, ataviada con un velo, realizó una performance junto a su homóloga en la que daba la impresión de que le estaba absorbiendo el alma o cualquier suerte de conjuro maligno. Impecable actuación por parte de Seven Spires.
Saratoga: Heavy metal roasting
Para el lector habitual de nuestros medios, una crónica de Saratoga es como el pan de cada día, lo cual demuestra la presencia, peso e importancia de la histórica agrupación en nuestra escena. Para mí, ha sido la primera vez, y tengo claro que no será la última. El del Gineta estuvo enmarcado en la gira de presentación de ‘En Estado Puro’, con un Charlie Parra más que integrado como miembro oficial del combo tras la salida de Jero Ramiro. La presencia escénica del peruano es imponente, marcándose unos solos al nivel de su calidad como guitarrista. Lo que más me gustó fue la conexión que Tete Novoa tiene con el público, haciendo gala de un humor sarcástico del que no me esperaba. Coñas del tipo de “Ya se acaba el verano, ¿habéis mojado? ¡Aún estáis a tiempo!”. En mi caso, mi fe hubiera sido medianamente restaurada si no fuera porque la media de edad era 30 años por encima de la mía y todas las chicas guapas iban acompañadas. Más allá de la coña, Saratoga nos brindó lo mejor de lo mejor de su extensa discografía, un solo de batería de Arnau Martí y todo lo bueno que puede haber en un concierto de heavy metal como Dios está mandao.
Motörhits: ¿Acaso estoy borracho?
Al ir de vuelta al escenario interior no podía creer lo veían mis ojos. Según me contaron los organizadores del festival, resulta que, viendo el éxito y sensacional acogida que estaba teniendo esta edición del Ginetarock, la organización optó por hacer un pacto con el mismísimo diablo para traernos a Lemmy Kilmister un rato. Motörhits ya son un clásico, la banda tributo a Motörhead de mayor calado en nuestra escena. Hubo un momento en el que rompieron personaje y nos dijeron que venían de Barcelona y se llamaban Xavi Lleixà, Antonio Muñoz y Pepón Lleixà, nombres no muy típicos de Stoke-on-Trent, precisamente. La verdad es que fue el broche de oro para una jornada inolvidable. Ya estoy deseando que llegue el año que viene para ver qué nos ofrece este ya más que asentado festival.
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Conclusión: Ni te pienses el faltar el año que viene
Da gusto para un vulgar urbanita tener la oportunidad de escaparse de vez en cuando de la ciudad. Ginetarock ofrece un plan perfecto para cualquier amante del heavy metal, sea de la tesitura que sea.
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