Habrá quien diga, no sin razón, que la banda sueca siempre ha sido grande, todo un ejemplo de madurez musical a cada paso discográfico desde su regreso en 2003, pero el titular es referido a que, con la gira “The Final Countdown – 40th anniversary tour”, Europe ha vuelto a actuar por sí mismo en pabellones que nos recuerdan el tremendísimo éxito que obtuvo en 1986 con uno de los álbumes imprescindibles de aquella década.
Desde el 89 que los de Upplands Väsby dieron sus primeros conciertos en España, nunca habían vuelto a tocar aquí ante audiencias multitudinarias siendo ellos la banda principal. Al difícilmente resistible reclamo de escuchar entero su inmortal tercer disco, se le suma el haber seguido desarrollando una carrera muy coherente, refrendándolo ahora con la reciente edición de un ‘Come This Madness’ que les ha llevado a la portada de La Heavy.
Largas eran las colas en las inmediaciones desde horas antes de la apertura de puertas, algo suscitado por dos factores: el que fuera sábado, lo cual le facilitó a mucha gente el llegar pronto; y que en La Cubierta los asientos no estén asignados, es una grada general y la mayoría de los asistentes optaron por entrar cuanto antes para coger buen sitio.

Además de los que explotan las barras del recinto -vaya con los precios, por cierto- los grandes beneficiados fueron The Damn Truth. El buen tiempo permitió que se abriera la cúpula de La Cubierta, lo cual mejora significativamente sus condiciones acústicas, y es algo a lo que también le sacaron provecho los canadienses sin saberlo, pues desconocerían la infame fama de la plaza.
Mientras se preparan para ocupar cada uno su puesto en el escenario, suena “White Rabbit” de Jefferson Airplane, y la verdad es que ese espíritu hippioso sobrevuela sobre todo en la interpretación de la cantante y guitarrista Lee-La Baum, cuya voz a veces recuerda a la de Grace Slick. Más elegantes se presentan el guitarra solista Tom Scheme y el bajista Pierre-Yves Letellier, uniformados con trajes de color rojo.
Si te digo que suenan muy setenteros en canciones como la inicial “Be Somebody” y no los has escuchado, podrás alegar que los Europe del siglo XXI también lo hacen con frecuencia, pero en el caso de este cuarteto el estilo es menos corpulento y deudor de sonidos más genuinamente americanos. Hay ecos de Fleetwood Mac o Heart y, sobre todo, canciones reseñables como “The Willow” o “Tomorrow”.

Supongo que no sería posible reacondicionar la escenografía en función del tamaño del recinto ni saldría rentable contar con técnicos de vídeo solo en algunos shows, pero el hecho de que las pantallas laterales estuvieran allí, apagadas a la espera de mejor suerte, indefectiblemente nos llevó a pensar que el show de Europe habría ganado enteros si hubiera habido cámaras acercándonos a lo que ocurría sobre el escenario, presidido por cinco pantallas verticales dispuestas en la parte posterior que habitualmente se coordinaban entre sí para componer dinámicas imágenes panorámicas.
La orquesta sinfónica que preludia “Scandinavian Eyes” sonó por los altavoces, iniciándose el concierto con un riff que, para mí, ya está entre los mejores de la banda sueca; la parte instrumental, incluido ese bucle del teclista Mic Michaeli antes de reincorporarse todos a la melodía principal, me parece una genialidad.

De ritmo más contenido pero igualmente poderoso, “Walk the Earth” sirve para apreciar los matices de la voz de un Joey Tempest que, a sus 63 años, canta con una solvencia envidiable, resultando aún más espectacular por sus acostumbradas filigranas a la hora de voltear el pie de micro. Vuelve la orquesta enlatada en “One on One”, lo cual hace que, durante unos segundos, el plano principal se pose en el bajista John Levén, que es quien da comienzo al enrevesado riff que le sirve de ancla a la canción. Quizás sea un poco tiquismiquis con esto, pero me gusta cuando, en vez de lanzar pregrabados, Mic toca las partes orquestadas haciendo uso de alguno de sus tres teclados, caso de “Last Look at Eden”.
Hubo un buen despliegue de guitarras por parte de John Norum, pero sin exceso de opulencia, de hecho creo que hasta “War of Kings” no cambió la Flying V por la primera Strato de la noche. El tema más duro de la velada fue interpretado con ese modelo de Fender conocido por su versatilidad. Como versátil es Europe, que a continuación te puede plantar un medio tiempo conducido principalmente por el piano como “Prisoners in Paradise”. En esa pieza y en “The Cult of Ignorance”, Joey acompañó como segundo guitarrista, en su caso, con una Gibson Les Paul. Ya no sonaría nada más de ‘Come This Madness’ que, con un total de tres temas, es el segundo disco con mayor presencia del repertorio; te diré más, de entre el resto de canciones elegidas, hay una por álbum, dejando sin representación a sus dos primeras obras (‘Europe’, ‘Wings of Tomorrow’), las dos que siguieron a su regreso (‘Start from the Dark’, ‘Secret Society’), y ‘Bag of Bones’.
Fue solo hora y media de show, poco para una banda de larga trayectoria, echándose en falta canciones como “Seven Doors Hotel” u “Open Your Heart”, pero probablemente no sea racaneo, sino la manera de preservar la voz de Joey.

No podría haber mejor nexo entre el primer y el segundo acto que “On Broken Wings”, cara B del single “The Final Countdown”. Fotografías de cuando eran jóvenes aparecen en las pantallas e Ian Hauglan se queda enganchado en unos golpes de timbales que los más avezados seguidores seguro que relacionaron al instante con el tema en cuestión. Norum hincó una rodilla para hacer uno de los solos, pero lejos de claudicar, el verdadero reinado de Europe en esta velada estaba aún por llegar.
“¡Madrid, sois de puta madre!”, nos había dicho Tempest antes de abandonar momentáneamente el escenario. Pues si le había gustado nuestra reacción hasta el momento, imaginaos la que se montó con “Rock the Night”. Junto a un levantapistas así, tan solo una balada de todo su repertorio no palidecería, y el destino quiso que, ya en el disco, fuera “Carrie” la canción que le sucediera. En esta la banda interactuó mucho con la audiencia, dejándonos algunos versos y estribillos para que fuéramos nosotros los que llenáramos la noche en Leganés.
Tras la nostalgia de “Carrie”, viene un momento divertido cuando, después de rememorar los días en los que ensayaban en un local cutre y en que tenían que trasportar ellos mismos sus instrumentos, las pantallas muestran sobrios materiales aislantes propios de las salas de ensayo. La broma no queda ahí, puesto que dan visibilidad a su road crew en “Danger on the Track” sacando a sus técnicos a las tablas y recreando una escena propia de banda underground, con pizza incluida.
De la fría península escandinava nos trasladamos a Japón con “Ninja”, y de ahí al lejano oeste con los tan reconocibles redobles de Ian para abrir “Cherokee”, que fue otro de los grandes momentos de la noche.
Entramos en una fase con las canciones más desconocidas del disco, al menos las más desconocidas para el gran público, y es que al igual que había por allí muchos verdaderos fanáticos, también los había de esos que vivieron el suceso de primera mano pero no prestaron atención a la banda más allá de los singles con los que se convirtieron, durante un año más o menos, en la banda de rock más exitosa en diversos territorios europeos, España entre ellos. “The Time has Come” (con Joey tocando guitarra acústica), “Heart of Stone”, “On the Loose” y “Love Chaser” puso a prueba a los primeros y destapó a los segundos.
El clímax había llegado, “The Final Countdown” fue la cuenta atrás también literalmente, el grupo había interpretado el disco casi en el mismo orden en que se concibió, pero dejándose su mejor baza para el culmen. Paroxismo total.
Los cinco músicos se despidieron de nosotros juntos a pie de escenario mientras las pantallas emulaban los colores de la bandera española. En Barcelona fue la senyera y en Bilbao la ikurriña. Lejos de nacionalismos, la música de Europe es universal y se ha anexionado varias generaciones de seguidores para propulsar a la banda de vuelta a una liga en la que no jugaba desde finales de los años 80.
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